Este miércoles 24 de junio, Miguel Ángel Pérez Pirela tuvo como invitado especial en Desde Donde Sea al expresidente boliviano, Evo Morales, con quien conversó acerca de los acontecimientos que derivaron en su derrocamiento por parte de factores racistas y fascistas ligados a la derecha local, amparados por la Organización de Estados Americanos y el imperialismo estadounidense. 
 
La entrevista fue realizada en coproducción entre La Iguana.TV y la Revista del ALBA, precisó el experto, gracias a las acciones coordinadas entre ambos equipos y la intermediación de Criss González, quien ejerciera como diplomática de Venezuela en el país andino durante 13 años. 
 
Pérez Pirela inició describiendo la dilatada trayectoria de Evo Morales en las luchas sociales en su país, pues de ser un destacado líder sindical, pasó a tomar las riendas de Bolivia durante 14 años y formó parte de llamado «ciclo progresista en América Latina», durante el cual líderes como Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Luiz Inácio «Lula» Da Silva, «cambiaron el curso» de la historia y de los pueblos de la región. 
 
Por su lado, el dignatario agradeció la oportunidad y precisó que reflexionaría sobre la «Patria Grande», sobre la Unasur, sobre la Celac y sobre la hoy destruida economía boliviana, pues en su opinión, «siempre es importante evaluar el pasado y analizar el presente, para proyectar el futuro».
 
Seguidamente, y ya en el marco de la entrevista, el filósofo venezolano aludió al trabajo periodístico aparecido en el diario estadounidense The New York Times, en el que, siete meses después, se asegura «lo que muchos sabíamos» y lo que el mandatario depuesto había denunciado: que se trataba de un golpe de Estado contra su gobierno. 
 
Al respecto, Morales inició su respuesta aludiendo a los valores que recibió de su familia: no mentir y no robar, por lo cual, precisó, nunca se prestaría para solicitarle a una institución que lo declarara vencedor en una contienda que no había ganado. Esa posición, relató, contrastó con la que exhibieron los derrotados, que de inmediato cantaron fraude, llamaron a la movilización de sus seguidores y sus huestes procedieron a incendiar los Tribunales Electorales provinciales, para evitar que se computaran los votos. 
 
Todavía más, continuó, cuando él mismo sugirió que se realizara una auditoría integral del proceso, la derecha boliviana se negó y solo accedió después de que las partes se reunieran con representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA), si bien aquella tentativa suya por calmar las aguas no surtió efecto alguno, pues poco después fue expulsado del poder y se instaló un gobierno de facto. 
 
Asimismo, Evo Morales destacó que existen al menos seis investigaciones adelantadas por medios de comunicación y académicos procedentes de universidades de Estados Unidos y Europa, que certifican que no hubo fraude y sí que la OEA es un instrumento de conspiración del imperialismo estadounidense. 
 
En función de las consecuencias que dejaron las actuaciones del ente, no descartó emprender un proceso penal en su contra o en contra de la persona de Luis Almagro ante los tribunales internacionales, aunque admitió que desconocía cuáles serían los pasos necesarios para emprender esta batalla legal. 
 
Las acciones de la OEA le merecen especial rechazo, porque desde su punto de vista, las instituciones deben servir a los más humildes, en lugar de confabularse con el gobierno estadounidense para amañar elecciones y derrocar gobiernos. 
 
Pese a lo sucedido, confía en que tarde o temprano, la verdad saldrá a la luz y en lugar de denostar en contra de toda la institución, prefiere creer que se trata de «ciertos personajes» que mantienen «una actitud sumisa al imperio norteamericano».
 
Pasando a otro tema, Pérez Pirela apuntó que ni siquiera la buena gestión de un gobierno de izquierda, funcionaba como garantía frente a los golpes de Estado y para contextualizar, aludió a algunos de los logros en materia económica y de condiciones de vida alcanzados por Bolivia durante la presidencia de Morales, a saber: incremento significativo del Producto Interno Bruto, reducción notable de la pobreza, incremento de la esperanza de vida y del salario mínimo. 
 
Además, el comunicador venezolano destacó que si tales logros se hubieran producido en un país europeo, el gobierno a cargo sería «prácticamente intocable». 
 
