La noche de este domingo —17 de octubre— regresó a Venezuela el cuerpo sin vida del joven Jackson Arriaga, de 23 años de edad, asesinado por grupos armados colombianos en la población de Tibú, Norte de Santander, junto al adolescente de la étnia wayuu, Alexander Rodríguez, el pasado 9 de octubre.

La repatriación fue posible gracias al apoyo brindado por efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) a la mamá y dos tíos, quienes fueron los encargados de buscar los restos del joven oriundo de la población de Caja Seca, en el Zulia.

Sus familiares lo describen como un muchacho trabajador y cuenta que tras este asesinato queda huérfana una niña de casi dos años, contó la periodista de teleSUR Madeleine García en su cuenta de Twitter.

Jackson y Alexander fueron encontrados sin vida, con un tiro en la cabeza cada uno, tirados en una carretera y con un cartel que decía: “ladrones”. En las redes sociales se hizo viral un video en el que se veía a los dos venezolanos amarrados por —supuestamente— haber entrado a robar artículos en un establecimiento en Tibú, son las últimas imágenes de los jóvenes con vida.

El activista por los derechos humanos, Wilfredo Cañizares denunció que “el desbordamiento de la violencia en Tibú tiene como trasfondo la desidia gubernamental: 57.6% de sus habitantes son pobres, 81% vive de la informalidad, cobertura acueducto 51% y alcantarillado 46%, 19.000 hectáreas de coca y en los últimos 5 años ocurre un hecho violento cada 6 días”.

Por su parte, Venezuela anunció la semana pasada que denunciaría al presidente de Colombia, Iván Duque, ante la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad, por promover el odio y la xenofobia contra los migrantes venezolanos. Al respecto, el presidente Nicolás Maduro señaló que en el vecino país han asesinado a más de 2 mil connacionales en los últimos tiempos y que, actualmente, hay más de 800 venezolanos desaparecidos en ese país.

(LaIguana.TV)

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