Durante décadas, el lema «nunca te quejes, nunca expliques» fue la base de la vida de la realeza británica, incluyendo su trato con la prensa.

Pero las revelaciones hechas por el duque y la duquesa de Sussex en la entrevista con Oprah Winfrey ponen en tela de juicio el estado de la relación entre la monarquía británica y los medios.

El príncipe Harry aludió a un «contrato invisible» entre la familia real y los periodistas -un mundo en el que se ofrece visibilidad pública orquestada y un nivel de escrutinio tradicionalmente aceptado a cambio de respetar la privacidad detrás de las puertas de palacio-.

Meghan explicó: «Hay una razón por la que estos tabloides celebran festividades en palacio. Son invitados del palacio, los tabloides. Sabes, aquí hay un constructo en juego».

Pero ese supuesto constructo no pudo evitar lo que Meghan describió como un «furor mediático», que ha tenido un contundente impacto en la salud mental de la pareja y jugado un gran papel en su decisión de apartarse de la vida real el año pasado.

Entretanto, el príncipe reveló que «temía que la historia se repitiera» -en alusión a su madre Diana, la princesa de Gales, que murió en un accidente automovilístico en París cuando era perseguida por la prensa-.

Entonces, ¿cómo funcionaba este contrato originalmente? Y, ¿acaso está ya roto?

La joya en la corona

La relación entre la monarquía y los medios ha sido históricamente de beneficio mutuo, explica la doctora Laura Clancy, catedrática de medios en la Universidad de Lancaster y autora del próximo libro Running the Family Firm: How the Monarchy Manages Its Image and Our Money («Administrando la firma familiar: cómo la monarquía maneja su imagen y nuestro dinero»).

Para el Palacio de Buckingham, la prensa ha sido una herramienta para comunicarse con sus súbditos, mientras que los medios llevan mucho tiempo usando a la monarquía para atraer lectores y usuarios.

En décadas recientes, la realeza ha tenido que operar en el marco de «una era de tabloides y chismes sobre la realeza», con Meghan como la última en experimentar una vida bajo el microscopio mediático, dice la doctora Clancy.

«La construcción de la familia real, como individuos reales con historial individuales, significa que la monarquía puede ser consumida por la audiencia en una época de interés en la vida de las figuras públicas», añade.

Las cifras de los investigadores de motores de búsqueda Rise at Seven mostraron que un total de 74.000 artículos sobre Meghan fueron publicados por todo el mundo desde que el duque y la duquesa confirmaron sus planes de distanciarse de palacio.

Además, las búsquedas sobre la duquesa se dispararon un 600% después de que la entrevista con Oprah fuera anunciada.

Pero, a pesar de este interés, el público británico en general «conoce muy poco de la mecánica interna» entre la monarquía y los medios, como el sistema real de asignaciones que le otorga a «ciertos periodistas un acceso más personal a los eventos de la realeza», indica la doctora Clancy.

Por otro lado están los arreglos informales, como el denominado «acuerdo de olla presión», mediante el cual los paparazzi dejarían en paz a los príncipes William y Harry «a cambio de ocasiones intermitentes en las que serían invitados a tomar fotos de eventos cuidadosamente preparados», como el 18º cumpleaños del príncipe William en su exclusivo colegio Eton.

Esta práctica continúa online de una nueva manera con las publicaciones del príncipe en Instagram, que «aparentan dar a los usuarios un acceso íntimo a la realeza, pero se siente que están cuidadosamente montadas«, añade Clancy.

Competencia de clics

No obstante, el creciente predominio de las noticias digitales ha alterado esta relación, a medida que la prensa se moviliza para generar ingresos en un panorama mediático que evoluciona rápidamente.

«Los periódicos todavía están en el negocio de vender una audiencia a las empresas de publicidad, de lectores y de páginas vistas», indica el experto en publicidad digital Rob Weatherhead.

«Esto no ha supuesto un cambio fundamental con el viraje hacia lo digital, aunque las mediciones y las cifras sí han cambiado».

Las editoriales ahora «priorizan cantidadsobre calidad«, asegura.

Y si antes se peleaban por lograr un lugar privilegiado en la estantería de los periódicos, hoy día las editoriales compiten globalmente por prioridad en los motores de búsqueda.

En la «carrera por llegar primero» y alcanzar audiencias online y a través de redes sociales, dice Weatherhead, impera priorizar los índices y las tendencias de búsqueda.

