Sputnik conversa en exclusiva con la que hasta ahora fue embajadora de Venezuela ante la Unión Europea, Claudia Salerno, quien fue declarada persona no grata por el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE.

La relación entre Venezuela y la Unión Europea se encuentra nuevamente en un punto de máxima tensión. La aplicación de medidas coercitivas contra 19 funcionarios venezolanos por parte del bloque europeo provocó que Venezuela expulsara a la embajadora de la UE en Caracas. 48 horas después el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE tomó la misma decisión contra la embajadora venezolana ante la Unión Europea, Claudia Salerno.
 
Para conocer más sobre lo ocurrido, Sputnik conversa con Claudia Salerno, también embajadora de Venezuela ante el Reino de Bélgica y Luxemburgo, y doctora en derecho internacional público en la Universidad Panthéon-Assas (Francia).
 
—Después de casi cinco años como embajadora de Venezuela ante la UE usted ha sido declarada persona non grata, ¿qué pasará ahora?, ¿tiene un tiempo establecido para irse?
 
—No, no. Yo tengo la particularidad que tengo tres funciones en este espacio. Ejerzo como representante ante la UE, pero también soy embajadora extraordinaria y plenipotenciaria ante Bélgica y Luxemburgo, lo cual hace que siga ejerciendo estas funciones. Solo Bélgica, que es el Estado receptor, puede decretar la expulsión. La UE no puede. Entonces, en principio, el texto de la nota verbal que me ha sido entregada utiliza el término de persona no grata, pero únicamente en función de mi ejercicio como embajadora ante la Unión Europea. Hasta tanto, yo sigo disciplinariamente ejerciendo como embajadora en Bélgica y Luxemburgo.
 
—¿Qué consecuencias tendrá para Venezuela y para la UE la expulsión de sus delegadas diplomáticas?
 

Lo primero que hay que resaltar es que Venezuela tomó esa decisión muy a su pesar. Nosotros nunca hubiéramos querido llegar a este momento que estamos viviendo con la Unión Europea.

Hemos empleado todos los recursos diplomáticos y todos los caminos políticos para tratar de restablecer un diálogo constructivo con la Unión Europea y, sin embargo, en el momento en el que estábamos construyendo un puente sólido para establecer los criterios de un diálogo, de un acercamiento de cooperación respetuosa, por sorpresa, cuatro países que se hacen llamar como el grupo central de interés de Venezuela en el bloque europeo, decidieron impulsar una lista de sanciones contra 19 funcionarios venezolanos, sin consultar con los otros países, sin mediar ningún tipo de comunicación y sin el derecho a la debida defensa.
 
—¿Cuáles fueron esos cuatro países que promovieron la nueva lista de sanciones y qué los pudo haber motivado?
 
Francamente hay que decir que nuestro principal reclamo y lo que más lamentamos es que Alemania, Francia, España y los Países Bajos, los que se hacen llamar el grupo central de Venezuela en la Unión Europea, hayan decidido abruptamente aparecerse en una reunión sobre asuntos de América Latina y El Caribe en Bruselas con una lista de 19 personas que se sacaron debajo de la manga.
 
 

Hay indicios que nos pudieran hacer pensar que hay una motivación y un impulso que está generado por lo peor de la derecha europea y lo peor de la ultraderecha venezolana en el exterior, que ha decidido, en su frustración ante la agenda fallida de Trump, trasladar a Bruselas el ánimo de seguir enardeciendo el tono y el nivel de la relación con Venezuela.

—Hace apenas un mes, el Consejo de Asuntos Exteriores rebajó el estatus de Juan Guaidó de presidente encargado a interlocutor privilegiado e hizo un llamado al diálogo y a la reconciliación. Aunque, claro, también advirtió que podrían aplicarse más sanciones.
 
—Es que la Unión Europea siempre llena y termina sus comunicados haciendo un llamado para que en Venezuela haya diálogo, se resuelvan los problemas a través del voto, de manera pacífica; pero una lista de sanciones nada tiene que ver con ese mensaje con el que dicen comulgar.
 
La contradicción está en el seno de las instituciones europeas y no en Venezuela. Nosotros, mientras tanto seguimos mandando el mismo mensaje: los presidentes de Venezuela no se eligen ni en Bruselas ni en Estrasburgo en las sesiones del pleno del Parlamento europeo, se eligen en Venezuela. No se eligen en Madrid ni se hace campaña electoral en el Parque El Retiro. Tienen que ir a Venezuela, hacer campaña allí y ganar.
 
Yo, que fui estudiante en una universidad europea, prefiero creer que la UE tiene que seguir teniendo en alguna parte, algo que la haga conectarse con esa grandeza de unión que realmente establecía puentes. ¿Cómo se convirtieron ahora en el espacio cooptado por Trump y lo peor de la derecha de la política global? Esto es absolutamente lamentable.
 
Nosotros mandamos el mismo mensaje desde hace 200 años, no hemos cambiado el discurso ni un centímetro: somos libres, somos independientes, no tenemos absolutamente nada que ver con ellos, los respetamos, pero no van a decidir por nosotros absolutamente nada, y en eso no vamos a transigir ni un milímetro.
 
