Con su descarnada forma de entender la política y las pragmáticas recomendaciones que dejó a los gobernantes y a quienes aspiran a serlo, Nicolás Maquiavelo partió en dos no solo la teoría política, sino también la práctica y fue un claro precursor de unas técnicas que ahora son muy valoradas, las del marketing aplicado a la lucha por la conquista y preservación del poder.

La emisión de Jueves de Filosofía, que forma parte del programa Desde donde sea, estuvo dedicada en esta oportunidad al pensador florentino del Renacimiento que, luego de cinco siglos, sigue teniendo una excepcional vigencia en el ejercicio de la política.

El conductor de este espacio, Miguel Ángel Pérez Pirela, ofreció esta disertación con mucho gusto, pues algunos de sus estudios de maestría y posdoctorado en La Sorbona de París tuvieron como objeto de análisis a Maquiavelo, al punto de que recibió una beca para concurrir al Centro de Estudios sobre el Renacimiento de Florencia y así tuvo la oportunidad de acceder a los manuscritos del autor en la Biblioteca Nacional de Florencia, un privilegio que solo un puñado de personas tienen cada año.

“Maquiavelo me hizo perder muchas fiestas y cenas en esos tiempos de estudiante, pero estudiarlo ha sido una pasión”, expresó.

Con la autoridad que nace de ese conocimiento profundo, Pérez Pirela fue enfático al señalar, de entrada, que “la connotación negativa que acompaña a Maquiavelo, no siempre le hace honor a lo escrito”. Por lo general, quienes lo critican por sus planteamientos no lo han leído en absoluto o no lo han hecho con el debido cuidado. Como ejemplo de esas opiniones sin base, aseguró que en ninguna parte de la obra de Maquiavelo se encuentra la frase “el fin justifica los medios”, que se le ha atribuido como el axioma de su postura política. “Es falso de toda falsedad”, subrayó.

En contraposición mostró los libros de uno que sí lo estudió a fondo: Gennaro Sasso, en su trabajo Niccoló Machiavelli, Storiografía, una obra en dos volúmenes considerada fundamental para entender a este pensador.

Para ubicar a Maquiavelo en su contexto histórico, se refirió al Renacimiento.

“No es cualquier época, sino una de las más importantes del pensamiento, el arte y la cultura. Él es un pensador político italiano, aunque tal vez es impropio llamarlo así porque Italia aún no existía. Era, en realidad, Florentino, un ciudadano de una pequeña ciudad en el centro-norte de Italia, en guerra continua con Pisa. Italia estaba fraccionada en repúblicas, señoríos y principados, mientras otros países ya se estaban unificando, como es el caso de Francia”, explicó.

“Cuando se publica el libro más conocido de Maquiavelo, El príncipe, nos encontramos con un pensador en el contexto del nacimiento de los estados-nación europeos, que no era el caso de la Florencia, Roma, Turín, es decir, de Italia, pues estas ciudades se mantenían separadas. Estábamos en el Renacimiento. Se venía saliendo del Medioevo, cuyo conocimiento ‘científico’ estaba monopolizado por la iglesia católica, empeñada en mantener la hegemonía epistemológica. Las grandes figuras del Renacimiento proponen cambios profundos sobre temas científicos, de astronomía, del cuerpo humano y de la ciencia política”, agregó.

“Florencia en el siglo XVI era algo así, mutatis mutandis, como lo que ha sido en tiempos recientes Manhattan, con sus grandes rascacielos. En el Renacimiento  varias ciudades estaban en ebullición porque toda esa generación trataba de hacer renacer la grandeza de la cultura romana y helénica –destacó-. Habían colocado al hombre en el centro de la reflexión, de la discusión y de la cosmovisión, en el lugar que había ocupado Dios durante el Medioevo. Ya no se explicarán las cosas a través de las sagradas escrituras. Desde ese centro epistemológico se trata de analizar la realidad”.

Como era de esperar, esos cambios produjeron un enfrentamiento entre los grandes hombres del Renacimiento y la iglesia católica, al tiempo que se resolvieron grandes problemas  de ciencia y asuntos técnicos, especialmente en campos como la arquitectura.

“Se rompen las barreras dogmáticas que había impuesto la iglesia católica. Surgen en ese contexto las teorías políticas de Maquiavelo”, sostuvo.

¿Qué llevó a Maquiavelo a escribir El príncipe?

Para responder a esta pregunta, el expositor apuntó que la interpretación justa de la visión republicana dice que no fue, como parece ser la opinión general, “para susurrarle al príncipe (Lorenzo de Médicis) lo que debía hacer, sino para susurrarle al pueblo los desmanes, las contradicciones, las bajezas de la política”.

Hasta ese momento, los filósofos presentaban la política como el deber ser, fundada en la idea teleológica, finalística de hacer el bien. “Maquiavelo dice que eso puede ser verdad en la teoría, pero no en la práctica porque la política es una total cloaca. Es el arte de engañar. Esa manera de ver el tema partió en dos la historia de la teoría y la práctica política”.

