Este jueves 16 de octubre, el filósofo y comunicador venezolano Miguel Ángel Pérez Pirela destinó la edición 363 de su programa Desde Donde Sea a la exposición de los planteamientos centrales de la Teoría de la Acción Comunicativa de Jürgen Habermas (1929-).

Antes de entrar en materia, refirió que se le conoce por ser el último representante de la Escuela de Frankfurt, corriente de pensamiento que se había planteado criticar la sociedad desde una perspectiva marxista, si bien al alemán no se le puede calificar como tal.

Apuntó, asimismo, que su discusión se centró en la ética de la dialógica, planteada a partir de la posibilidad de que personas con distintos recorridos socioculturales, puedan conversar.

Así, detalló, Habermas sostendrá que para alcanzar acuerdos, ha de existir alguna condición de posibilidad para que los seres humanos puedan comunicarse, dialogar y si esto no existe, entonces la comunicación no puede tener lugar.

El tema, indicó, es de relevancia para pensar en el proceso de diálogo que avanzan el gobierno del presidente Nicolás Maduro y parte de las oposiciones, agrupadas en la Plataforma Unitaria.

Pérez Pirela fundamentó sus disertaciones en la Teoría de la Acción Comunicativa, obra central del pensador alemán, que ha sido publicada en dos volúmenes. El primero dedicado a la racionalidad en la acción y racionalización social; el segundo sobre la crítica de la razón funcionalista.

La democracia: preocupación central de Habermas

El comunicador precisó que Jürgen Habermas tiene como preocupación la crisis de las democracias contemporáneas, tras haber advertido la existencia de una devaluación de la palabra, indispensable en el ejercicio del parlamentarismo y de la política en general, lo que acaba traduciéndose en una ruptura del vínculo comunicativo en la sociedad.

Siguiendo a Habermas, aseguró que esta crisis viene dada porque se inmiscuyen los intereses privados dentro de la esfera pública, que termina siendo dejada de lado en favor de lo que el alemán denomina «intereses propagandísticos».

Habermas alega que el Estado reduce su papel a un mero prestador de servicios y la política, a una técnica; racionalidad esta, que en el criterio de Pérez Pirela, se compadece con la propia del neoliberalismo.

La consecuencia más relevante de este modo de ser de las cosas, indicó, es que la política deviene en un hacer técnico que prescinde de todo puente comunicativo con la sociedad, con el subsecuente efecto de despolitización de la sociedad.

¿Qué plantea la Teoría de la Acción Comunicativa?

La Teoría de la Acción Comunicativa, puntualizó Miguel Ángel Pérez Pirela, persigue encontrar una comprensión de cómo los enunciados pueden alcanzar un sentido social, o, dicho de otra manera, ser compartidos consensuadamente por la sociedad entera.

Así las cosas asegura que esta comprensión puede ser fuerte, si se caracteriza por los enunciados veraces, por la sinceridad de quien enuncia y por la rectitud, lo que implica que hay un ‘ethos’ o protocolo de acción asociado a esa práctica; o débil, si carece de alguno de los aspectos previamente mencionados.

Por eso, precisó, la motivación del filósofo alemán es recuperar la dimensiones moral y sociopolítica de la comunicación, así como construir una opinión pública consciente, que no abandone el ejercicio de la comunicación a lo que denomina razón instrumental.

El diagnóstico habermasiano da cuenta de una crisis en la democracia. Como respuesta, el pensador alemán definirá un modelo bifurcado en dos grandes bloques, con los que intenta dar cuenta de los tipos generales –y contrapuestos– de racionalidad que guían la acción humana: la racionalidad instrumental y la racionalidad valorativa.

Así, explicó el analista, mientras que la racionalidad instrumental aplica los medios más adecuados al fin que se quiere perseguir, insiste en dejar lo público en manos de los técnicos y abandona la ética en manos de particulares, la racionalidad valorativa cuestiona que la ética se delegue en particulares, puesto que con ello se omitirían valores que deben configurarse en la esfera de lo público.

Condiciones de posibilidad de la racionalidad valorativa

En su racionalidad valorativa, Habermas se plantea el desafío de encontrar un fundamento común ético –lo que implica que asume que existen valores universales–, valiéndose del concepto de «interacción comunicativa».

Esta se soporta en que, bajo su punto de vista, la comprensión en los individuos en asuntos de tipo ético no puede delegarse en manos de privados, porque la ética está guiada por principios universales que, además son racionales.

De esta manera, detalló Pérez Pirela, Habermas amplía la razón y le otorga una dimensión ética que le es consustancial, a partir de la búsqueda de una suerte de discurso general, universal, por medio del cual los seres humanos podemos entendernos entre sí, pues solo así puede alcanzarse lo que denomina el «consenso social».

