Con base en una lectura comentada de los ensayos El poder, una bestia magnífica y Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, ambos del filósofo francés Michel Foucault, Miguel Ángel Pérez Pirela mostró cómo la escuela es una institución normalizadora esencial dentro de la sociedad disciplinaria y cómo su fallo en esa pretensión conduce a los individuos catalogados como «anormales», a la cárcel o al manicomio.

Según refiere Foucault en El poder, una bestia magnífica, esta normalización deriva de lo que describe como un fenómeno de amplio alcance, consistente en «la medicalización general de la existencia», según la cual, aquellos individuos que no siguieran el comportamiento aceptado socialmente, eran catalogados como locos «y poco a poco se empezó a anexar a la medicina el fenómeno de la locura, al considerarse que la locura era una enfermedad, a pensar que alguien pudiera estar enfermo en la medida en que pudiera estar loco».

Así las cosas, continuó relatando Pérez Pirela, para Foucault, «la norma no se define en lo absoluto como una ley natural sino por el papel de exigencia y coerción que es capaz de ejercer con respecto a los ámbitos en que se aplica. La norma, por consiguiente, es portadora de una pretensión de poder, es un elemento a partir del cual puede fundarse y legitimarse cierto ejercicio de poder».

En la vida cotidiana, ilustró para la audiencia de Desde Donde Sea, estas imposiciones vienen de la mano del Estado y del mercado, que definen los parámetros mediante los cuales ha de desarrollarse la existencia humana.

Siguiendo siempre al francés, precisó que «la escuela básica, la escuela secundaria y la universidad, son de los factores fundamentales de esta normalización en la cual la autoridad, que es el maestro o el profesor, te impone su pensamiento».

De esta manera, la escuela, en todos sus niveles, reproduce y legitima los alcances del ser social del sujeto y define de facto los límites de lo «normal», condenado a la «anormalidad» a quienes no sean dóciles a la imposición y, en cierto sentido, les condena al encerramiento ora en manicomios, ora en cárceles, donde se encargarán de hacerles «normales» otra vez.

Desde otro ángulo, en Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Foucault sostiene que los dispositivos disciplinarios, se apoyan y refuerzan sobre la base de las tecnologías carcelarias, que han devenido en una de las funciones esenciales de la nueva sociedad.

Así, detalló el experto, «el modelo que están aplicando en las cárceles, es el modelo que se está aplicando en las escuelas, en las universidades, en los hospitales, en los trabajos» y en cualquier otro ámbito de la vida, por lo que estas normas, que se valen de la figura del profesor-juez, el médico-juez y similares, pretenden hacer de las normas culturales, imperativos universales orientados a normalizar al sujeto, lo quiera este o no.

(LaIguana.TV)

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