La ciudad de Buenaventura, ubicada en el Valle del Cauca y uno de los principales puertos de Colombia, estría rodeada “por un cinturón de fosas comunes, tal y como lo reveló un trabajo especial realizado por el diario El Espectador y en el que deja al descubierto los horrores que vive el pueblo del vecino país producto del paramilitarismo y del conflicto interno que presencia esa nación desde hace más de 60 años.

El Espectador cita a líderes sociales de la zona, quienes relataron que “hay más desaparecidos que asesinados”, debido a que es una forma de “de ejercer control social y territorial”.

Refiere el citado trabajo que “entre el año 1997 y el 2021, según el Observatorio de Memoria y Conflicto del Centro Nacional de Memoria Histórica (Cnmh), 697 personas fueron desaparecidas forzadamente. El Sistema de Información de Red de Desaparecidos y Cadáveres (Sirdec) de Medicina Legal reportó 768 víctimas de ese delito para ese periodo. Y la Unidad de Víctimas, que asegura que desde 2018 no tienen registros de este crimen, documentó 480 casos”.

Sin embargo, agrega el portal que “la Fiscalía General de la Nación respondió que entre 1997 y 2021 tiene registrados mil 128 procesos por desaparición forzada en Buenaventura, que no representan necesariamente hechos individuales”.

Una de las dificultades para conocer a ciencia cierta la cantidad de desparecidos que hay en la zona, es que los afectados no denuncian debido a la poca credibilidad que le tiene el pueblo colombiano a sistema de justicia.

La situación es de tal gravedad en Buenaventura que se conformó la agrupación Madres por la vida, la cual investigó y documentó en mapas los lugares donde se asesina, y se desaparece a los pobladores de esta zona.

Estos fueron señalados por la organización como casas de pique, acuafosas y ríos de sangre” y cementerios de concreto, señala El Espectador.

Este grupo contabilizó “al menos 18 casas de pique que existen o han existido en el distrito desde hace 15 años, 50 cementerios clandestinos, 21 cementerios de concreto, referidos a los proyectos que se construyeron en lugares donde se presume que existen personas desaparecidas enterradas, 6 lugares de escombros o botaderos y 22 “acuafosas” y ríos que usaron los grupos armados para desaparecer personas”, cita el diario neogranadino.

Añade la información que estos datos fueron entregados a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) a comienzos de este año a fin de paralizar “el proyecto de dragado del Invías y el Consorcio San Antonio que podría destruir los cuerpos de personas que allí fueron arrojadas”.

El proceso de desmovilización de los grupos paramilitares no fue suficiente para parar el horror que viven en esa población, pues las bandas criminales asumieron el control y continuaron delinquiendo con total impunidad.

Refieren testimonios recogidos por organización de derechos humanos citados por el mencionado rotativo, que las organizaciones criminales “consolidaron las casas de pique como lugares de tortura y desmembramiento de personas”, “eran casas corrientes de madera abandonadas e  inmersas dentro de los mismos barrios. La gente era sometida a escuchar los gritos y el sufrimiento de la persona a quien estaban desmembrando sin poder hacer nada al respecto”.

Refiere El Espectador que en Buenaventura “se registraron 23 desapariciones forzadas por año, mientras que en el periodo posnegociación (con el paramilitarismo) el promedio de desapariciones se elevó hasta 39 personas por año”.

Uno de los líderes sociales entrevistados señaló que “sabemos que si es un estero está más relacionado con las rutas de narcotráfico. Otros son para el dominio del territorio. Ser una mujer inalcanzable para ellos tiende a que también puedas ser violada y desaparecida, si eres negro o indígena igual”.

Mientras que el alcalde del distrito Víctor Hugo Vidal, señaló que las desapariciones son “una manera de ejercer poder, de eliminar a quien les resulta incómodo sin generar los escándalos de una masacre. Es una manera de bajarle el perfil al problema. Nuestra tarea es posicionar esto a nivel nacional, que se comprenda que lo que pasa aquí no es suelto de lo que pasa en Colombia”.

Las acuafosas

Una parte del texto publicado cita lo manifestado por un líder de la zona: “Si el mar hablara, diría cuántos muertos lleva encima”, refiriéndose a la cantidad de cuerpos que han sido lanzados al mar o a los ríos.

“La Fiscalía le aseguró a este diario que tiene información suministrada por un exjefe paramilitar (no especificó el nombre), del Frente Pacífico de las AUC en Buenaventura, postulado a la Ley de Justicia y Paz, de que efectivamente en el Estero San Antonio fueron arrojadas víctimas con el objetivo de desaparecer sus cuerpos y dificultar las labores de búsqueda e identificación”.

Otro testimonio recogido por El Espectador señala que “en este barrio hay muchas fosas comunes, debajo de las mismas casas de los vecinos. En los esteros y manglares. Uno de mis hijos tiene problemas con salir al mar, porque cuando llegaba a coger carnada para pescar, veía bolsas negras echando sangre”.

Más adelante acota: “Esta mujer contó también que han visto a los muertos subir y bajar por ese estero y nadie podía recogerlos por órdenes de los grupos armados. O que escuchaban a los pescadores gritar que se los iban a llevar y luego sólo se veía a la lancha dando vueltas sola».

(LaIguana.TV)

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