En su espacio Entre líneas, la investigadora Naile Manjarrés repasó el legado del todavía presidente estadounidense, Donald Trump, respecto de su política exterior hacia la región de Oriente Medio.

Resumidamente, «la política de Trump en Oriente Medio se enfocó en beneficiar estratégicamente a Israel», al tiempo que «fortaleció y respaldó a las monarquías del Golfo a fines de sus intereses y se ensañó contra Irán», precisó Manjarrés.

Empero, indicó que esto no constituye una diferencia sustantiva con respecto a las relaciones que avanzó la administración precedente, pues, «bajo gobiernos demócratas y republicanos, fortalecer a Israel es imprescindible para mantener la influencia de los Estados Unidos en Oriente Medio».

El aporte del mandatario, puntualizó la investigadora, fue establecer la primera base militar estadounidense en territorio israelí y prohibir la entrada a los Estados Unidos a ciudadanos provenientes de siete países de mayoría musulmana, todo en 2017.

La política de agresiones contra Irán fue, sin embargo, mucho más sostenida, puesto que en 2018 abandonó el acuerdo nuclear con la nación persa, al año siguiente anunció una nueva ronda de sanciones orientadas a impedir que desarrollara armas nucleares y en 2020 intentó que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas prorrogara indefinidamente el embargo de armas que pesa sobre el país, fracasando en su intento debido a la abstención de países europeos.

Y si bien «Trump se jactó de dar la orden de asesinato contra el líder iraní Qassem Soleimani», la experta precisa que administraciones demócratas han hecho lo propio, como sucedió cuando Hillary Clinton, secretaria de Estado de Barack Obama, celebró en público el asesinato del líder libio Muammar Gadaffi.

Así las cosas, «Biden no representa ningún aliciente», concluyó.

(LaIguana.TV)

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