El concepto de amor, que era descrito bellamente por los dioses griegos, se hace añicos a partir de la modernidad y se vuelve sinónimo de producción, de sexualidad, de reproducción, de matrimonio y de monogamia. Las ideas abiertas de hace más de 2 mil 500 años se transformaron en un modelo impuesto por Hollywood y, en el caso latinoamericano, por las telenovelas. Se moldeó un concepto de amor que se nos ha impuesto socialmente y ya muchos hemos perdido la capacidad de amar, afirmó Miguel Ángel Pérez Pirela, en una nueva entrega de Viernes de Filosofía, en su programa Desde Donde Sea.

En un trayecto de casi dos horas y en un tono de permanente interrogación, el filósofo y comunicador analizó las variaciones que ha experimentado la noción de amor, desde la mitología griega hasta los tiempos corrientes de relaciones fundamentadas en las redes sociales.

«Nos hemos propuesto una tarea difícil: vamos a racionalizar el concepto de amor, aunque no es un concepto. Nadie dice ‘he decidido enamorarme’ o ‘según mis cálculos matemáticos estoy enamorado’», dijo el conductor del programa al plantear el tema.

A lo largo de su disertación, formuló a la audiencia numerosas preguntas que, seguramente, habrán generado más de un debate y muchas reflexiones. «Cuando nos enamoramos, ¿lo hacemos de la otra persona o de la imagen que tenemos de esa persona y que es, en buena medida, un reflejo de nosotros mismos? ¿Nos enamoramos  entonces de la otredad? Si el amor es pasión, que viene del griego pathos, que es paciencia, pasividad, ¿significa que el amor es pasivo? Cuando amo, ¿el otro recibe pasivamente mi amor? ¿Hay uno amado y otro amante? ¿Uno ama más que otro? ¿Es una pirámide en la que uno está sobre el otro?».

Señaló que afrontar el amor desde la razón parece un contrasentido, pero en la etimología misma de la palabra filosofía está el amor, pues significa amor al conocimiento, como ya lo plantea Platón, en El banquete. «Algo de sentimental, amoroso e irracional tiene la filosofía, tal vez porque somos sentipensantes, como decía  Galeano. No puedo pensar sin sentir. Somos, como diría mi profesor en Roma, espíritus encarnados. Somos alma pero somos corporeidad».

«No somos solamente espíritu, como sostenía Platón. Hay un aspecto material, carnal, sensual del amor. ¿El amor va con el sexo? ¿Se puede amar sin el aspecto carnal? No me vengan con el amor platónico porque amor de lejos, amor de pendejos, como decían nuestras abuelas. Este dicho popular dice que si uno ama a alguien, lo quiere cerca de uno, quiere tocarlo, olerlo. Es decir, que el amor también pasa por los sentidos. ¿Podría existir amor sin los sentidos? -prosiguió inquiriendo-. ¿Se puede amar sin tener sexo? Cuando nos preguntamos esto, entramos en una categoría espiritual y teológica del amor. Hizo tanto Dios por el mundo que entregó a su único hijo para que sea sacrificado. ¿Entonces, el amor es sacrificio y dolor? Siento algo tan fuerte que me duele, entonces ¿por qué me enamoro? El amor tiene una dimensión de dolor».

Las preguntas continuaron brotando: ¿Se puede tener sexo con alguien que uno ama? Sí, y también con alguien que uno no ama o que uno odia. Entonces, ¿cómo se puede «hacer el amor» con alguien que uno odia? «Empezamos a sabuesear y nos damos cuentas de que muchas expresiones que usamos cotidianamente parecen contradecir los conceptos mismos del amor».

Amor filial

Pérez Pirela hizo referencia a la expresión típica de las madres cuando regañan a los niños y dicen que el regaño les duele más a ellas. «Entramos en otra categoría: muchos piensan que solo se conoce al amor cuando se ha tenido hijos. Es el tipo de amor que los griegos llamaban filia, una especie de amor familiar. Si esto es así, diríamos que el amor más grande que hay es de origen biológico, porque un hijo o hija es algo biológico. La mujer, decía Galeano, tiene una característica que el hombre no tiene. No tenemos la experiencia de ser naturalmente dos en uno, como la tiene la mujer embarazada que comparte el ser con otro ser, al menos por entre seis y nueve meses. Los hombres, entonces, deberíamos buscar esa experiencia en la otredad, en la otra o el otro, dependiendo de la tendencia sexual».

