En esta edición de Desde Donde Sea, Miguel Ángel Pérez Pirela presentó una interpretación de algunas encuestas que describen el panorama electoral en los Estados Unidos desde un punto de vista multifactorial, considerando las falencias del sistema electoral, los 200.000 fallecidos por COVID-19 y las protestas antirracistas como elementos que serán decisivos en los comicios presidenciales del 3 de noviembre. 
 
La ventaja de Biden, el remonte lento y sistemático de Trump
 
Haciendo referencia a una encuesta elaborada por Linked US entre el 11 y el 15 de septiembre, el candidato demócrata Joseph «Joe» Biden acapara 50% de las preferencias entre quienes manifestaron su intención de votar, mientras que Trump acumula el 47%. 
 
Si bien esta encuesta presenta una ventaja de Biden sustancialmente menor que la reportada por otras empresas y medios, que orbita en torno a los 10 puntos, sirve para ilustrar, a juicio del analista que «en política no hay muertos, hay moribundos».
 
Desde hace varias semanas, el demócrata va a la cabeza, mas parece que no todas las cartas se han jugado, puesto que aunque esta ventaja es real, Trump «parece acercarse lenta, pero sistemáticamente», si bien es cierto que debe enfrentar importantes desafíos, como el efecto que tienen la gestión de la pandemia y las protestas contra la violencia policial, así como la captura de votos en los colegios electorales.
 
En este punto, el experto explicó que las elecciones en los Estados Unidos se corresponden con una elección de segundo grado, es decir, que los votantes eligen a los representantes de colegios electorales quienes, a su vez, elegirán al próximo inquilino de la Casa Blanca. 
 
La encuesta Rasmusen, en lugar de investigar la intención de voto, ofrece una fotografía de la aprobación de la gestión del actual mandatario y candidato a la reelección, Donald Trump y según lo por ellos reportado, su aprobación se ha incrementado «algo», puesto que estaba «cuatro puntos en rojo» (46%) y pasó a ubicarse en 53% «tres puntos en verde». 
 
Se indica además, que la elección presidencial «se juega» en los estados de Arizona, Florida y Carolina del Norte, que tienen cada uno 55 delegados de colegios electorales, así como en Wisconsin, Michigan, Ohio y Pensilvania, que cuentan con 64 delegados cada uno. 
 
Mientras que Trump está obligado a ganar en los colegios electorales de cinco de estas siete entidades, Biden debe imponerse solamente en dos para garantizarse el cargo y, hasta el momento, las cifras parecen favorecerlo, pues está por encima de su contendor en Michigan (5 puntos), Pensilvania (4), Wisconsin (7), Florida (1) y Arizona (5). 
 
Trump ni siquiera tiene garantizado Florida, un estado tradicionalmente republicano y además de ir abajo en las encuestas, está también abajo en los colegios electorales de las entidades antes mencionadas.
 
La investigación de Morning Consults es consistente en relación con la ventaja global otorgada a Biden respecto de la intención de voto: 52% versus 47% de Trump: 
 
Otros sondeos consultados para el programa incorporan otro aspecto que es relevante en la coyuntura: la gestión de la pandemia.  
 
Ante la pregunta: ¿Quién desarrollaría una mejor gestión de la pandemia? el 60% de los consultados en Maine, el 55% de los de California y el 52% de los de Carolina del Norte aseguraron que el demócrata Joe Biden lo haría mejor que Trump. 
 
El experto criollo considera que esta pregunta da cuenta indirecta de la popularidad de Trump en tanto presidente, de cara a una situación concreta. 
 
Aspectos que definirán las intenciones de voto en los Estados Unidos
 
En juicio de Miguel Ángel Pérez Pirela, hay cuatro aspectos que definirán las intenciones de voto en las presidenciales de los Estados Unidos: la edad de los candidatos, la supuesta interferencia de Rusia en los resultados, la violencia policial y la pandemia.
 
En los Estados Unidos, comentó, el próximo período presidencial será característico de lo que se conoce como geontocracia –gobierno ejercido por los ancianos–, pues independientemente de quien gane, cuando acabe el período, tanto Biden, que tiene actualmente 78 años como Trump, que cuenta con 74, rozarán la octava década de vida. 
 
No es un dato menor, toda vez que Estados Unidos no se caracteriza por ser una nación con un alto porcentaje de personas de la tercera edad. Por ello, se preguntó si tendrían «la fuerza para mandar» o si ello era signo de que los presidentes estadounidenses «no mandan tanto como parece».
 
