El clima político en Argentina se enrareció por completo con la llegada de cientos de patrullas a la residencia oficial Quinta de Olivos, en donde vive el presidente Alberto Fernández, como parte de la protesta policial que comenzó el lunes por la tarde y que ha ido subiendo de intensidad en las últimas horas.

Los policías, que lucían sus uniformes, hicieron sonar las sirenas de las patrullas, se bajaron de sus vehículos y comenzaron a ondear banderas argentinas.

Las imágenes de fuerzas de Seguridad rodeando la casa presidencial encendió una alerta porque representa intimidaciones directamente contra la democracia.

El presidente respondió con críticas a este tipo de protestas y aseguró que tanto él como el gobernador de la provincia, Axel Kicillof, atenderán las demandas policiales.

«Esto no se resuelve escondidos en patrulleros tocando bocinaEl gobierno nacional no se va a hacer el distraído. Somos dos amigos en la misma causa y estamos comprometidos con lo mismo», dijo.

Uno de los manifestantes lamentó las declaraciones del presidente y lo responsabilizó de las derivaciones que tenga la protesta.

«La sangre derramada de nuestros compañeros no lo merece una declaración así del presidente, es inoportuna, no suma. Nosotros nunca nos escondemos», afirmó.

Por la tarde, después de que el oficialismo y algunos opositores condenaran a título personal a los policías, el presidente invitó a los manifestantes a dialogar en el interior de la residencia, a lo que se negaron, lo que es improcedente ya que la movilización en sí representa el delito de sublevación.

La jornada ya había iniciado con una alerta después de que un hombre de 48 años explotara una bomba molotov en la residencia oficial. Al ser detenido, el atacante declaró que no pertenecía a ninguna organización política.

Más tarde, la tensión volvió a hacerse presente cuando Oscar Pagano, uno de los policías que participa en las protestas, amenazó con tirarse desde una torre de energía. Después de más de dos horas en las que incluso lloró, aceptó ser rescatado.

Así, lo que inició como una movilización en demanda de incrementos salariales se está transformando en una crisis institucional, azuzada por la prensa opositora al gobierno que apoya los reclamos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, mejor conocida como La Bonaerense.

Las demandas

El lunes por la tarde, decenas de policías protestaron en la ciudad de La Plata para exigir alzas en sus ingresos, pero en la madrugada ya eran cientos los amotinados.

Aunque el martes por la mañana el gobierno provincial, encabezado por el peronista Axel Kicillof, anunció que habría mejoras salariales y que se anunciarían al término de esta semana, los policías manifestaron su desconfianza y continuaron con las movilizaciones, mismas que ya se extendieron a decenas de localidades de Buenos Aires.

En sus mensajes, los policías están dejando en claro que tienen motivaciones políticas y no solo laborales, ya que uno de los policías que más habló con la prensa es simpatizante del expresidente Mauricio Macri, mientras que otros han asegurado que también reclaman por la «liberación» de Lázaro Báez, un empresario vinculado con los pasados gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, quien el pasado lunes obtuvo prisión domiciliaria, aunque las protestas de vecinos finalmente lograron que lo regresaran a la cárcel.

Otro policía manifestó, además, la solidaridad de todos sus compañeros con Luis Chocobar, un policía que está procesado por haber asesinado a un ladrón. Chocobar fue recibido y apoyado por Macri, pero la Corte Suprema de Justicia decidió que debe enfrentar un juicio oral por el delito de «homicidio agravado por la utilización de un arma de fuego en exceso del cumplimiento de un deber».

(RT)

 
Comentarios Facebook