Por su parte, el mandatario considera que el golpe de Estado que le sacó del poder tiene tres facetas: se trata, en primer lugar, de un golpe «del gringo al indio»; en segundo, en contra del modelo económico y por último, por el litio, recurso estratégico del que Bolivia dispone abundantemente.  
 
Respecto de lo primero, indicó que pese a la innegable participación de las mayorías indígenas en la vida pública, todavía persisten «pequeños grupos racistas y fascistas que usan La Biblia para la discriminación», como en los tiempos de La Inquisición, en contra de los indios y aducen que sus estudios les permiten dominar a los indígenas. 
 
Lastimosamente, esa práctica no es extraña en el país y recordó que un diputado de Santa Cruz, «de los más racistas y separatistas», llevó un proyecto de ley al parlamento, en el que se exigía que quienes aspiraban a ser diputados y senadores, debían contar titulación profesional y más recientemente, en una reunión que sostuvo con jóvenes de la clase media alta en esa misma región, uno de ellos propuso elaborar un proyecto de ley según el cual solamente los politólogos debían hacer política. 
 
Más en general, Evo Morales sostiene que en Bolivia «hay grupos que no aceptan que indígenas, trabajadores y obreros hagan política». Empero, pese a esa realidad, subrayó que los movimientos sociales habían derrotado la doctrina imperialista que sostiene que los sindicatos no pueden hacer política, amparándose en las banderas de la independencia sindical y pluralismo ideológico. 
 
A su parecer, esta lógica de dominación pudo ser derrotada puesto que la herencia que dejaron los antepasados es el anticolonialismo y el antiimperialismo y, de este modo, en las luchas sociales hay de entrada una posición ideológica definida.
 
Así, recordó que la lucha ancestral se libra por los recursos naturales y que solamente con el «poder comunal», no podían nacionalizarse los recursos. «Por eso era importante conseguir el poder político, por eso, la derecha y el imperialismo norteamericano, no quieren que los movimientos sociales hagan política», explicó.
 
Morales también enfatizó que su gestión  demostró que «otra Bolivia era posible», con crecimiento económico y reducción de la pobreza de la desigualdad, puesto que «más de tres millones –de un país que tiene aproximadamente once millones de habitantes– de personas pasaron a formar parte de la clase media», todo ello sin la tutela de organismos financieros extranjeros como el Fondo Monetario Internacional. 
 
Respecto del litio, manzana final de la discordia y de las apetencias imperialistas, según declaraciones de un senador republicano a las que hizo referencia el líder boliviano, destacó que ya en 2009-2010 fue invitado a Corea del Sur para visitar una planta productora de baterías de litio que costaba unos 300 millones de dólares. Él propuso comprarla y «hacer su gemela en Uyuni, Potosí», a lo que los coreanos se negaron. «No quisieron. Solamente querían que exportáramos Litio», mencionó.
 
Algo similar le ocurrió en Japón, cuando propuso al Primer Ministro instalar una ensambladora de vehículos de una reconocida marca nipona y también recibió una respuesta negativa porque «querían el litio», es decir, la materia prima sin procesar. 
 
En virtud de esas negativas, su vicepresidente, Álvaro García Linera insistió en que había que industrializar el Litio y para ello contrataron a algunos expertos mientras estaban montando la planta piloto, que se inauguró en 2017. En esa fecha,  se importaron las primeras toneladas a Brasil, pero hoy todo está detenido.
 
A su parecer, la faceta del golpe ligada a este importante recurso, se debe a que desde el principio se negó a que los Estados Unidos participaran de las distintas alianzas comerciales que había que poner en marcha para poder colocarlo en los mercados y «eso no se lo perdonaron a los bolivianos».
 
Finalmente, tras la conjunción de esos tres aspectos que detalló ampliamente y gracias a la intervención de «algunos poderes externos» y a la ausencia de convencimiento de altos mandos policiales y de las Fuerzas Armadas, permitieron que el golpe en su contra se consumara, si bien comentó que algunos policías se han arrepentido y han criticado a sus comandantes.
 
En este punto, al admitir Morales que estaba en contacto con miembros de los cuerpos de seguridad del Estado boliviano, el también director de La Iguana.TV le preguntó directamente acerca de la posición actual de las Fuerzas Armadas, a lo que este respondió que sabía que habían hecho mal y ahora condenaban a sus excomandantes. 
 