Respecto de la supuesta interferencia electoral de Rusia, el analista precisó que de acuerdo con una encuesta divulgada por la cadena CNN, todos los miembros de la élite política estadounidense –incluyendo a Kamala Harris, la compañera de fórmula de Biden–, menos el secretario de Justicia, William Barr y el propio Trump, aseguran que Rusia es una «seria amenaza para las elecciones de 2020». 
 
Por su lado, el departamento de Seguridad de Estados Unidos dijo que continúan evaluando el hecho que «Rusia continúa criticando los votos por correo y los cambios de cara a la pandemia», aunque obvian mencionar que Donald Trump ya predijo que la votación por correo podría ser fraudulenta si los resultados no le favorecían. 
 
El tercer factor considerado, que Pérez Pirela estima como «determinante en estas elecciones», es la violencia policial y las protestas antirracistas que sacuden al país desde hace varias semanas. 
 
Tanto es así, que en la Convención Republicana de agosto pasado, Trump buscó utilizar las protestas violentas asustar a los votantes suburbanos y así poder capturar nuevamente el voto conservador, que fue el que le garantizó la victoria en 2016.
 
«Si la izquierda gana el poder, demolerán los suburbios, confiscarán armas y nombrarán jueces que eliminarán su segunda enmienda y otras libertades constitucionales», reza uno de los puntos de la intervención de Trump, rescatado en ocasión del programa.
 
Estas declaraciones, en la opinión del también director de LaIguana.TV, se compadecen con el macartysmo propio del personaje, que busca tachar interesadamente todo aquello que no forme parte de su propuesta de «izquierda» o «comunismo», que es presentado siempre como una amenaza para las libertades y la integridad de la Nación. 
 
El último aspecto que influirá determinantemente en el resultado de las elecciones del próximo 3 de noviembre, es la pandemia. 
 
Según la última encuesta publicada por la cadena CNN a inicios de septiembre el 40 % aprobó la manera que Trump se ha enfrentado al virus, mientras que el 55% lo desaprueba. 
 
Estados Unidos: democracia del dinero
 
Para desarrollar este punto, Pérez Pirela citó extensamente el artículo intitulado «Elecciones presidenciales en EEUU: democracia del dinero», aparecido en la revista Contexto latinoamericano, en el que se ofrecen abundantes detalles que permiten concluir sin mayor duda que tanto la voluntad popular tiene un peso escaso en los resultados electorales, como que son las corporaciones y los lobbys quienes acaban decidiendo quién ejercerá la primera magistratura en Washington.
 
En el artículo se plantea que algunas de las manifestaciones que definen la «democracia» estadounidense son: «los votantes que acuden a las urnas lo hacen un día laborable; aproximadamente casi 100 millones de estadounidenses con capacidad electoral deciden no votar como sucedió en el 2016; las minorías son víctimas de hostigamiento e intimidación; las regulaciones electorales son muy engorrosas y paradójicamente es posible que uno de los candidatos pueda convertirse en presidente sin ganar el voto popular», dijo, citando el mentado artículo.
 
En su parecer, no es fácil ejercer el voto en los Estados Unidos, pues los votantes deben sortear múltiples «alcabalas».
 
«Es un sistema que en la práctica excluye a millones de potenciales electores, promueve la desconfianza sobre la transparencia y legitimidad de sus resultados y hace difícil los procesos de registro, solicitud de boletas y ejercicio del voto. Lo más insólito, es que tiene respaldo constitucional para que la voluntad de la mayoría de los votantes sea desconocida como ocurrió en las últimas elecciones presidenciales cuando Hillary Clinton obtuvo casi 3 millones de votos más que Donald Trump», continuó el analista político.
 
De esta manera, indicó, solamente pueden participar en la llamada «carrera presidencial» aquellos que dispongan de abundantes recursos, que les ofrecen los financistas, una figura institucionalizada dentro de la política estadounidense que además trae como consecuencia que el voto fuera de los dos grandes partidos –Republicano y Demócrata– sea «prácticamente simbólico».
 
El siguiente extracto compartido por Pérez Pirela reza: Según una reciente investigación titulada «100 millones: La historia no contada de los estadounidenses que no votan» realizada por la Knight Foundation y la firma consultora especializada Bendixen & Amandi International, ese 43% de ciudadanos norteamericanos que deciden no acudir a las urnas están profundamente desmotivados» y en ese orden de ideas se preguntó cuál sería el porcentaje de ciudadanos estadounidenses que estaría eligiendo efectivamente a su presidente.
 
«Los Estados Unidos dan cátedra mundial de ‘democracia’ y al que no quiera asistir a sus clases lo bloquean, lo asesinan, lo sancionan», añadió.
 