El tema, por su propia naturaleza, tiene aristas muy polémicas. Por ejemplo: ¿solo es posible un amor heterosexual? «Los  mitos que se plantean en El banquete indican que para los helénicos el amor era entre hombre y mujer o entre hombre y hombre o entre mujer y mujer. No había problema en esto. Toda la construcción de eso que entendemos por amor es el resultado de una tradición griega, romana, pero que luego fue adoptada y modificada por el mundo judeocristiano. De allí es que vienen limitaciones como que el amor debe ser exclusivamente heterosexual».

Como primera conclusión, Pérez Pirela afirmó que el amor parte de una falta. A mí me falta algo y tengo que ir a buscarlo en otra persona.

La Iglesia y Hollywood

Otro matiz controversial es la diferencia entre enamoramiento y amor. En la etapa de enamoramiento, todo es color de rosa, arcoíris, mariposas. Luego viene el peso de la cotidianidad, de ver todos los días a la misma persona.  «¿Amor es costumbre, como en aquella canción de Rocío Dúrcal? ¿Cuántas parejas están juntas más por costumbre que por amor? ¿Tiene el amor fecha de caducidad, se termina?».

La controversia se hace más ardua cuando se llega al punto del matrimonio, en el que el amor queda regido por un contrato. «Cuidado y si, por casualidad, consumas el acto sexual con una persona que no esté en el contrato. ¿La fidelidad se acaba con el acto carnal? En el cruel contrato del matrimonio debes honrarlo consumando el acto sexual solo con esa persona. No es tan banal como lo estamos planteando porque en los 10 mandamientos, que es el valor fundacional de la civilización occidental, se ordena no desear a la mujer del prójimo. Si además, todo esto es fundamentado en la idea de fidelidad, de fides, hay un elemento teológico entre amado y amante: debes tener fe en el otro».

«Resulta que la sociedad nos quiere definir todo en términos prácticos, incluyendo cómo debemos enamorarnos -subrayó-. En Latinoamérica tenemos las telenovelas. Desgraciadamente, los venezolanos éramos famosos por eso, menos mal que ya no. Una muchacha pobre y bonita se enamoraba de un bobalicón peinadito de medio lado y rico. Prevalecía la posesión: este hombre es mío, y un elemento central eran los celos. Se estableció la figura de las mujeres cuaimas, la mamá del rico era siempre una tipa muy mala. Se nos fue educando sobre cómo enamorarnos. En muchas de nuestras relaciones no tenemos el amor que nace de la entraña del ser, sino de la reproducción de las historias de amor de las telenovelas o de Hollywood».

Glosando a Michel Foucault en su obra La historia de la sexualidad, aseveró que las pasiones que ya veían los griegos han sido domesticadas, civilizadas. Ahora hay una idea de producción, un modelo reciente, productivista, según el cual la familia es la base fundamental de la sociedad, tal como se recita desde los primeros años de la escuela.

«Conste que estoy describiendo esta situación, no apoyándola  ni criticándola. Con ese enfoque digo que el amor, que era descrito bellamente por los dioses griegos, queda hecho añicos, lo rompen a partir de la modernidad y se vuelve sinónimo de producción, de sexualidad, de reproducción, de matrimonio y de monogamia. Las ideas abiertas de hace 2 mil 600 años se transformaron en todo esto.  Se moldeó un concepto de amor que se nos ha impuesto socialmente y ya muchos hemos perdido la capacidad de amar. Es decir, que el amor se fue impregnando de una cierta moral, que lo fue abrazando hasta controlarlo totalmente. Hoy en día estar enamorado es estarlo de una cierta manera occidental”. 

El origen mitológico

«Hace 2 mil 600 años, los griegos tenían dos dioses para el amor: Eros y Afrodita (Cupido y Venus en la mitología romana). Eros fue creado para que Gea (Tierra) y Urano (Cielo) se enamoren y puedan hacer el amor, y así todos los seres y objetos comiencen a aparecer en el universo. La fertilidad de Gea comenzó a dar sus frutos. Quedó en evidencia que sin esa atracción que propicia Eros no se puede tener hijos. Sin Eros no hay nada. El amor es el motor del inicio, de la génesis, del comenzar de todas las cosas. Pero Urano le agarró el gusto a Gea y quiso estar todo el tiempo procreando. Gea se cansó y le pidió a uno de sus hijos, Cronos, que hiciera algo y a Cronos no se le ocurrió otra cosa que castrar a Urano. Los testículos cayeron al océano y apenas tocaron el agua, nació Afrodita (diosa del amor). Es decir, que ella nace de una castración, de una conjunción entre el amor y el dolor. Se entiende que no hay amor sin dolor», relató.