Insistió en que la política para Maquiavelo “es el lugar del ser, de lo que es, y no de lo que debería ser. No es sinónimo de moral. Lo que lleva a la política no es la búsqueda del bien, sino la conservación del poder por parte del príncipe. Un gobernante solo debe estar preocupado por la manera de conseguir y mantener el poder. El príncipe debe rodearse de quienes garanticen su éxito político. La política es el reino del utilitarismo, el cálculo que me permite llegar al poder y luego conservarlo”.

Citó a Francis Bacon, quien dijo que “mucho le debemos a Maquiavelo y a otros que escribieron sobre lo que hacen los hombres y no sobre lo que deberían hacer”.

Acotó que este tipo de conceptos no está solamente en El príncipe, sino también en otro de los libros de Maquiavelo, El arte de la guerra, en el que plantea una preocupación fundamental: uno tiene que dar la batalla con tropas propias y no con mercenarios porque estos puede ser que ayuden a conseguir el poder en forma más rápida, pero como su dios es el dinero, traicionarán al gobernante apenas reciban una mejor oferta. “Por eso una de sus preocupaciones fue crear un ejército ‘nacional’, dicho entre comillas porque Italia aún no era un estado-nación. A esa creación del ejército dediqué buena parte de mis investigaciones en Florencia y París. Determiné que Maquiavelo no pudo concretar la formación de ese ejército”.

La dificultad principal a la que enfrentó fue la desigualdad económica. En los ejércitos de la época, los que tenían propiedades y capacidad para pagar impuestos, iban a caballo y tenían lanzas, estaban protegidos por la primera línea de los más pobres, a pie y con armas más débiles. “En esas condiciones era muy difícil convencer a las tropas de pobres para combatir. No era posible pedirle a gente sin armas ni caballos que diera la vida por una Florencia que no existía como nación, una Italia que aún no existía. No había sentido de pertenencia o de identidad nacional. Él aspiraba a forjarlo. Por eso, junto con Dante Alighieri puede considerársele un precursor de la italianidad, de los que plantearon la idea de nación, de patria italiana. Esta idea la reinvindicó Maquiavelo en las palabras finales de El príncipe”.

“Incluso, también podemos considerar a Maquiavelo precursor del pensamiento marxista porque hace la diferencia muy puntual entre il grandi y los piccoli, los grandes o nobles y los pequeños, el pueblo. Resume la dialéctica de la política en 1512: los nobles desean por naturaleza oprimir, mientras que el pueblo no desea nada más que no ser oprimido. Esto que parece una frase banal, es un antes y un después en la teoría política porque define la naturaleza del amo y el esclavo; define las relaciones entre los poderosos y los débiles, entre los jerarcas y el pueblo. La vocación del pueblo es organizarse para resistir las embestidas de los grandes y poderosos”.

Para resaltar la importancia que adquirieron las ideas de Maquiavelo, comentó que Napoleón Bonaparte, quien logró conquistar toda Europa, tenía a El príncipe como su libro de cabecera e, incluso, hay una edición comentada por él, con notas a pie de página.

Controversiales conceptos y consejos

Pérez Pirela esbozó algunos de los conceptos y consejos, muy controversiales, que Maquiavelo da a los gobernantes.

El príncipe se centra en el arte de gobernar basándose en las cualidades que debe tener todo gobernante. Hay tres maneras de llegar al poder: por las armas, por la intriga y con la ayuda del pueblo.  Entre las formas de llegar al poder, destaca la hereditaria. Este tipo de llegada al poder es fácil, pero mantenerse es difícil. Por medios propios es más difícil llegar, pero más fácil preservarse. Una vez que se llega al poder hay que utilizar la violencia para deshacerse de los enemigos sin ningún tipo de escrúpulos”, reseñó.

En la doctrina de Maquiavelo, esa violencia necesaria no debe dosificarse, debe utilizarse toda de una vez porque se puede volver contra ti. “Tampoco debe utilizarse permanentemente el ejército, por esa misma razón. Solo se debe apelar a la fuerza en épocas de crisis y revueltas populares. El abuso de la violencia convierte al príncipe en tirano.”

Una frase, que el moderador considera genial es la que dice: “La suerte es una mujer que se debe seducir”. Se basa en la idea de que la mitad de nuestras acciones tienen que ver con la fortuna, pero la otra mitad tiene que ver con la estrategia.

“Para Maquiavelo, no podemos pensar que el príncipe va a mantener el poder fundándose únicamente en el amor que le tiene el pueblo. Surge de esto una cuestión: si vale más ser amado que temido o temido que amado. Él opina que nada mejor que tener ambas, pero dado que es muy difícil reunir al amor y el temor, ‘declaro que es mejor ser temido que amado porque el miedo al castigo no se pierde nunca, en cambio el amor es gratitud y eso puede perderse’. Alguien que te ama, puede, en nombre del amor, maltratarte y causarte daño, mientras que alguien que te teme se abstendrá de intentarlo”.