Continuando con la lectura, dijo: «las razones fundamentales de su comportamiento son: consideran que el sistema electoral es corrupto, desconfían en su funcionamiento, valoran que los comicios no representan la voluntad del pueblo, el voto popular no determina el resultado de las elecciones y no se sienten atraídos por ninguno de los candidatos».
 
Además, el texto subraya que «es un sistema electoral que ha colapsado y sus cimientos descansan en su piedra angular: el dinero. Por ese motivo, cualquier aspirante a la Casa Blanca requiere recaudar y gastar decenas de millones de dólares si pretende ganar. Sin embargo, no es posible disponer de esas grandes sumas sin la participación activa de la élite económica estadounidense que busca proteger a toda costa sus intereses corporativos. Tanto los candidatos presidenciales republicanos como los demócratas han establecido tácitamente como consenso bipartidista inalterable que lo único imprescindible en las elecciones es el dinero».
 
En la misma investigación se reporta que solamente en la campaña de 2016, «entre ambos aspirantes gastaron un total de 2 400 millones de dólares.
 
«2.400 millones de dólares gastados por los aspirantes durante la campaña de 2016. ¿Un ciudadano medio e incluso de clase media alta podría optar por la presidencia? No. Se trata de una dictadura bipartidista donde por cada elección, los gastos son millonarios y la mayoría de los presidentes proviene de las 20 universidades más prestigiosas del país», comentó al respecto. En suma, existen filtros –opciones electorales restringidas y trabas para el ejercicio del sufragio– que impiden que cualquier candidato fuera del estabilishment pueda ser presidente en los Estados Unidos.
 
El artículo también señala que «esa cifra será superada y este ciclo electoral impondrá un récord histórico al romper la barrera de los 3 mil millones. Según un artículo investigativo publicado por el New York Times el pasado 7 de septiembre, la campaña de Trump hasta julio había recaudado 1 100 millones y si le sumamos los 210 de agosto sería un total de 1 310 millones. Por su parte, de acuerdo a los datos de la Comisión Electoral Federal y a la suma recaudada en agosto, Joseph Biden ha recibido 843 millones».
 
«Según la firma estadounidense Kantar/CMAG, especializada en monitorear el gasto en publicidad, entre los dos aspirantes ya tienen comprometido hasta noviembre 445 millones solamente en anuncios televisivos. De ese total, 111 millones serán destinados exclusivamente para la Florida» y se resalta que todas las cifras aumentarán cuando se incorpore lo gastado en las redes sociales. 
 
Sobre esto, «de acuerdo al sitio web Open Secrets, hasta mediados de agosto Trump gastó 41 millones en anuncios en Facebook y Biden 31 millones en esa misma plataforma tecnológica. El posicionamiento de mensajes en estos espacios constituye una prioridad dentro del diseño electoral de ambas campañas que están obligadas a contratar a compañías y consultores especializados en materia de comunicación política digital», se reporta en el trabajo periodístico de Contexto Latinoamericano. 
 
Otro punto que desde 2010 es «habitual» dentro de las campañas electorales en los Estados Unidos, es el uso del «dinero oscuro» para sufragar gastos de los candidatos y «según Open Secrets, una reciente investigación sobre este tipo de donaciones arrojó que solamente el 10% de este dinero es reportado por las campañas políticas a la Comisión Electoral Federal. El estudio también concluyó que en estas elecciones entre ambos candidatos han recibido aproximadamente 350 millones por ese concepto».
 
Las principales fuentes de financiamiento de los dos candidados que reportan en el trabajo periodístico, aludiendo a su vez a Open Secrets «provienen del sector financiero, compañías inmobiliarias, empresas de seguros, fondos de inversiones, firmas de abogados y corporaciones vinculadas al sector energético.
 
En este punto, Miguel Ángel Pérez Pirela cuestionó la supuesta «democracia» de los Estados Unidos, pues en su criterio es «una pantalla» hablar de democracia allí, toda vez que el financiamiento de las campañas electorales proviene de fuentes opacas y cuestionables ligadas al gran capital. 
 
«En el caso de Biden, además sobresalen aportes importantes provenientes de las compañías asociadas a las nuevas tecnologías, así como de directivos de la televisión y el cine», apunta el texto.
 
La división geográfica de los aportes financieros
 
Contexto Latinoamericano asegura que «desde el punto de vista de la distribución geográfica, la mayor cantidad de dinero proviene de California (117 millones), Nueva York (72 millones), Florida (37 millones), Washington DC (34) y Texas (32), territorios en los que existe una alta concentración de billonarios y donde tienen su sede gran parte de las compañías más poderosas del país».  
 