Explicó que en El banquete, Platón le hace decir a los participantes del diálogo, como el dramaturgo Aristófanes y a su maestro de filosofía, Sócrates, sus interpretaciones de esos episodios de los dioses. Aristófanes dice, en aproximación de una explicación sobre el origen de  la humanidad, que los hombres eran grandes bolas que convivían con los dioses. Tenían cuatro ojos, cuatro piernas, cuatro brazos, y eran criaturas muy rápidas. «Por esa rapidez, fastidiaban mucho a los dioses y estos mandaron a Zeus a tomar acciones, a matar a estas bolas. Pero si las mataba, se quedaban sin esclavos. Decidió picarlas por la mitad. A partir de ese momento rompieron con nuestra unidad y nos condenaron a estar siempre buscando lo que nos falta. Es la misma idea de expresiones como la media naranja o la media mitad. Quedamos divididos y comenzamos a morir. Entonces Zeus decidió, como compensación, darles un poder: que cada mitad busque a su otra mitad. Fundó ese impulso de buscar eternamente una plenitud. ¿Dónde buscarla sino en el amor?».

Precisó que este mito nos da un detalle fundamental que tiene que ver con el género. Algunas de esas bolas eran seres andróginos, es decir, que estaban formadas por un hombre y una mujer, pero otras era dos hombres o dos mujeres por lo que al picarlos, no buscaban al sexo opuesto sino al mismo.

También en El banquete, Sócrates presenta el origen del dios del amor, de Eros, y dice que es hijo de Poros, dios de la abundancia, y de Venia, diosa de la pobreza. «Siempre siente que le falta algo y busca las cosas más bellas y costosas. Debemos buscar a una persona que nos conduzca a lo más bello, a la idea misma de belleza, del mundo de las ideas. En esta interpretación, el erotismo es una primera etapa del amor, un trampolín para buscar otros elementos, avanzar hacia un amor más completo. Es la escalera del mundo sensible al mundo espiritual. Por eso no se trata solo de buscar la belleza física exterior, sensible, palpable, sino que tiene al mundo de las ideas».

De la Grecia de  Platón, dio un salto a París después de la Segunda Guerra Mundial, para citar las intuiciones del existencialista Jean-Paul Sartre, quien dice que «el amor se establece entre dos conciencias libres y hace que la más débil ame más. La conciencia débil es la que más se somete a lo que hay en ella de sensible. La fuerte tiene ciertos grados de manipulación y busca someter». Para Sartre amar es poseer, es una pasión conflictiva, un sufrimiento. «El amado quiere ser correspondido por el amante. El amante no quiere que el amado cambie de sentimiento y tampoco quiere a nadie más. El amado siempre puede ser libre y huir a otro lado o con otra persona. Es una especie de guerra continuada»

También en el siglo XX, Foucault expresó que el amor es fruto de la pasión, que es un estado, algo que ocurre, que se apropia de nosotros, nos agarra de los hombros, no tiene pausa ni origen, y dice que la pasión se atribuye todas las condiciones para continuar y a la vez se destruye ella misma. «En la pasión uno está ciego sino que no es uno mismo. Eso que llamamos amor es pasión. ¿Cuándo se convierte en amor? La pasión solo es amor cuando llegamos a cuestionar y a sufrir». 

De acuerdo con Foucault, “se puede amar perfectamente sin que el otro ame. El amor es una cuestión de soledad por eso es que siempre sobran las demandas de uno hacia el otro, mientras que el estado de pasión entre dos o tres personas permite una comunicación intensa”.

Volvió entonces a Sartre, para señalar que hay dos características del amado y del amante: uno es masoquista y el otro es sádico. Cuando el amante se convierte en lo que cree que el amado quiere que sea y se niega su libertad, actúa de manera masoquista. Cuando el amante trata al amado como un objeto y lo mantiene con él, la libertad queda comprometida y se transforma en un doloroso viaje, y estamos ante el sadismo. «En esto no hay inocentes. ¿Cuántos amores no han terminado en ese doloroso viaje?»,  preguntó otra vez a su audiencia.