Eso quiere decir que el perdurable interés en la monarquía hace de los miembros de la realeza «un tema de gran interés para las publicaciones, independientemente de los puntos de vista individuales».

El volumen de cobertura en torno a Meghan y la entrevista de Oprah ha dejado esto particularmente claro.

En febrero, cuando la entrevista y el embarazo de Meghan fueron anunciados, se escribieron 6.080 artículos. Desde entonces, el interés se ha disparado.

Solo en la primera semana de marzo, salieron 25.894 notas sobre la duquesa -un incremento de más del 600%-. Y la noche del lunes, cuando el mundo reaccionó a la transmisión en EE.UU. y su posterior emisión en Reino Unido, se alcanzaron los 448 artículos en 24 horas, un alza diaria del 348%.

Según Weatherhead, «los monárquicos querrán leerlo, los anti-realeza querrán despotricar, y la gente que se encuentra en la mitad tendrá un interés pasajero sólo para mantenerse al tanto de las noticias».

«Tiene un atractivo bastante global. Y eso conlleva un alto número de páginas vistas e ingresos publicitarios», apunta.

«¿Se rompió el equilibrio?»

La desestabilización ha influido directamente en la relación de la realeza británica con la prensa. Ninguna de las partes puede controlar fácilmente la narrativa y definir la relación.

El príncipe Harry manifestó a Winfrey que los tabloides británicos eran «intolerantes« y creaban un «ambiente tóxico» de «control y miedo».

Pero añadió: «Soy extremadamente consciente de la posición de mi familia y de lo intensamente temerosa que está de que los tabloides se vuelvan en su contra«.

Meghan añadió que las redes sociales habían convertido la relación con la prensa en «el salvaje, lejano oeste», e indicó que la parte de la realeza encargada de la relación con los medios no les defendió, ni a ella ni a su esposo, de las noticias falsas.

En respuesta, la Sociedad de Editores manifestó que los medios no eran intolerantes y que hacían que los «ricos y poderosos» rindieran cuentas.

Pero, después de recibir críticas, emitió otro comunicado el miércoles para aclarar que sus comentarios iniciales «no reflejaban lo que todos sabemos: que los medios tienen mucho por hacer para mejorar la diversidad e inclusión«.

Las recientes declaraciones del duque y la duquesa se suman a una creciente lista de quejas públicas contra ciertos elementos de la prensa, que operan al margen de la tradicional relación de trabajo entre el Palacio de Buckingham y los medios británicos.

A comienzos de este mes, Meghan demandó con éxito al periódico Mail on Sunday sobre la publicación de cartas privadas a su padre y solicitó un «registro de ganancias» con respecto a su reclamo por violación de derechos de autor, que el tribunal aceptó.

Esto quiere decir que, a diferencia de los tradicionales daños y perjuicios, el periódico tendrá que pagar por daños basado en los ingresos que percibieron por la publicación de las cartas: un reconocimiento directo (y desafío) al valor de la familia real y su relación con la prensa.

«La monarquía depende de una cuidadoso equilibrio de visibilidad e invisibilidad para mantener su poder, así que el mecanismo interno de la monarquía debe mantenerse invisible para proteger a la institución del escrutinio», subraya la doctora Clancy.

«La entrevista ‘confesonario’ de Harry y Meghan amenaza con romper este equilibrio».

Opiniones a sueldo

Los analistas sobre de temas de la realeza que ofrecen sus opiniones a cambio de pagos también forman parte de la maquinaria mediática real.

Su papel se evidenció cuando los bromistas de YouTube Josh Pieters y Archie Manners engañaron a una serie de comentaristas para que dieran su opinión sobre la entrevista de Oprah Winfrey dos días antes de que se emitiera.

«Los medios noticiosos necesitan fuentes y columnistas para su cobertura», explica Rasmus Kleis, director del Instituto para el Estudio del Periodismo de la agencia Reuters.

«Cuando nadie -o sólo muy poca gente que busca activamente controlar la narrativa- tiene conocimento real de un tema, siempre existirá el riesgo de que algunas publicaciones se conformen con fuentes anónimas interesadas y cualquiera que esté dispuesto a dar su punto de vista, o por lo menos a expresar una opinión, con tal de que sirva para vender«.

(BBC)

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