En esta edición del viernes filosófico en Desde Donde Sea, el filósofo venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela dictó cátedra acerca del concepto de Dios y la Ética que desarrollara Baruch Spinoza (1632-1677), filósofo moderno cuyo original pensamiento sigue impactando hasta el presente.

A modo de introducción, Pérez Pirela refirió que acaso se trata de uno de los filósofos más perseguidos, acosados y vilipendiados de la historia, pues a los 24 años fue excluido de la comunidad judía a la que pertenecía –que en la época implicaba la prohibición de todo tipo de relación con cualquiera de sus miembros, así como la proscripción de todos sus escritos– por las ideas sobre Dios, sobre el alma y la religión que defendía.

Spinoza fue, asimismo, un continuador crítico de René Descartes (1596-1650), pues en lugar de mantener la idea de que el ser –yo– descubre que existe a través del pensamiento, decantará por decir que el fundamento de todo es Dios, aunque su noción diferirá sustancialmente de cualquier perspectiva conocida hasta ese entonces y que muchos siglos más tarde aún se manifestará con fuerza en la obra de pensadores contemporáneos como Sigmund Freud, Antonio «Toni» Negri o Gilles Deleuze, apuntó el profesor venezolano.  

Para entender el contexto, compartió con la audiencia un video donde se ofrecen algunos detalles biográficos del autor, quien según la historiografía pertenecía a una familia adinerada de comerciantes asentados en Amsterdam, por lo que recibió una esmerada educación que le permitió dominar varios idiomas –hebreo, holandés, francés, español, latín, griego e italiano– y además le permitió instruirse en asuntos como la filosofía y la geometría.

Desde muy joven, refirió el también director de LaIguana.TV, cuestionó interpretación dogmática de los textos sagrados y en su lugar, abogó por la interpretación personal de las Escrituras. También puso en cuestión de la sabiduría de los sacerdotes, y aseveró que era imposible demostrar la inmortalidad del alma.

Por ello, añadió, sostenía que lejos de cualquier noción de trascendencia, Dios era cuerpo infinito que los seres humanos apenas percibíamos a partir de dos manifestaciones: pensamiento y voluntad.

Las ideas, absolutamente revolucionarias para el siglo XVII, le acarrearon la expulsión de por vida de la comunidad judía y su posterior persecución, lo que le obligó a abandonar Ámsterdam en 1660 e instalarse en un poblado en las afueras de La Haya, donde vivió una vida discreta dedicada al estudio y a la escritura, brevemente interrumpida por la publicación de su obra Principios de la Filosofía de Descartes, que le valió el reconocimiento de los intelectuales europeos de su tiempo.

Este trastocamiento en la idea de Dios vigente, dijo Pérez Pirela antes de entrar en materia, dio lugar al desarrollo de una ética, vaciada de manera prolija en su obra Etica Demostrada según el Orden Geométrico, aparecida ‘postmortem’ y reconocida como su contribución más importante.

El original Dios de Baruch Spinoza

Para entrar en materia, el experto apuntó que en su Ética demostrada según el orden geométrico, Spinoza definió en cada capítulo las categorías que utilizaría, lo que amén de innegable ventaja metodológica, dificultó a la postre la aparición de ambigüedades en torno a su pensamiento.

Primeramente, se refirió al concepto de Dios al que alude el filósofo oriundo de los Países Bajos, que lo concibió como «la sustancia que consta de infinitos atributos», Ética, I, def. VI, al tiempo que la sustancia es «aquello que existe en sí», Ética, I, def. III.

De manera tal que, agregó, si Dios es la sustancia, es causa y fundamento de sí mismo y tiene infinitos atributos, los seres humanos solamente podemos conocerlo a través de sus atributos.

En este punto, Pérez Pirela se permitió recordar que el concepto de sustancia retrotrae a Aristóteles, quien sostenía que esta era el sujeto de la predicación, es decir, que no necesitaba de una autosuficiencia absoluta para existir o, dicho de otro modo, depende de la cosa para poder tener lugar; en contraste, explicó, para Spinoza la sustancia existe en sí y existe por sí, por lo que no necesita de otra cosa para existir, lo que significa que solamente Dios puede ser sustancia.

