El río Paraná, el segundo más largo de América del Sur, cruza los territorios de Brasil, Paraguay y Argentina, padece su peor sequía en 77 años a consecuencia de la deforestación y el cambio climático, refiere BBC Mundo citando testimonios de expertos. 

Las imágenes del río, cuyo caudal se ha secado en importantes tramos de sus 4.880 kilómetros de longitud, ha afectado sensiblemente la vida de unos 40 millones de personas que viven en su cuenca.

Más precisamente, el caudal, que en promedio computa 17.000 metros cúbicos por segundo, actualmente se ha reducido a solo 6.200. 

De acuerdo con el reporte del medio británico, el cauce de agua «es clave para la industria comercial y la pesca» y «constituye además una de las vías fluviales más importantes para el transporte de granos», lo que ha obligado a los exportadores considerar el traslado de su mercancía por vía terrestre, con los subsecuentes efectos sobre los precios y el medioambiente. 

Así, precisa que «mientras que el transporte por camión produce 100 gramos de CO2 por cada tonelada por kilómetro transportado, en la vía fluvial son 20 gramos». Cifras aparte, la crisis actual podría tener consecuencias más duraderas tanto sobre la economía como sobre el ecosistema local. 

Muchos poblados ubicados en sus riberas dependen de la pesca de subsistencia y del turismo pesquero, puesto que, como apuntara el geólogo Carlos Ramonell a la agencia APF, «el Paraná es el humedal socioproductivo más grande, con mayor biodiversidad e importante de Argentina» y una baja tan significativa en su caudal como la presente, impide realizar estas actividades. 

La sequía que golpea al Paraná se ha hecho extensiva a sus afluentes, como el río Paraguay, cuyos niveles actuales se han calificado como «históricamente bajos». En Brasil, la disminución de los caudales también ha afectado a los peces, asevera BBC. 

Además de afectar la economía y la fauna, el evento natural también ha obligado a las autoridades a implementar estrategias de ahorro de agua, para evitar un colapso energético. 

De esta manera, en Brasil, el ministerio de Minas y Energía recomendó la reducción del caudal en algunas plantas del Paraná, mientras que en Argentina, en julio, el gobierno de Alberto Fernández se vio forzado a declarar la emergencia hídrica en varias regiones, incluyendo la capital, Buenos Aires. 

La medida, puntualiza BBC Mundo, estará vigente durante 180 días y pretende «mitigar las graves consecuencias económicas y medioambientales del descenso del nivel de las aguas». 

Por ejemplo, la central hidroeléctrica Yacyretá, que atraviesa el río entre Argentina y Brasil, está operando solo al 50% de su capacidad y el racionamiento energético se vislumbra en el horizonte carioca, según advirtiera el vicepresidente brasileño, Hamilton Mourão, en virtud de que los especialistas pronostican que la sequía podría extenderse hasta 2022. 

(LaIguana.TV)

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