Este fin de semana, el pueblo chileno protagonizó una jornada histórica, en la que amén de elegir a gobernadores –estos por vez primera–, alcaldes y concejales, se seleccionó a los representantes que se encargarán de redactar una nueva Carta Magna para el país, resultando en una victoria contundente de las fuerzas independientes y de izquierda, en lo que parece ser el paso definitivo para enterar, de una vez por todas, la herencia pinochetista.
 
En este orden, el filósofo y comunicador venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela, explicó en su programa Desde Donde Sea las causas de este decisivo paso en el país andino, que en data reciente son consecuencia directa de las protestas antigubernamentales que surcaron al país a fines de 2019, pero que en términos históricos se remontan al golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 en el que fue depuesto el presidente socialista Salvador Allende. 
 
A este respecto, recordó que esta acción sediciosa fue abiertamente promovida por el gobierno del entonces presidente estadounidense Richard Nixon, particularmente a través de su secretario de Estado, Henry Kissinger, financiada por transnacionales como General Motors o Pepsi y catapultada por medios comprometidos con el fascismo como El Mercurio.
 
Internamente, el golpe de Estado contra Allende contó con el respaldo de la oligarquía y tuvo en las Fuerzas Armadas su brazo ejecutor, cuyos miembros siguen perteneciendo, en su mayoría, a esa clase social. 
 
Instalado el dictador Augusto Pinochet, quien se mantuvo ejerciendo el poder directamente entre 1973 y 1990, se aplicó lo que la investigadora Naomi Klein llamó «la doctrina del shock» –debido a la necesidad de contar con un gobierno represivo para impedir los levantamientos populares–, consistente en la aplicación de medidas de la ortodoxia neoliberal teorizada por los llamados «Chicago Boys», relató el experto. 
 
De esta manera, Chile se convirtió en el «laboratorio internacional» del neoliberalismo, que en términos prácticos implica la privatización de todos los aspectos esenciales de la vida, como la salud, la educación, el acceso al agua potable o los fondos de pensiones. 
 
El ejemplo, continuó relatando, fue seguido posteriormente por un aliado cercano de el dictador: el Reino Unido bajo el mandato de Margaret Tatcher, que además prestó su territorio para que desde allí la potencia imperial atacara a la vecina Argentina durante la Guerra de Las Malvinas. 
 
Desde el primer día, apuntó Pérez Pirela, el régimen dictatorial estableció un Estado de terror permanente, asesinando y desapareciendo masivamente a jóvenes, campesinos, dirigentes de izquierda y a cualquier actor social «sospechoso». 
 
A su parecer, la herencia de estos oscuros días no ha sido superada, pero los resultados de las megaelecciones, en los que las agrupaciones independientes y de izquierda –con particular relevancia, el Partido Comunista de Chile– lograron aplastar electoralmente a la derecha pinochetista y a la izquierda más reformista, hacen tambalear seriamente el cuestionable legado de Pinochet.  
 
Una Constituyente llena de jóvenes que abrazan banderas progresistas 
 
En el espíritu de analizar por separado cada una de las elecciones contenidas en el proceso megaeleccionario de Chile del pasado fin de semana, el también director comenzó refiriéndose a los comicios constituyentes, cuyo resultado ninguna firma encuestadora fue capaz de vaticinar. 
 
Para ello, mencionó que a pesar de las voces agoreras y de los pronósticos de las encuestadoras, que califican a la nación austral como de las más conservadoras de la región, parece estarse cumpliendo el último vaticinio de Allende: «se abrirán las grandes alamedas», aunque, matizó, diversos movimientos sociales con gran capacidad de movilización en la calle –como las feministas, por ejemplo–, no consiguieron insertarse dentro de las reglas electorales, que imponía la participación a través de listas, y no consiguieron representación directa en la Constituyente. 
 
Comentó, asimismo que el gran perdedor de la contienda fue la lista oficialista Chile Vamos, con el que la derecha local se postuló unida. La derrota se hizo más notoria porque tenían «todo a su favor», incluyendo ingentes fuentes de financiamiento. 
 
En su opinión, Chile despertó como país de fuerzas alternativas, progresistas y de izquierda. Incluso en la alcaldía de Santiago, la capital, se impuso una joven mujer representante del Partido Comunista. 
 
Regresando al estropicio electoral de la derecha, precisó que con 37 escaños, la lista Chile Vamos queda lejos del tercio de curules necesarios para vetar los acuerdos constituyentes, una meta que se había propuesto para bloquear aquellas leyes que contravinieran sus intereses. 
 