Para ahondar en la explicación, recuperó un audiovisual en el que el filósofo español Fernando Savater desarrolla la idea de Dios de Baruch Spinoza como un cosmos que es materia, idea y espíritu, que aunque no se desprende de la dualidad cartesiana, no se refiere a dos realidades separadas, sino el anverso o reverso de la misma realidad.

En función de lo dicho, asegura Savater, para Spinoza, la sustancia es Dios, que abarca todo lo existente y lo que hay son modulaciones de esa sustancia única a la que todos pertenecemos. Así las cosas, cada uno tiene su destino racionalmente establecido y la luz de la razón está destinada a buscar nuestra forma de pertenecer al todo divino.

Por otro lado, desarrolla el profesor español, toda cosa finita es una manifestación de lo infinito. Si no fuera así, la sustancia no podría ser infinita, porque tendría lo finito como su límite. Dicho de otro modo: no podría ser Dios.

Spinoza asevera, por su parte, que si esta idea choca con la representación que tenemos de Dios, es porque lo concebimos a partir de la imaginación de modo antropomórfico y no a través de la razón.

Si se adoptara un punto de vista racional, se concluiría, en su juicio, que no hay nada real fuera de Dios, que es eterno, como el Universo mismo; al tiempo que la muerte  no es más que la descomposición de un cuerpo, cuyos elementos pasan a formar parte de otros elementos.

De manera tal que, sintetizó Pérez Pirela, Spinoza no habla de un Dios del pecado, de la voluntad o de los sentimientos, sino que plantea un Dios cósmico, que fue, al fin y al cabo, el sustento de las acusaciones de panteísmo que pesaron sobre él, pues claramente se opone a toda idea de trascendencia.

Los atributos del Dios spinoziano

Para Spinoza, Dios es la sustancia que posee infinitos atributos, que son expresiones o manifestaciones de la existencia de Dios ante el entendimiento humano; es la misma sustancia expresada de un modo determinado, indicó el filósofo venezolano. De esta manera, completó, entre sustancia y atributo no hay distinción real, sino la que le otorga la razón, pero aunque la sustancia infinita posee infinitos atributos, los seres humanos solamente conocemos el pensamiento y la extensión (la realidad tangible).

Siguiendo esta línea de razonamiento, se deduce que Spinoza considera que Dios es también ‘res extensa’, es decir, cosa, materia y, además, por ser sustancia, Dios es causa de sí mismo y de todas las cosas.

En otras palabras, destacó el comunicador, sería una causa inmanente: todo lo que Dios causa es interior a él, por lo que el Universo todo está dentro de él, forma parte de él. Y si Dios está en todo lo que vemos o tocamos, incluso nosotros mismos somos parte de él.

Puntualizando, lo real de Spinoza «se divide en al menos tres categorías: la sustancia, los atributos y los modos» y habiendo definido las dos primeras, el experto precisó la última, explicando que hay atributos de los atributos (modos), expresión de una expresión, de manera tal que si los atributos son una manifestación de la sustancia divina, son una modificación de los atributos y más específicamente, una manifestación de segundo grado.

Por lo tanto, el alma es una manifestación de Dios a través del pensamiento y el cuerpo, una manifestación de la extensión y el modo es, entonces, aquello que existe en otro, es decir, en Dios, porque al igual que los atributos, es manifestación de Dios.

La ética de Baruch Spinoza

En esta sección del programa, Pérez Pirela presentó algunas disertaciones en torno a la noción de ética que desarrollara Spinoza en su Ética según el orden geométrico, en la que, inspirado por el matemático Euclides, se vale de proposiciones y axiomas geométricos para fundamentar una ética racional.
 
En esta ética, aseguró, no existe el mal, porque todo es Dios. Antes bien, lo asume como parte de las relaciones entre las cosas y las personas y son estas las que permiten definir las ideas de bueno y malo, y Spinoza llegará todavía más lejos al indicar que las ideas de bien y mal absolutos han sido posicionadas para sojuzgar a los pueblos.
 