Para él, «es cuestión de tiempo» que se retome el hilo democrático y constitucional, porque «hay militares y policías nacionalistas, que van a garantizar las elecciones y respetar la Constitución» y aseveró estar convencido de que el pueblo le dará la razón. 
 
Pero Pérez Pirela estima que no solamente la buena gestión económica dejó de ser garantía frente a eventuales intentos de derrocamiento de gobiernos de izquierda en la región, pues durante la preparación del programa, se topó con los resultados electorales obtenidos en la primera vuelta por mandatarios de derecha como Iván Duque, Sebastián Piñera y Jair Bolsonaro, percatándose que Evo Morales contaba con el respaldo del 44% de los electores en esa fase de los comicios, el doble de lo que exhibieron los electos gobernantes de la derecha. 
 
Además, recordó las triquiñuelas a las que apelaron sus adversarios para tratar de invalidar el proceso a toda costa, pues en primer lugar, le indicaron que no había alcanzado la ventaja de 10% sobre su contendor más cercano, que le exoneraba de medirse en una segunda vuelta; luego dijeron que no podía participar en la segunda vuelta, posteriormente exigieron la repetición de los comicios y finalmente condicionaron ese futuro proceso electoral a la ausencia de su candidatura. 
 
Al respecto, el presidente precisó que en 2005 se impuso con 54% de los sufragios, en 2009 con 64% y en 2014, con 61%, rememorando además que durante los tiempos del neoliberalismo, los bolivianos y bolivianas tenían sus derechos políticos restringidos a las votaciones para el parlamento. 
 
Pese a su historial y al 44% registrado a su favor durante la primera vuelta, la OEA denunció «irregularidades» –frecuentes en todo proceso de votación y de ningún modo sinónimo de fraude– en 226 mesas, un porcentaje mínimo frente al total. «Ni siquiera dándoles todos los votos de las mesas cuestionadas, ganaban», criticó.
 
Este tipo de golpe de Estado, parlamentario o policial, alentado por Estados Unidos es, en su criterio, el que sustituye a la instauración de las antiguas dictaduras militares en América Latina, pero confía en que eso terminará pronto en Bolivia, pues incluso durante las manifestaciones antigolpe, efectivos que pilotaban helicópteros, se negaron a disparar para dispersar a la multitud.
 
En este fin del golpismo también jugaría su papel el desempeño que ha tenido el «grupo de neoliberales que accedió al poder» luego de su derrocamiento, pues han decepcionado completamente a Bolivia «y las nuevas generaciones ya saben cómo se vive con la derecha y cómo se vive en dictadura».
 
Las múltiples veces retrasadas elecciones en el país andino fue el siguiente tema abordado en la entrevista. A ese respecto, Pérez Pirela inquirió si Morales consideraba que los comicios finalmente tendrían lugar el venidero 3 de septiembre, si participaría su partido Movimiento al Socialismo (MAS) y le solicitó una opinión acerca del mensaje que envían tales dilaciones. 
 
El líder fue enfático en asegurar que el gobierno de facto no deseaba que se realizaran elecciones porque sabían que ellos –el MAS, las fuerzas progresistas– las ganarían y desde su punto de vista, esto va a ocurrir de esa manera porque accedieron al poder a través de la violencia, mientras que ellos podrán volver a ejercerlo con el apoyo del pueblo. 
 
Evo Morales insistió en que sus luchas por la democracia y por «la paz con igualdad» son de largo aliento, mientras que este grupo, al saberse perdido, no desea comicios y utiliza cualquier excusa para dilatarlas, incluyendo la pandemia de Covid-19, que ha causado amplios estragos en el país. 
 
Inclusive hizo mención que existen rumores acerca de una renuncia de la gobernante de facto, Jeanine Añez, con el propósito de que nadie pueda hacerse responsable por las ya convocadas elecciones. 
 
A su parecer, este retraso solamente se traducirá en más derrota para estos grupos que circunstancialmente detentan del poder en Bolivia, pues al 03 de mayo, su ya cuestionada gestión exhibía mejores números que en la actualidad, dada la pésima gestión económica y de la pandemia que están haciendo. Así, «si siguen dilatando las elecciones, habrá muertos en la calle por el coronavirus y por el hambre».
 
