Tal vez parezcan más de lo mismo, pero las más recientes medidas coercitivas unilaterales de la Unión Europea contra funcionarios del Estado venezolano tienen el propósito muy específico de dinamitar la ruta electoral, pacífica y de diálogo que ha comenzado a perfilarse a partir de la instalación de la nueva Asamblea Nacional.

Es un objetivo bastante perverso y, por lo demás, diametralmente opuesto a las declaraciones oficiales, según las cuales la UE busca, desinteresadamente, la paz, la concordia y, como meta final, lo que han llamado “unas elecciones libres”.

Lo cierto es que las oscuras fuerzas que manejan la política exterior de la UE tratan, desesperadamente, de abortar un proceso de normalización política que está en marcha.

A sabiendas de que la camarilla de extrema derecha a la que han venido respaldando entre 2019 y 2020, de la alocada mano de Donald Trump, no tiene la menor posibilidad de acceder al poder por vía de los votos,  se han propuesto boicotear cualquier avance que se haga en materia electoral, al menos hasta que la coalición encabezada por EEUU logre montar todo el tinglado necesario para unos comicios a la medida en los que el antichavismo pueda imponerse.

Ya la UE se opuso a las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre. Se negaron a enviar acompañantes con el absurdo alegato de que no había tiempo suficiente para preparar una misión; apoyaron las posturas abstencionistas de la ultra y ahora se niegan a reconocer la legitimidad del Poder Legislativo electo en esa consulta.

Las «sanciones» son un castigo a quienes desobedecieron la orden que la UE dio a Venezuela de no llevar a cabo esas elecciones, orden que  las élites europeas se consideran con derecho a impartir debido a su visión neocolonialista. Pero, más allá de ese enfoque que tiene que ver con hechos ya pasados, con estas represalias se pretende es influir de manera determinante en lo que está por venir.

Amedrentar, chantajear, extorsionar

Las  medidas coercitivas unilaterales contra funcionarios civiles y militares del Ejecutivo Nacional no son algo nuevo. Pretenden remarcar el carácter de dictadura que han decidido endilgarle al gobierno bolivariano. Lo mismo puede decirse de las «sanciones» contra magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y contra las rectoras del Consejo Nacional Electoral a las que se considera fichas del chavismo.

Pero la inclusión del rector Leonardo Morales, pieza de la oposición incorporada el año pasado al ente comicial (ha sido cuadro de Avanzada Progresista), es un manotazo en la mesa dirigido hacia todos aquellos independientes u opositores que  tengan previsto postularse como candidatos a rectores del CNE, un proceso que ya está abierto.

La UE aspira a abortar dicha selección o, en caso de no lograrlo, confía en que  solo puedan ser electos aquellos que tengan el visto bueno de la derecha europea. Se juega allí con el temor que tendrá cualquier venezolano o venezolana de ocupar ese tipo de cargos y ser sujeto de la persecución de los gobiernos del Viejo Continente.

El mismo efecto esperan causar en los opositores que han decidido participar en las elecciones de gobernadores y alcaldes que ya se avizoran. La presencia en la lista de castigados de los diputados opositores José Brito y Bernabé Gutiérrez es la advertencia expresa. Todos los que se postulen pueden sufrir la misma suerte.

Es necesario considerar que muchas personas independientes y opositoras, en particular los dirigentes políticos de derecha, pueden ser particularmente susceptibles a la amenaza de sanciones de los países de Europa y de Estados Unidos por tener propiedades, cuentas bancarias, negocios o familiares en esas naciones. Todo esto forma parte del amedrentamiento, la extorsión y el chantaje implícito en la ilegal práctica de las sanciones.

El año pasado, las presiones sobre los opositores fueron evidentes, pues varios de ellos habían anunciado que participarían en las elecciones parlamentarias y poco tiempo más tarde se «arrepintieron». Entre los casos más destacados estuvieron Henrique Capriles y Henry Ramos Allup, ambos con mucho que perder en caso de afrontar una represalia europea o estadounidense.

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)

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