Adicionalmente, bajo su punto de vista, las pasiones no son pecados ni vicios, sino que son constitutivas de la naturaleza humana. Cosas buenas, ilustró, son, por ejemplo, la alegría y el amor, y malos, la tristeza y el odio. En general, las cosas buenas aumentan la potencia humana para actuar con respecto a los otros, mientras que las malas, la merman y hasta mutilan.

Otro concepto que para el profesor venezolano es fundamental dentro de la ética de Spinoza, es el de otredad, pues se contrapone directamente a las ideas de Thomas Hobbes, quien sostiene que los seres humanos somos depredadores de nuestros pares y en su lugar dirá que estamos destinados a los demás por naturaleza misma; hay que buscar, pues, la armonía, por los otros y con los otros.

Con respecto a la noción de virtud, Pérez Pirela mencionó que Spinoza la platea como el tener ideas adecuadas sobre el mundo, lo que la transforma en un asunto racional con el que puede explicarse la idea de «hombre malo»: es tal porque no entiende el mundo en el cual vive.

Desde otro ángulo, acaso mucho más general, también puede asegurarse que la ética de Spinoza es una ética de las pasiones, pues su categoría conato, en tanto apetito, entendida como una tendencia a mantenerse en su existencia, porque cada cosa en particular quiere perseverar en su ser.

Así, se deduce sin problemas que en Spinoza el Hombre es básicamente deseo, idea que, recordó, muchos siglos más tarde, aparecería en el Psicoanálisis de Sigmund Freud a través del los conceptos de pulsión de vida –Eros– y libido.

Empero, matizó el experto, el conato no solo está en el Hombre sino en todas las cosas, que siempre pueden asociarse para producir nuevos organismos, una puntualización que es indispensable para comprender por qué en este marco explicativo la sociedad se entiende como individuo colectivo que potencia las posibilidades de todos los miembros, pues lo social es un encuentro que potencia el encuentro con los individuos y la comunidad es, por tanto, un individuo colectivo que potencia el apetito de sus miembros.

La impronta de Spinoza en Einstein

Para cerrar la clase, Miguel Ángel Pérez Pirela recuperó las reflexiones que hiciera Albert Einstein, acaso la figura científica más reputada de todo el siglo XX, sobre la idea de Dios, motivadas por la lectura de la obra de Spinoza, cuyas posiciones panteístas –Dios está y es en la naturaleza misma– fueron precisamente las que llamaron la atención del célebre físico, porque no se presenta a Dios como un alguien que dirige todo, que castiga, sino que está y es todo.

Así, relató, en un momento, el ser inquirido por un rabino sobre la existencia de Dios, aseguró: «Creo en el Dios de Spinoza, quien se revela a sí mismo en una armonía de lo existente, no en un Dios que se interesa por el destino y las acciones de los seres humanos».

Posteriormente, en una entrevista fechada en 1930, un periodista le preguntó nuevamente su opinión sobre la existencia del tema y el científico se explayó sobre el tema

Para concluir, Pérez Pirela se permitió citar en extenso su respuesta, pues recoge con bastante precisión la idea de Dios de Baruch Spinoza:

«Tu pregunta es la más difícil del mundo. No es algo que pueda responder con un simple ‘sí’ o ‘no’. No soy ateo, no sé si pueda definirme como un panteísta. El problema en cuestión es demasiado vasto para nuestras mentes limitadas.

¿Puedo contestar con una parábola? La mente humana, no importa qué tan entrenada esté, no puede abarcar el Universo. Estamos en la posición de un niño pequeño que entra a una inmensa biblioteca con cientos de libros de diferentes lenguas. El niño sabe que alguien debe haber escrito esos libros. No sabe cómo ni quién, no entiende los idiomas en los que esos libros fueron escritos; el niño percibe un plan definido en el arreglo de los libros, un orden misterioso, el cual no comprende, solo sospecha.

Ésa, me parece, es la actitud de la mente humana, incluso la más grande y culta, en torno a Dios. Vemos un Universo arreglado que obedece a ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa que mueve las constelaciones.

Me fascina el panteísmo de Spinoza porque él es el primer filósofo que trata el alma y el cuerpo como si fueran uno mismo, no dos cosas separadas».

 

(LaIguana.TV)

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