Luego de la tragedia que se vivió en Pueblo Viejo, al norte de Colombia, el pasado lunes 6 de julio, un testimonio deja constancia de los peligros de robar un camión volcado a orillas de la carretera, y más si es una gandola de gasolina.

«Vi el infierno de cerca», le dijo a la prensa colombiana Alberto Pérez, un conmocionado puebloviejero que se dirigió en su moto con un amigo al kilómetro 47 de la Troncal del Caribe cargando unas pimpinas para participar en el festín.

Pérez cuenta que al llegar al lugar donde yacía la gandola ya había mucha gente, por lo que fue a estacionar la moto mientras su acompañante se adelantó con las pimpinas. En ese momento se produjo la explosión, su amigo resultó quemado pero salió con vida. «Busqué un par de pimpinas y me dirigí junto a un compañero en una moto para sacar el combustible y venderlo. Cuando llegamos encontramos a mucha gente en el lugar. Yo fui a parquear la moto, mientras mi amigo iba adelante», contó.

Alberto escuchó los desgarradores gritos de dolor de los heridos, los estertores de los moribundos y vio correr personas prendidas en llamas para lanzarse al suelo en un intento por apagarlas. «Vi el infierno de cerca (…) Fue impresionante escuchar a la gente gritando mientras corría de un lado a otro. Yo no sabía qué hacer. Solo se me ocurrió ponerme en la mitad de la carretera y pedirle ayuda a los conductores que se movilizaban a esa hora».

Agregó que en un impulso se lanzó a la calle para pedir ayuda a los conductores en el traslado de los heridos.

Pérez cuenta que la necesidad los llevó a saquear la gandola y que las consecuencias de la tragedia es responsabilidad de sus paisanos. «Dejará una enseñanza en todos nosotros», concluyó.

Al menos 7 muertos y 50 heridos dejó esta tragedia. Ambulancias y conductores trasladaron los quemados a hospitales y clínicas a las localidades más cercanas, incluyendo a Barranquilla.

(LaIguana.TV)

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