El imperialismo no es simplemente un régimen económico-militar de control y explotación. Posee también un frente que le aporta una dimensión integral al sistema, la dominación cultural. Esta puede definirse como la penetración y control de la vida cultural de las clases populares por parte de las élites gobernantes con el fin de reorientar las escalas de valores, las conductas, instituciones e identidades de los pueblos sometidos. Por ello los planificadores imperiales le reservan al arte y los artistas un importante papel dentro de sus proyectos de dominación.

Durante muchos años, las artes gráficas, la arquitectura y la comunicación visual se convirtieron en prioridades nacionales del Gobierno Federal de los Estados Unidos. Los actores y acontecimientos que impulsaron para que esto sucediera escribieron un capítulo poco conocido de la historia del diseño.

Corría la década de 1970, cuando agencias y departamentos federales del gobierno de los Estados Unidos como el Servicio de Parques Nacionales, la Agencia de Protección Ambiental, el Servicio Postal, el Departamento de Transporte y la NASA revisaron sus identidades visuales y sistemas de comunicación. De repente, diseñadores famosos como Lella y Massimo Vignelli, los pioneros de la identidad corporativa Ivan Chermayeff y Tom Geismar, el gurú de la señalética Lance Wyman y el diseñador industrial Raymond Lowey tuvieron una gran influencia a nivel nacional. El gobierno los convocó para rediseñar la imagen del imperio y todos asumieron el reto con entusiasmo.

El protagonista principal de esta historia no es otro que Richard Nixon. El diseño federal estaba dentro de las atribuciones de la, para entonces, recién creada Fundación Nacional para las Artes (NEA por sus siglas en inglés), y su evolución estuvo estrechamente ligada al crecimiento de la incipiente agencia.

En 1969, el primer año de la presidencia de Nixon, Leonard Garment, asesor especial de la Casa Blanca para las políticas internas y defensor de las artes durante toda su vida, escribió un memorando en el que aconsejaba hacer un aumento significativo del financiamiento de la NEA por considerar que «el patrocinio a las artes es, cada vez más, una buena política» para ganar respeto e influencia. Con un gasto minúsculo en términos del presupuesto total de la nación, argumentaba Garment, se podría proporcionar un apoyo significativamente mayor a las actividades culturales.

Estos consejos debieron surtir su efecto pues, durante su administración, Nixon duplicó los fondos destinados a la NEA y el dinero tuvo un gran impacto. La Fundación logró poner en contacto a las agencias gubernamentales con diseñadores y arquitectos, una asociación que generó numerosos proyectos que se implementaron en ciudades de todo el país e introdujo cambios de diseño internos que hicieron que las operaciones gubernamentales fueran más eficientes.

En un comunicado de 1971 a los jefes de los departamentos y agencias federales, Nixon ordenó: “Es mi deseo urgente que la creciente asociación entre el gobierno y las artes continúe desarrollándose en beneficio de ambos, y más particularmente en beneficio del pueblo de América… Creo que todos podemos encontrar que las artes tienen mucho más para contribuir a lo que nosotros en el gobierno buscamos lograr, y que esto será bueno para las artes y bueno para el país”.

Otro movimiento fundamental de Nixon fue nombrar a Nancy Hanks como presidenta de la NEA. Fue una promotora de las artes hábil, poderosa y persuasiva. Su empeño fue fundamental para expandir la escala y el alcance de la agencia. A la que convirtió en un vehículo para rediseñar el propio gobierno.

Hanks, quien sirvió de 1969 a 1977, estableció el Programa Federal de Mejora del Diseño en 1972. La mayoría de las agencias le dijeron a Hanks que querían mejores gráficos y mejores oficinas, por lo que dividió el programa en dos partes: el Programa Federal de Mejoramiento de Gráficos (activo desde 1972 a 1981) y el Proyecto Federal de Arquitectura (activo hasta 1977). Estas dos iniciativas renovadoras consolidaron el diseño como política prioritaria del gobierno.

Para dar a conocer lo que el diseño podría hacer por las agencias gubernamentales, la NEA organizó cuatro conferencias que denominó «Asambleas de Diseño». Más de 1.000 diseñadores y funcionarios públicos participaron en la primera asamblea, en 1973. El mismo año, Chermayeff editó Design Necessity, un compendio sobre comunicaciones visuales, arquitectura paisajística, diseño industrial, diseño de interiores y proyectos de arquitectura iniciados a nivel federal, con la intención de subrayar cómo el diseño podría mejorar el gobierno.

Si bien tanto los buenos gráficos como la arquitectura se enfatizaron en los años 70, el enfoque en la comunicación visual se desvaneció después de varios años mientras que la arquitectura permaneció en la agenda presidencial hasta la administración Reagan. Pero durante unos años, bajo la dirección de Hanks, el enfoque del gobierno hacia el diseño gráfico experimentó una transformación radical.

Los diseñadores al frente de este movimiento nacional lograron introducir consistencia visual, mejorar la comunicación y hacer más sexy la imagen pública del imperio. Crearon símbolos, ahora omnipresentes, del gobierno y la infraestructura como la identidad visual del Departamento de Transporte de la AIGA, el logotipo del Servicio Postal de EE.UU. Y la estandarización de las señales de tránsito. Una verdadera época dorada para el diseño gubernamental cuyo legado dura hasta nuestros días.

(Iván Lira / LaIguana.TV)

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