A propósito de la aplastante victoria que obtuvieron las fuerzas alternativas y de izquierda en las megaelecciones realizadas en Chile los días 14 y 15 de mayo, el filósofo, comunicador y analista político venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela realizó un recuento del proceso sociohistórico que, finalmente, derrotó la tenebrosa herencia del dictador Augusto Pinochet, que comenzó a constituirse inmediatamente después de la consumación del golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973.  

Así, refirió que el proceso electoral fue la consecuencia directa de las protestas que protagonizaron jóvenes chilenos, estudiantes de los últimos cursos de educación secundaria y de los primeros años de la universidad, que inicialmente salieron a las calles para manifestarse en contra del incremento en el costo del pasaje del Metro de Santiago, la capital del país, si bien luego el malestar se extendió hacia otras esferas de la vida social, hasta concretarse un proceso constituyente que permitirá por sepultar la Constitución vigente en el país, hecha «a la medida» de la dictadura pinochetista.  

Para facilitar la comprensión del alcance del cuestionable legado dictatorial, cuyos tentáculos se extienden incluso hasta el actual presidente chileno, Sebastián Piñera, Pérez Pirela se remontó a los orígenes mismos del golpe de Estado contra Allende, que fue apuntalado por la administración del presidente estadounidense Richard Nixon, financiado por trasnacionales como la General Motors o la Pepsi Cola y «aupado» por medios de comunicación capitalistas e incluso, fascistas, como el periódico El Mercurio, según consta en los documentos desclasificados por el gobierno de los Estados Unidos.     

De esta manera, explicó, la dictadura creó las condiciones para implementar lo que la investigadora Naomi Klein denominó «la doctrina del shock«, o lo que es lo mismo: medidas neoliberales diseñadas por catedráticos de la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago –los Chicago Boys– que suponen la privatización de todos los servicios esenciales, además de la educación y las pensiones, en un marco de represión que impedía que los ciudadanos pobres –principales perjudicados–, se echaran a las calles a manifestarse contra ellas.  

El recetario neoliberal se aplicó con una radicalidad nunca vista, aunque, «más tarde, lo haría Margaret Tatcher en el Reino Unido, aliado de la dictadura de Pinochet», refirió el comunicador, al punto tal que «en la Guerra de Las Malvinas, Chile le prestó logística militar a Gran Bretaña para atacar a Argentina», destacó el analista.  

Además, desde el primer día, la dictadura estableció centros masivos de detención y tortura, entre los que destacó el Estadio Nacional de Santiago, en el que fueron retenidos y asesinados jóvenes, estudiantes, campesinos y cultores, como el cantor Víctor Jara.  

Ese es, pues, «el legado de Pinochet: desaparecidos, asesinados, torturados, aplicación en Chile por primera vez de la teoría del shock a través de recetas neoliberales de los Chicago Boys, muchos exiliados», sintetizó el también director de LaIguana.TV. «A partir de ese momento, Chile se convirtió en el paradigma del neoliberalismo, del capitalismo, de la represión a nivel internacional», añadió.  

A su parecer, esa pesada herencia es la que se tambalea, luego de que las fuerzas alternativas y de izquierda, incluyendo al Partido Comunista de Chile, se impusieran de manera avasallante en las megaelecciones y aplastaran «la derecha pinochetista, a la derecha en el poder», que logró instalarse gracias a una «falsa democracia» que le hizo firmar al pueblo chileno «un pacto» con el que se pretendió «olvidar» todo lo sucedido.  

Esa «democracia» neoliberal, dijo para concluir, se amparó en la Constitución de Pinochet y permitió que militares y empresarios del régimen, siguieran «aplastando socioeconómicamente al pueblo de Chile». 

(LaIguana.TV)

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