Otro autor citado fue Erich Fromm, en El arte de amar,  quien dice que  la gran respuesta al problema de la existencia humana  es el amor. «Puede decirse que es el escape de la muerte porque es una especie de medicina, efímera, que hace ver más colores, luz, optimismo. Aunque, por otro lado, un cantautor italiano define el amor magistralmente como una piedra en el zapato«.

«Freud nos ayuda a responder tantas preguntas -aseguró Pérez Pirela-. Afirma que el amor surge como atracción por  la madre y esto nos hace desear matar a nuestro padre. Todo esto oculto o revelado a través del inconsciente. Para él, el inconsciente es el todo y el consciente es solo una parte. La palabra es la llave del inconsciente. Ese deseo de matar al padre es el Complejo de Edipo. Con las mujeres ocurre lo mismo, pero se le llama Complejo de Electra. La gente madura es la que deja atrás esos complejos. No es mi caso ni el de muchos de ustedes -bromeó-. Por eso somos siempre seres con relaciones fallidas, difíciles, conflictivas, dialécticas, no logramos realmente amar».

Recurrió una vez más a Sartre para señalar que no se trata de que los seres humanos ignoremos lo que está en el subconsciente, sino que lo sabemos todo pero nos hacemos los locos, apelando a la mala fe.

Otro filósofo contemporáneo, Zygmunt Bauman, el teórico de lo líquido, consideró que por culpa de la posmodernidad  somos incapaces de amar. «No amamos como se amaba en el pasado, con ese fulgor de Eros, Gea, Urano. Somos incapaces por culpa de tecnología, de la comunicación, del exceso de realidad que ha hecho que todo sea fugaz, etéreo, superficial, con menos compromiso». 

«Es verdad que hay una crisis muy grande del amor, que se ha convertido en algo hellokitesco. Lo publico en Instagram, luego amo, parece ser el lema. No importa el sentimiento, sino que lo muestre en las redes sociales. Se pueden dar discusiones de cuatro horas o tres meses sobre por qué no le diste ‘me gusta’ a mi foto en Instagram si eres mi pareja. En la posmodernidad debes mostrar amor, demostrándolo en Facebook. Esto ha llevado a hacer el amor virtual y a nuevas formas de erotismo en las que Eros lanza la flecha a través de Internet», abundó Pérez Pirela, para luego añadir que el amor ha terminado por ser una especie de consumo mutuo derivado de un  capitalismo desmedido que nos hace pensar en otra persona como mercancía y no como persona.

Un cierre netamente científico

Las preguntas generadoras de debate y reflexión siguieron apareciendo. Por ejemplo, si el amor tiene precio o tiene valor. ¿Podemos evitar el amor o es inevitable? ¿Se puede estafar en el amor y en tal caso, se estafa al otro o  a uno mismo?

Parafraseando a Ludwig Feuerbach, quien afirmó que Dios no es otra cosa que una proyección del hombre, interpeló: ¿no será que terminamos enamorándonos no del otro, sino de la imagen que tenemos del otro, y esa imagen es en realidad, nuestra imagen proyectada en esa persona?

También preguntó si ¿todos los tipos de amor son iguales?, y si ¿existe el amor o los amores? Igualmente dejó la siguiente duda: ¿Cupido (la versión romana de Eros) se puede enamorar? «Algunas veces somos Cupido y debemos dispararnos la flecha a nosotros mismos, lo que se asemeja al suicidio. ¿El amor es una suerte de suicidio: mato a una parte de mí en función del otro?».

Para concluir, quiso presentar la visión del amor de un científico por antonomasia, Albert Einstein, quien la compartió con su hija no conocida, fruto de una relación extramatrimonial, en una carta que le envió: 

«Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los prejuicios del mundo. Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.

Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo y aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el amor.

Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas.

El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.

Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo.

Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.

Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser sintiente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada.

Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.

Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta”.

Libro

En línea con el tema de este Viernes de Filosofía, ofreció al público su novela El último romántico (Memorias sentimentales de un venezolano en el extranjero), recientemente publicada por el Fondo Editorial Fundarte.

(LaIguana.TV)

 

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