En términos prácticos, explicó, se trata, pues, de dialogar sobre lo que cada quien considera que es la verdad sin recurrir a la manipulación o a la violencia, sino haciendo uso de la argumentación racional.

Según Habermas, para que estas verdades puedan compartirse sin violencia o manipulación, cada individuo debe situarse en «una situación ideal de habla», que consiste en que todos los participantes del diálogo social se encuentren en una posición simétrica, que se constituye en soporte para que cada uno argumente sus puntos de vista.

La base kantiana de la ética dialógica de Jürgen Habermas

La constitución de la «situación ideal de habla» de Habermas implica la asunción de valores universales –una ética universal–, que sirve de fundamento para el diálogo entre los seres humanos, razón por la cual tendrá que echar mano del imperativo categórico que definiera su coterráneo Immanuel Kant en su Crítica de la Razón Práctica.

Así las cosas, Pérez Pirela explicó que para Kant, todos los seres humanos poseen una estructura mental y una estructura lingüística común, y es gracias a esa estructura lingüística general que existen una ética y una racionalidad que son universales.

Ofreciendo más detalles, puntualizó que el primer principio en el que se fundamenta el imperativo categórico kantiano, es la respuesta a la pregunta: ¿Cómo debe actuar una persona?, al lo que responde que ha de actuarse solo de aquella manera que su máxima –planteamiento– se convierta en ley universal.

El segundo principio plantea que no se puede considerar al Hombre nunca como medio y siempre como fin, en tanto que si se considera a un ser humano como medio, se le cosifica y se le transforma en instrumento de un tercero.

Es gracias a esto, añadió, que puede considerarse la dignidad humana universal, que constituye el soporte de lo que contemporáneamente se ha dado a llamar los derechos humanos.

De vuelta a Habermas y considerando la vuelta sobre los pasos de Kant, Pérez Pirela precisó que la ética acaba siendo el fundamento de todo diálogo, pues lo entiende como intercambio entre pares que actúan considerando que sus acciones son leyes universales.

Además de apoyarse en la tradición de Kant, el filósofo alemán contemporáneo considera cierto que el Hombre nace con unas estructuras innatas que le permiten pensar y que son universales.

Por eso, destacó el analista criollo, tal y como planteara el lingüista estadounidense Noam Chomsky en su Gramática Generativa, Habermas sostiene que hay una estructura profunda que es común a todos los lenguajes existentes y, además, estima que el lenguaje es reflejo de esas estructuras profundas compartidas.

Sobre lo anterior, el alemán avanza que esos imperativos kantianos se pueden extrapolar a las otras personas en el desarrollo de un diálogo social basado en la racionalidad valorativa, puesto que el propósito no es dar validez individual a las máximas de cada participante del diálogo –en tanto ello derivaría en inevitable conflicto–, sino que en el accionar comunicativo, entre todos se puede conversar, discutir y pactar las máximas y las normas, puesto que los participantes están comprometidos con el mismo fin: comunicarse.

Más precisamente, señaló el comunicador, se trata de consensuar fundamentos lingüísticos y morales comunes, que, en conjunto, permiten comunicar.

Con base en estas premisas, redondeó, Habermas asevera que la universalidad ética y lingüística se crea entre todos los actores sociales, lo que equivale a plantear una ética del consenso y del acuerdo racionales, en donde la ética no se separa de la racionalidad.

Por tal motivo, enfatizó, el diálogo solamente puede tener lugar si se establece en condiciones de igualdad, pues los diferentes puntos de vista han de consensuarse entre todos.

Así, pues, las normas éticas serán universales e implicarán una responsabilidad colectiva, visto que la creación de la ética universal descansa sobre los hombros de todos cuantos participan de ese diálogo.

Esta suerte de voluntad común construida colectivamente, fundamentada en la argumentación, evidencia el carácter racional de la ética habermasiana, redondeó el también director de LaIguana.TV.

De este modo, explicó, no se trata de que los participantes del diálogo social deban actuar de la misma manera, sino que el discurso universal que sostiene a todo diálogo y la argumentación universal de la que se vale, son compartidos.

Así, del diálogo, siempre entendido como un ejercicio equitativo, quedan excluidas artimañas como la mentira –que podrían revestir de utilidad pragmática a un político cuyas acciones respondan a la racionalidad instrumental– o las condiciones, porque atentan contra sus principios, concluyó Pérez Pirela.

Antes de concluir la emisión, recomendó la clase sobre el pensamiento de Jürgen Habermas publicada en el canal de YouTube La Travesía y la lectura del artículo «Jürgen Habermas, el ‘maestro de la comunicación’, cumple 90 años», que publicara la cadena alemana DW en 2019.

(LaIguana.TV)

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