Ante esta clara derrota, el presidente Sebastián Piñera, gran perdedor de la jornada, dijo: «la ciudadanía nos ha enviado un fuerte mensaje al gobierno y también a todas las fuerzas políticas tradicionales: no estamos sintonizando adecuadamente con la ciudadanía y estamos siendo interpelados por nuevas expresiones y por nuevos liderazgos», citó el comunicador. 
 
Desde su punto de vista, se trata de una forma maquillada para decir que el pueblo chileno se cansó de tanta desfachatez de una oligarquía dictatorial, que permanece en el poder gracias a la Constitución legada por el dictador.
 
«No hay duda que estamos viviendo una derrota transversalmente, una derrota que nos tiene que hacer reflexionar. No hemos sido capaces de interpretar a la mayoría ciudadana que está pidiendo cambios», reconoció, por su parte, Mario Desbordes, uno de los candidatos presidenciales de la derecha. 
 
Por otra parte, refirió el filósofo, la izquierda agrupada en la lista Apruebo Dignidad –conformada por el Partido Comunista de Chile y la mayor parte del Frente Amplio– alcanzó 28 escaños, convirtiéndose en la segunda fuerza política del país, destacándose su programa abiertamente antineoliberal, que quedó solo por detrás de una lista de independientes desconocidos por el ‘establishment’.
 
De su lado, apuntó la ex-Concertación –coalición de centro izquierda que gobernó alternantemente con la derecha desde 1990–, concentrada en la lista Apruebo, consiguió 25 escaños y quedó relegada a la tercera posición. 
 
En todo caso, reflexionó, estos resultaron signaron el final del bipartidismo gobernante desde la salida de Pinochet y abrieron las puertas a actores no provenientes de los viejos partidos, de lo cual la victoria de los sectores independientes es un signo elocuente.
 
En ese sentido, indicó que alcanzaron 48 escaños, superando toda proyección y evidenciando el hartazgo de la población hacia la política y los políticos tradicionales. Más precisamente, la mitad de estos curules corresponde a la llamada Lista del Pueblo, 11 son de Nueva Constitución (independientes-centroderecha) y los 13 restantes no pertenecen a ninguna fuerza.
 
A su juicio, otro aspecto a destacar es que 17 de los escaños constituyentes están garantizados a los pueblos indígenas, en lo que puede interpretarse como una reivindicación al pueblo Mapuche, tradicionalmente asediado y perseguido por el Estado chileno, mientras que el Partido Humanista consiguió apenas un miembro. 
 
«Esto abre las puertas a una reforma constituyente progresista, caracterizada por la paridad de género, que incluye 83 mujeres y 72 hombres, al menos hasta el momento. Es otra cachetada al machismo del pinochetista», añadió.
 
Los 155 constituyentistas tendrán un plazo de hasta un año para redactar la nueva Carta Magna, que será sometida a referéndum aprobatorio y en opinión de Pérez Pirela, se verán sometidos a inmensas presiones, que persiguen «cortar la esperanza que hoy florece en Chile».
 
Para cerrar este punto, mencionó que la participación fue menor que la del plebiscito de octubre de 2021, en la que participó el 50,9%. En esta ocasión, destacó, la afluencia fue de 42,5%, baja que puede explicarse por la situación sanitaria, el advenimiento del invierno y cierta pérdida de interés en algunos sectores, luego de que la atención se centrara en la crisis pandémica y a sus efectos económicos. Además, otro factor que influyó en la baja participación fue la falta de transporte, según consta en múltiples denuncias divulgadas a través de diversos medios. 
 
Elecciones regionales y municipales: el termómetro de las presidenciales en Chile
 
Antes de entrar en materia, Miguel Ángel Pérez Pirela apuntó que las elecciones de alcaldes y concejales en Chile, «son una especie de termómetro que permite medir las preferencias electorales», de cara a los comicios presidenciales, tradicionalmente convocados poco tiempo después. 
 
Con respecto a los resultados de las elecciones a gobernadores, subrayó que por primera vez se realizó un evento electoral de este tipo en ese país, lo que da cuenta de los evidentes rezagos y deficiencias de su democracia, que a menudo es celebrada internacionalmente. 
 
Los gobernadores electos ayer, reemplazarán a los intendentes, designados directamente por la presidencia y para hacerse con el cargo, el candidato que puntee, debe superar el 40% de los sufragios o de lo contrario, tendrá que competir en ‘ballotage’. 
 
De acuerdo con las cifras oficiales, en la jornada electoral del 15 y el 16 de mayo, solamente tres regiones eligieron a sus gobernadores en la primera vuelta. El resto debe esperar hasta el 13 de junio. 
 