Para él, su país «tiene dos pandemias: el coronavirus y la dictadura», pero «la mejor vacuna y la mejor comida para Bolivia son las elecciones y la democracia», sentenció. 
 
En relación con la participación del MAS, aseguró que «es uno de los actores importantes» y que el partido se encuentra preparando conferencias para invitar a la participación, dadas las condiciones que impone la pandemia. 
 
Apuntando a la efectiva realización de las elecciones y a la victoria del MAS que hoy señalan las encuestas, Pérez Pirela quiso saber cómo harían para gobernar con una cúpula golpista y una institucionalidad destruida; es decir, si contarían con la gobernabilidad necesaria para garantizar la paz. 
 
Evo Morales admitió que luego del golpe, habían conversado con exccomandantes militares y policiales de los distintos departamentos y en este momento, «están más comprometidos porque han visto cómo hemos trabajado por Bolivia». Además, adelantó que su equipo retomó «el contacto con algunos empresarios patriotas» que antes les acompañaron con inversiones y que respetaron los derechos de los trabajadores. 
 
Por eso, se manifestó optimista con los resultados y auguró que su victoria será respetada. 
 
Fue más cauteloso en relación con la reconstrucción de la institucionalidad destruida por el gobierno de facto, admitiendo que es una labor que «cuesta» y que «llevará tiempo». No obstante, mencionó que se encuentran trabajando con el candidato masista, Luis Arce, en los distintos desafíos, como las inversiones y la sustitución de importaciones, dos de los aspectos esenciales para recobrar la bonanza económica y afirmó que «solamente el MAS puede garantizar la estabilidad política y social», algo que, en su opinión, se traduce en crecimiento económico.
 
Recordó que cuando llegó al poder en 2005, recibió un Estado signado por la ingobernabilidad, puesto que en cinco años hubo igual número de presidentes. Después, durante 14 años, el país avanzó sucesivamente en ese ámbito, pero «hubo este contragolpe y ahora toca recuperar nuestro proceso de cambio».
 
Concretamente sobre el golpe de Estado de octubre de 2019, el conductor de Desde Donde Sea quiso saber si Evo Morales estaba al corriente de tales planes, y éste respondió que tuvo conocimiento al menos dos semanas antes de que se consumara, pero hasta el final creyó que la amenaza podía ser conjurada, puesto que no era la primera vez que le tocaba hacerle frente a ese tipo de acciones y rememoró las intentonas de 2008-2009.  
 
Empero, reconoció que luego de su salida del poder por vías irregulares, tuvo conocimiento de que excomandantes policiales y militares estaban al servicio de la CIA, pero insistió en que se trata de personas concretas y no de que la institución entera esté al servicio del imperialismo estadounidense. 
 
En este punto, Pérez Pirela acotó que en el golpe no solamente se había depuesto a un presidente, sino que en el proceso se atentó contra los derechos humanos de los bolivianos. Por ello, precisó saber qué está haciendo el MAS con las denuncias de las masacres, así como con los presos y perseguidos políticos en Bolivia.
 
El mandatario dijo que su partido había denunciado todas y cada una de las atrocidades cometidas, en la esperanza de que eso las frenara, pues en su opinión, el derecho a la vida, está por encima de los demás. Sin embargo, concedió que las persecuciones continúan, incluso hacia grupos que se han organizado para atender a la población más vulnerable durante la pandemia. 
 
«EL MAS es un movimiento político fuerte, que sigue en el camino legal , para sentar precedentes en instituciones como la OEA», aseguró.
 
La grave situación sanitaria en el país, caracterizada por escenas que recuerdan a lo vivido hace unas semanas en Ecuador: decesos en la calle, personal de salud infectado, paros sanitarios y laboratorios sobrepasados en su capacidad para analizar las pruebas, al tiempo que el ministro  de Obras Públicas –vocero oficial del gobierno de Jeanine Añez para el tema– acusa al pueblo por enfermar o fallecer por Covid-19, fue el tema abordado seguidamente en la entrevista.
 