Según el analista criollo, hacia el sur de Florida se concentran los más «generosos contribuyentes», que basan su campaña a favor de la reelección de Trump en la promoción del odio, la violencia y la lucha contra el racismo.  
 
Del lado de Biden, las cosas no son mejores, puesto que los principales aportes para la campaña del demócrata los habría realizado el sector financiero de Wall Street, las empresas de nuevas tecnologías asentadas en Silicon Valley como Netflix o Microsoft y las industrias de bienes raíces y del entretenimiento. 
 
En una sociedad así, señaló Pérez Pirela, lo que digan los ciudadanos estadounidenses carece de importancia y son los billonarios quienes se arrogan el derecho de decidir por el pueblo e imponen a los gobernantes más afines con sus intereses.
 
Según The Washington Post «hasta este momento Trump ha gastado alrededor de 800 millones y Biden 414. Por lo tanto, en apenas unos meses ambos candidatos han invertido más de 1 200 millones de dólares en el camino hacia la Casa Blanca y por si fuera poco ha trascendido que el candidato republicano está valorando desembolsar 100 millones de su fortuna personal para reelegirse». 
 
«En esencia, todo esto es posible porque existe un sistema electoral concebido para garantizar y defender los intereses de la élite económica que solo puede funcionar bajo las reglas de la democracia del dinero», concluye el texto.
 
Carrera por el voto joven: el reto de los septuagenarios candidatos
 
Como ocurrió en 2018, el voto joven se está volviendo cada vez más codiciado y de acuerdo con una encuesta de la Universidad de Tuff, se ha producido un incremento en el registro de nuevos votantes -entre 18 y 24 años en estados como Minnesota (12%), California (15%), Georgia (28%), Nueva Jersey (26%) y Vermont (22%).
 
En la misma investigación se asegura que los jóvenes apoyarían a Biden, en virtud de que el 60% de ellos respaldó a Barack Hussein Obama en 2012 y el 55% le dio el voto de confianza a Hillary Clinton en 2016, una tesis que parece respaldar una encuesta publicada por The New York Times el pasado junio, según la cual Biden tiene 34 puntos de ventaja frente a Trump entre los votantes jóvenes. 
 
El pasado guerrerista del que presuntamente abjura Biden
 
Para cerrar la edición, el experto se refirió al pasado guerrerista del candidato demócrata Joe Biden, quien es astutamente «vendido» por publicistas bien entrenados «como una especie de futuro presidente alternativo, de izquierda, cuasi-comunista», algo que está muy «lejos de la realidad», en virtud de que en los Estados Unidos, el presidente no obedece a su voluntad, sino que en ese país el poder real lo ejercen el aparato militar-industrial –que decide la política exterior– y los lobbystas-financistas de la política, quienes se encargan de los manejos electorales.
 
Por ello, advirtió que para los países de América Latina, específicamente Venezuela, no es apropiado esperar cambios en la política exterior de Washington, independientemente de quién venza en los comicios de noviembre, puesto que «los dos son guerreristas, colonialistas e imperialistas».
 
Justamente por esta razón, estimó pertinente recordar los vínculos Biden con la guerra de Irak. En 2002, mientras era el representante demócrata en el Senado, votó a favor de una resolución para iniciar la guerra en Irak, aunque en 2019, ya con claras aspiraciones presidenciales, intentó borrar su mancha, aduciendo haber sido timado por el entonces presidente George Bush, hijo.  
 
«El error que cometí fue confiar en el presidente Bush, quien me dio su palabra de que lo (el proceso de votación) estaba usando con el propósito de hacer que los inspectores vieran lo que estaba sucediendo (en Irak), si estaban produciendo armas nucleares», dijo Biden.
 
Sin embargo, antes de oficializar su candidatura, el político fue increpado por un veterano de la guerra de Irak, quien le acusó de tener «las manos llenas de sangre».
 
Pérez Pirela estima que «candidato no es gente, promete todo y lo contrario» y aunque Biden ahora se dice arrepentido, «en 2018 otorgó una Medalla de la Libertad a Bush, precisamente por su rol en la guerra de Irak».
 
«Para los que tengan algún tipo de ilusión, que crean que Biden representa algún cambio en la política exterior, no es así. Ya es hora de que nos dejemos de ese tipo de ingenuidades», concluyó.
 
Libro del día
 
Drogas: prohibición o legalización. Una nueva propuesta, de la autoría del expresidente de Colombia y la Unasur, Ernesto Samper Pizano.
 

 

(LaIguana.TV)

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