Para poner en perspectiva la debacle electoral de la derecha, el analista criollo recuperó datos recopilados por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), con respecto a las regionales de 2016, los resultados reflejaron una disminución en la cantidad de alcaldías controladas por la alianza derechista Chile Vamos y, en menor medida, para la ex-Concertación. 
 
De ese modo, reseña la institución, la UDI, principal partido de Chile Vamos, obtuvo 20 alcaldes menos que en 2016, mientras que Renovación Nacional, también dentro de Chile Vamos, obtuvo 32 alcaldías, frente a las 47 de la elección anterior.
 
Por su lado, la ex-Concertación recibió menos golpes, pero también redujo la cantidad de alcaldías. El PPD obtuvo 10 alcaldías menos y el Partido Socialista quedó con tres menos que en 2016. El resto de la oposición y los independientes ganaron el 37,%, con el Frente Amplio y el Partido Comunista crecidos. 
 
Un escenario similar se replica en las concejalías. El CELAG sostiene que en 2016, Chile Vamos y la Concertación –nueva mayoría en esa elección–, concentraron el 86,6% de los apoyos, (2.240 escaños de los concejos municipales), al tiempo que este fin de semana, Chile Vamos reunió 7% de los escaños y la nueva mayoría quedó con el 44,5%. El resto de fuerzas políticas de la oposición aumentó su representación, pasando de 13,4% a 20,8%. 
 
El ciclo electoral de Chile aún no concluye, pues está pendiente la segunda vuelta de las elecciones regionales, programada para el 13 de junio y las elecciones presidenciales, que se realizarán el 21 de diciembre. 
 
Diversos analistas coinciden que estos resultados impactarán el decurso de los comicios presidenciales y en ese orden, Pérez Pirela señaló que el candidato de la izquierda, Daniel Jadue (Partido Comunista), sale reforzado, tanto por su propio resultado en la región de Recoleta, como lo que logró a nivel constituyente con su lista Apruebo Dignidad. En este momento, precisó, aparece como primero o segundo en todas las encuestas publicadas. 
 
Visto lo visto, el comunicador estima que es poco probable que a la derecha le vaya bien en las presidenciales. Sin embargo, reconoció que dos candidatos de esta tendencia, Evelyn Mattei y Joaquín Lavín, obtuvieron buenos resultados en sus comunas, pero no en las elecciones constituyentes. 
 
Entre los datos relevantes de la justa electoral chilena, resaltó que la región de Providencia tendrá por primera vez un concejal comunista. 
 
«Cada voto contó. La gente perdió el miedo a votar por comunistas, por mujeres jóvenes feministas e incluso, por migrantes nacionalizados. Los resultados reflejaron la importancia de la organización territorial. Será un proceso constituyente lleno de voces jóvenes, ideas alternativas y perspectiva feminista», dijo al respecto, en tanto «es la primera vez en la historia política de Chile que se permitió que personas ajenas a las estructuras de los partidos tradicionales se postularan a unas elecciones».
 
El camino a la Constituyente y qué aspira cambiar 
 
Aunque desde su punto de vista la lucha del pueblo chileno tiene décadas, por lo cercano, en 2019 se dijo que la gente incendió Chile por el incremento en el precio del ticket del metro, mas a su parecer, este incidente, antes que causa, fue detonante de unas protestas que se extendieron por meses, a las que los que Carabineros –Policía–, amparados por el gobierno de Sebastián Piñera reprimieron salvajemente.  
 
Entre los duros saldos, de esas prolongadas manifestaciones antigubernamentales, Pérez Pirela aludió a las 352 personas que perdieron la visión total o parcialmente a causa de las medidas represivas ordenadas por el Ejecutivo, pero también a los más de 3.400 heridos, de los cuales 2.767 fueron hombres, 397 mujeres y 274 niños, niñas o adolescentes, según cifras del Instituto Nacional de Derechos Humanos. 
 
De este modo, lo sucedido en este fin de semana en Chile, «se lo sudó el pueblo chileno y, muy particularmente, la juventud chilena», por ello –y no en balde–, una joven mujer del Partido Comunista se alzó con la victoria en la alcaldía de Santiago de Chile. 
 
Este partido, relató, fue vanguardia otrora en América Latina y el mundo. En ese tiempo había dos grandes partidos comunistas que vislumbraban cambios a partir de sus políticas: el Partido Comunista Italiano y el Partido Comunista de Chile, asunto que, en el segundo caso, la dictadura les cobró muy caro. 
 
Para sintetizar los aspectos que la Constituyente pretende dejar atrás en Chile, Pérez Pirela citó datos del portal web de teleSUR.
 
