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Investigadores de la Universidad Nacional de Tucumán desarrollan tejidos que aceleran la cicatrización de úlceras a partir de la liberación de antibióticos y sustancias que facilitan la generación de nuevos vasos sanguíneos.

 

La diabetes es una enfermedad que ataca de manera similar a un leopardo que va tras su presa. Es astuta y no ataca de entrada. Tiene un andar tan sigiloso que muchas personas no se percatan de su presencia hasta que ya es demasiado tarde, porque los síntomas demoran en aparecer y pueden tener diversos blancos: los riñones, el corazón, los ojos, los pies e incluso todas las arterias del cuerpo. Y, muchas veces, el zarpazo de esa cazadora crónica termina siendo letal.

 

Una consecuencia frecuente de esta enfermedad es el pie diabético, término que se refiere a ulceraciones e infecciones que afectan las extremidades inferiores de los diabéticos como consecuencia de la obstrucción de los vasos sanguíneos más alejados del corazón.

 

Se estima que un 20 por ciento de los diabéticos padecen de este problema, especialmente si hay una ausencia de control periódico de los niveles de glucemia. Así, una úlcera no tratada a tiempo o de manera correcta puede derivar en la amputación parcial o total de la extremidad afectada. Además, se calcula que un 40 por ciento de los pacientes amputados sufre una segunda amputación dentro de los cinco años siguientes, con una mortalidad del 50 por ciento en los tres primeros años. De este modo, el pie diabético constituye un importante problema de salud pública debido a su alta frecuencia y los elevados costos sanitarios, por la necesidad de internaciones prolongadas y costosos tratamientos.

 

En busca de herramientas que ayuden a evitar o paliar este tipo de consecuencias, especialistas de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) trabajan en el diseño y fabricación de scaffolds (un tipo de biomaterial, también llamados telas o mantas) para el tratamiento de úlceras en pie diabético.

 

Los scaffolds son matrices porosas que pueden imitar la estructura de un tejido u órgano y tienen como función reparar en forma parcial o total el tejido dañado. Estos biomateriales, que pueden ser de origen natural o sintético, deben ser biocompatibles, biodegradables, porosos y tener la capacidad de vehiculizar células y moléculas hasta el tejido a reparar.

 

El proyecto comenzó a raíz del trabajo de los investigadores Juan Carlos Valdez, Luis Olea y Mario Moussa, abocados a la investigación clínica de abordajes terapéuticos para la cicatrización de heridas crónicas. Con la idea de evaluar el uso de células madre en úlceras de pie diabético, contactaron a la especialista Andrea Rodríguez, quien propuso combinar la utilización de células madre autólogas (del propio paciente) con scaffolds fabricados a través de la ingeniería de tejidos. El objetivo final es transferir la tecnología desarrollada hacia nuevas empresas o empresas pre-existentes para su comercialización en el mercado farmacéutico.

 

En diálogo con TSS, Rodríguez explica: “Básicamente, la idea es obtener un scaffold que vehiculice células madre autólogas y libere en forma controlada antibióticos y sustancias angioinductoras (que estimulen la generación de nuevos vasos sanguíneos). Una vez implantado en el paciente, las células previamente sembradas en el scaffold podrán diferenciarse en células endoteliales y fibroblastos, acelerando así la cicatrización de la herida”. Además, la investigadora destaca que “podría ser utilizado en cualquier tipo de herida crónica, incluso en heridas infectadas, debido a su acción antibiótica”.

 

Con respecto a la posibilidad de que, una vez terminado y probado, se transforme en un producto disponible en el mercado, para la investigadora “no sería complicado fabricarlos en el país, porque nuestro equipo dispone del know-how para la fabricación de estos scaffolds. Además, en la Argentina están disponibles la materia prima y la tecnología necesaria de origen nacional para una posible industrialización”, asegura.

 

Si bien existen varios parches y scaffolds dermatológicos comercialmente disponibles, las mejoras del biomaterial desarrollado por los investigadores residen en la posibilidad de liberar de manera controlada un factor angiogénico para la inducción de nuevos vasos sanguíneos y un antibiótico para la inhibición de proliferación bacteriana.

 

La técnica de electrospinning elegida por el equipo de la UNT consiste en aplicar un gradiente de potencia eléctrica para dirigir una solución conductora polimérica y así dar lugar a la formación de telas con micro y nanofibras. “Un sistema de electrospinning se compone de una fuente de alta tensión, capaz de alcanzar 30.000 voltios; un sistema de bombeo de la solución polimérica y un colector de las fibras formadas”, detalla la investigadora. Las telas obtenidas mediante este método poseen características como una porosidad controlable y una buena resistencia mecánica.

 

Rodríguez señala que aún es muy pronto para estimar el costo final de las telas como producto. Pero dice que “tanto las materias primas como los costos de procesamiento son bajos en comparación con técnicas convencionales como la emulsión”. Y agrega: “Actualmente, ya hemos logrado el desarrollo a escala de laboratorio de mantas de diferente espesor con electrospinning. Y también estamos probando con otro método, el de impresión 3D. El fin es el mismo: que ambos grupos de scaffolds puedan ser empleados para la cicatrización acelerada de heridas y para regeneración ósea”.

 

(Nodaltec)

 

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