El mandatario de Bolivia estimó que esa situación se debe a que no hay presencia del Estado contra la pandemia e insistió en que su país debe lidiar con «dos pandemias», una contra la vida y otra contra la economía. 
 
Al respecto, mencionó que ha recibido informes de que la población ha dejado de asistir a los hospitales –pues muchos ya no funcionan o están colapsados– y han optado por tratar la afección a través de la medicina tradicional, con resultados aparentemente positivos, razón por la cual grupos organizados se están encargando de distribuir los medicamentos indígenas entre la gente por su cuenta.  
 
A contrapelo, «el gobierno de facto no está combatiendo la pandemia, sino a quienes combaten la pandemia».
 
De lado del ALBA y justamente en garantía del acceso universal a la salud, rememoró que en la última reunión, los líderes de la alianza habían acordado que en el momento en el que se consiga la vacuna, ésta debe ser distribuida gratuitamente, aunque estima que «la pandemia es parte de una guerra biológica», inscrita dentro de los mecanismos de «reducción de población innecesaria» que se impulsa a través de la doctrina conocida como «Nuevo Orden Mundial» y lo que acontece en Estados Unidos y Brasil, los países con mayor número de afectados y fallecidos, da buena cuenta de ello, pues los más afectados justamente pertenecen a los grupos más vulnerables: pobres, negros y «latinos», en el caso de los Estados Unidos. 
 
En este orden de ideas, consideró que en América del Sur hace falta Unasur para enfrentar la pandemia y también desarrollo en ciencia y tecnología, pues apenas Argentina y Brasil producen saberes originales en esa materia útiles para la industria, por lo que se mantiene la situación de dependencia con otras naciones. 
 
Miguel Ángel Pérez Pirela recordó que, otrora, Bolivia estaba en el epicentro de los procesos de integración en América Latina, mientras que hoy está desconectada. Incluso, tras el golpe de Estado avalado por la OEA, fueron expulsados diplomáticos de Cuba, Venezuela y Nicaragua y se han conocido posibles acuerdos entre el gobierno de facto y el gobierno de Piñera, en relación con la salida al mar.
 
Sobre este aspecto, Morales puntualizó que Bolivia está aislada «de los mecanismos de integración y también de la liberación», lo que indicaba que habían vuelto «los tiempos de sumisión», en tanto organizaciones como el Grupo de Lima, cuya existencia se limita a urdir planes para derrocar al gobierno de Venezuela y la Alianza Pacífico, enfocada en  privatizaciones neoliberales, son ejemplos de tal sumisión. 
 
Pérez Pirela también le preguntó a Morales si, aún conociendo al detalle la experiencia venezolana, por qué había decidido confiar en la OEA. Él respondió que si bien no había sido invitada directamente para observar el proceso electoral, «es una institución y como organismo, entró si quería». «Se ofrecieron, vinieron e hicieron un golpe de Estado», relató. 
 
En ese punto, recordó que luego de la constitución de la CELAC, hubo una gran expectativa, porque ahora se tenía una institución Panamericana, pero sin la participación de Estados Unidos y Canadá. Sin embargo, aludió a una conversación que tuviera en una fecha posterior con el líder cubano, Fidel Castro, quien le advirtió sobre la posibilidad de que la derecha, al retornar al poder, congelara el organismo, algo que acabó sucediendo. 
 
Así las cosas, al menos para él quedó muy claro que «la OEA es el mejor mecanismo del imperio para la intervención en América Latina». 
 
Finalmente, Pérez Pirela contrastó la universalidad de la bandera Whipala, que hoy ondea en distintos puntos emblemáticos del orbe y es exhibida con orgullo por manifestantes progresistas en todo el mundo, contrasta con el ministro de Obras Públicas del gobierno de facto, que usó dos figuras de los «Avengers» para hablar de la pandemia de Covid-19.
 
«La bandera boliviana es la unidad del país. Ha sido modificada tres veces. La Whipala es la diversidad, la igualdad, la diversidad. Por eso es cuadrada y tiene tantos colores. Quienes la ofenden, no quieren igualdad ni diversidad y no aceptan nuestra identidad», concluyó Morales y adelantó que volverán «por la libertad del pueblo boliviano».
 
(LaIguana.TV)
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