La multiestatal refiere que pese a que Chile regresó a la democracia formal en 1990, aún cuenta con instituciones y leyes creadas durante la dictadura pinochetista, siendo la más importante de estas la Constitución de 1980, que preservó las bases de la dictadura, una vez que esta trocó a su fin. 
 
Este aspecto es considerado actualmente como «inconcebible» por la mayor parte de los chilenos y, por eso, el pasado 25 de octubre se impuso la opción «Apruebo» en el plebiscito convocado para convocar a una Constituyente, que se encargará de redactar una nueva Carta Magna, que deje atrás la cultura política e institucional neoliberal que se impuso a través de la Constitución de 1980.
 
Entre los puntos más destacables que pretende cambiarse es el hecho de que en Chile, la educación universitaria no es un derecho. Muchas de las universidades que antes eran públicas, ahora son más caras que las privadas por su prestigio académico y los jóvenes deben adquirir cuantiosas deudas para poder asegurarse estudios superiores. 
 
En relación con la salud, teleSUR reseña que en 1981, Pinochet creó las ISAPRES, Instituciones de salud previsional administradas por privados para financiar las prestaciones en salud, alternativa de alto costo fuera del alcance de la mayoría de los chilenos. 
 
Con respecto al transporte, se reporta que el transporte público es de los más caros de la región. Al momento de las protestas –2019–, un viaje costaba 1,13 dólares, superando el precio del servicio en países como Colombia, Brasil o Argentina, asunto que a la postre serviría de detonante para las manifestaciones que dejaron casi 4.000 lesionados y al menos 17 personas muertas. 
 
En cuanto a las pensiones, la cadena indica que en 1980, el dictador acabó con el sistema público y solidario de jubilaciones para adultos mayores y creó las Administradoras de Fondos de Pensiones, sistema que agrupa a diversas empresas que prestan el servicio, costeado en su totalidad por los trabajadores. 
 
De otra parte, diversos movimientos sociales han demandado al gobierno, en especial a los dos de Sebastián Piñera, que reforme la ley que rige a Carabineros y que, al igual que en Colombia, le da un carácter militar. 
 
A lo largo de su existencia, recuerda el trabajo de teleSUR, el cuerpo ha sido denunciado reiteradamente por violaciones a los derechos humanos y por abuso de autoridad, al tiempo que la comunidad internacional ha hecho poco o nada para cuestionar su accionar, razón por la que una nueva constitución pondrá coto a Carabineros, cuyo historial de represión, torturas y muertes es de los aspectos centrales que los chilenos quieren dejar atrás. 
 
Para concluir, Pérez Pirela citó algunos pasajes del artículo intitulado: «Chile abre el dique constitucional del neoliberalismo» publicado por la cadena alemana DW en su portal.  
 
Esta fuente sostiene que «tras décadas de neoliberalismo, subsiste una pasmosa desigualdad, una brecha social que se acrecienta, un descontento que ardió en las calles. Es cierto que la pobreza extrema disminuyó en las últimas décadas en Chile, pero la marginación no se superó con los éxitos macroeconómicos de los que tanto se ufanó este país convertido en un pequeño paraíso para hacer negocios», en desmedro de los más pobres. Con el estallido social explotó la burbuja. El COVID agregó lo suyo para poner en evidencia que el Estado no estaba en condiciones de lanzar suficientes salvavidas para mantener a flote a la población vulnerable». 
 
Asimismo, se subraya que «bajo el Gobierno de un presidente que encarna como pocos el modelo neoliberal, en el que forjó su exitosa carrera empresarial, se celebró este fin de semana la elección de los 155 ciudadanos que deberán redactar una nueva Constitución para Chile».
 
Con base en esto, el medio alemán advierte que «el gran desafío será conciliar posturas, resistir tentaciones populistas y lograr consensos que legitimen este proceso más allá de las sombras que arroja la baja participación electoral». 
 
Para concluir, la emisión, Pérez Pirela comentó que DW reconoce que «según una encuesta llevada a cabo en marzo por la Asociación de Investigadores de Mercado y Opinión Pública de Chile (AIM), una amplia mayoría del 76 por ciento aspira a un Estado benefactor, y solo un 24 por ciento se pronuncia por un Estado subsidiario, como el consagrado en la Constitución actual, que profesa una fe ciega en las leyes del mercado. La idea de fondo del modelo aún vigente es que el Estado es un pésimo administrador y el sector privado resulta más eficiente en una infinidad de áreas. Solo que las empresas privadas se guían por un principio, que es el afán de lucro; algo básicamente legítimo, pero objetable en terrenos como la salud, la educación y las pensiones».
 
 

(LaIguana.TV)

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