—Tras la sanción a los 19 funcionarios venezolanos, el Gobierno bolivariano expulsó a la embajadora de la Unión Europea, la portuguesa Isabel Brilhante. La UE alertó que esa expulsión era «injustificada» y «contraria al objetivo de la Unión de desarrollar relaciones». ¿Qué responden ustedes?
 
—Lo único que es contrario al objetivo de desarrollar buenas relaciones es imponer medidas coercitivas unilaterales. Poco antes de que la Unión Europea tomara esa decisión había ocurrido una importantísima visita a Venezuela de la relatora especial de la ONU sobre medidas coercitivas.
 
Tras presentar un informe con el que la relatora pedía a EEUU y a la ONU para que levantaran sus sanciones contra Venezuela, la UE respondió aumentando la lista de sanciones contra nuestro país. Es completamente extemporáneo, pero además fuera de regla, porque el Derecho Internacional no solo no contempla, sino que prohíbe expresamente que ningún organismo regional, subregional o de cooperación, pueda establecer sanciones contra ningún país que no haya tenido el aval del Consejo de Seguridad de la ONU.
 
La Unión Europea no es un organismo supranacional que está por encima del sistema universal. En este mundo en el que vivimos nos hemos dado un sistema universal de derechos y, en ese sistema, está el más sagrado de todos, que es el Derecho Internacional, el cual debe ser acatado y protegido por todos.
 
—Será que les gusta el ruido que generan las sanciones. Pero lo que más entristece es que la Unión Europea siga obsesionada tratando de mantener el foco en una metodología que es contraria al Derecho Internacional y que no genera los resultados que ellos mismos dicen querer generar. ¿Cuántos años más necesita la Unión Europea para entender que Venezuela no va a cambiar su independencia ni su autonomía electoral por el hecho de que nos coloquen en una lista?
 
Por ejemplo, a la oposición venezolana, por el simple hecho de haber, de alguna manera, desacatado la instrucción de la Unión Europea de no participar en las elecciones, los metieron en la lista de sancionados ¿quiénes son ellos para hacer eso?
 
—La Unión Europea alega que son sanciones individuales contra funcionarios, no contra un país, que eso no afecta al resto de la Nación ¿cuál es el impacto de estas sanciones?
 
—El impacto es colectivo desde el momento en el que tocan a cualquier persona que tiene un ejercicio en la función pública, porque el Ejecutivo ejerce porque ha habido una elección popular que ha decidido que el Gobierno sea ejercido por una persona y, en consecuencia, por un equipo que esa persona electa escoge. Esa es la naturaleza misma de la democracia. Entonces, que la Unión Europea sancione a rajatabla a todos los poderes públicos nacionales significa que está mandando un mensaje diciendo que no respeta la voluntad del pueblo venezolano, por eso toca a todo el pueblo venezolano.
 
—¿Cuál es el peligro que usted ve en las relaciones internacionales si se mantienen este tipo de políticas?
 
Son una afrenta a todo lo que nosotros hemos venido construyendo como naciones civilizadas desde la posguerra para acá. Todos entendimos que había que crear un sistema universal de derechos que nos reuniera a todos como naciones iguales y que nos permitiera a todos, entre todos, darnos un espacio en el cual pudiéramos dirimir nuestras diferencias, que eso tenía que ser sagrado porque era la garantía de que nunca más en el planeta hubiera confrontaciones como las que se vivieron hasta finales de 1945.
 

Todo lo que ocurre ahora va en contra de todo lo que nosotros mismos nos hemos dado como ley. Esa es la primera gran transgresión, y es ahí donde el fascismo encuentra lecho, donde los fanatismos encuentran lecho y cuando cada uno va por su cuenta o se da un todos contra todos es cuando ocurren las peores desgracias. Las últimas que este planeta vivió vinieron y ocurrieron en el seno de la Unión Europea. Por eso hay que estar muy alertas.

No se trata de una lista de sanciones, se trata de que se está rompiendo el sistema universal de derechos, y eso es grave.

Y hoy en día, en un mundo con el clima totalmente alterado, que está amenazado por la pandemia global más importante que haya ocurrido en los últimos 100 años, tenemos que ser suficientemente maduros como políticos para entender que hay cosas más importantes de qué hablar entre Venezuela y la Unión Europea. Por eso clamo a la madurez de la Unión Europea, a la necesidad de terminar de romper con la agenda de EEUU. El mundo requiere políticas serias y volver a la Europa del Tratado de Versalles.

Porque detrás de cada comunicado de la UE, detrás cada sanción, de cada pequeña acción, informe o veneno que quieran meter contra nuestro país, hay cientos de miles de personas que se pueden ver afectadas y esa es a la responsabilidad a la que nosotros hemos hecho un llamado. No pueden seguir manejándose bajo la agenda del ego de Leopoldo López o Guaidó, eso no puede ser, en ninguna circunstancia, el motor de una relación binacional tan relevante.

No puede ser que hoy en día, en el 2021, con los retos globales que tenemos, el primer gesto de la UE hacia un país que acaba de elegir una nueva Asamblea Nacional sea sancionar, en lugar de construir un puente, de hacer una visita oficial, nombrar una delegación y contribuir a la paz, a la estabilidad, a la resolución de las necesidades críticas a las que nos ha puesto a vivir las sanciones miserables de EEUU. Yo creo que el mundo espera otra cosa de Europa, y nosotros también. Yo, en lo personal, prefiero seguir pensando que es posible.

(Sputnik)

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