Sostuvo Maquiavelo que los hombres ofenden antes al que aman que al que temen y postulaba el ejemplo de Julio César, que a punta de ganar batallas estaba perfilándose como el gran líder del imperio romano. El Senado estaba preocupado con su llegada porque iba a gobernar en dictadura. Se atrevió a ir al Senado sin escolta, creyendo que el pueblo lo defendería. Se olvidó de sus enemigos y así Bruto y Casio le dieron 23 puñaladas.

Precursor del marketing político

Según Pérez Pirela, “Maquiavelo es el precursor del marketing político porque dice que la política no es el lugar del ser sino del aparecer, es decir, que no importa lo que eres sino lo que proyectas porque pocos te pueden tocar, pero todos te pueden ver, por tanto, no importa lo que seas, sino lo que aparentes ser.

Por eso recomienda que el príncipe se embarque en grandes proyectos y en grandes hazañas para aumentar su popularidad y su reputación. La idea es “mantener un constante estupor en los súbditos, en el pueblo, y mantenerlos ocupados con el éxito de tus aventuras. De esta manera no les das tiempo de preparar alguna acción en tu contra”.

“Es la técnica del pan y circo para mantener sumiso al pueblo ¿Qué son las Olimpíadas, los mundiales de fútbol y otros grandes eventos deportivos sino pan y circo para desviar la atención?”, añadió el moderador de Desde donde sea.

También fue un adelantado en el manejo de la imagen política. Decía el filósofo florentino que “los hombres en general juzgan más con los ojos que con las manos porque el ver pertenece a todos, pero el tocar, a pocos. Todos ven lo que parece ser, pero pocos comprenden realmente lo que eres”.

Advertía que “fácil es hacerle creer una cosa a los hombres; lo difícil es hacerles persistir en su creencia”. En otras palabras, consideraba que si el gobernante va a mentir, debe procurar que la mentira sea duradera. “Para él, mentir no es malo porque lo bueno y lo malo son necesidades -acotó el expositor-. Aunque entendía que el engaño era detestable en otras actividades, creía que su empleo en la guerra era laudable y glorioso, y el que vence a un enemigo por medio del engaño merece tanta alabanza como el que lo logra por la fuerza”.

Este principio se aplica por extensión a la política, pues para Maquiavelo, el estudio de la guerra es uno de los instrumentos fundamentales que debe tener bajo la manga el gobernante”.

Más recomendaciones

Otro de los consejos de Maquiavelo es uno que sigue siendo desoído en pleno siglo XXI: “Deberás escoger buenos consejeros y evitar los aduladores”. Pérez Pirela se pregunta ¿cuántos políticos conocemos que solo se rodean de aduladores que nunca les hacen ninguna crítica y terminan hundiéndolos en la mediocridad?

En cambio, hay ideas de Maquiavelo que casi todos los gobernantes actuales entienden y aplican al pie de la letra. Por ejemplo, cuando dijo que quien fue elegido con el favor popular debe conservar al pueblo como amigo. Por eso el uso de la violencia debe ser en tiempos breves porque al extenderla en el tiempo se causa separación. Debe protegerse del odio popular. Para ello puede recurrir a varios artilugios, como el de tercerizar las acciones impopulares y asumir directamente las populares. Cada vez que se han de realizar acciones negativas, deben ejecutarse a través de otros y, en cambio, realizar por sí mismo las que le reporten el favor de los súbditos.

Maquiavelo adelanta uno de los ejes fundamentales de la política moderna: la propiedad. Advierte en contra de las medidas del príncipe que afecten las propiedades de los súbditos. “Los hombres olvidan primero la muerte del propio padre que la pérdida de algún bien material. La mayoría de los hombres, mientras no se les prive de sus bienes y de su honor, viven felices, y entonces el príncipe es libre para combatir la ambición de las minorías”, afirmó.

Estimaba Maquiavelo que incluso las buenas acciones era necesario dosificarlas, pues “no siempre son oportunas y eficaces”. Una buena acción del príncipe, realizada en un momento no propicio puede hundirlo.

En el tramo final de su disertación, comentó que la definición negativa del ser humano que aparece en la obra de Maquiavelo es muy similar a la de Thomas Hobbes en Leviatán. “Ambos radiografiaron la mierda que es la naturaleza humana. Llamaron a las cosas por su nombre”, dijo.

“En conclusión, para Maquiavelo la política no tiene relación con la moral. El príncipe debe ser un zorro porque no se puede atacar al poder si no se tiene la seguridad de destruirlo. El príncipe tiene algo de descarado y sarcástico, al punto de que vale más hacer y arrepentirse que no hacer y arrepentirse, algo que parece tomado de un bolero o un tango. Toda acción en política tiene que partir de un cálculo. Cuando se le hace daño a otro debe ser de tal manera que le sea imposible desquitarse”, expresó.

Remató con una de las principales frases de Maquiavelo, la que le quita la máscara a la política: “Un príncipe, a menudo, para preservar el poder, es obligado a ser perverso”. La política es el arte de engañar, es el arte del aparecer y no del ser, de tomar y conservar el poder. Es poco menos que la guerra. Con esto derrumba la tradición teocrática y abre paso a una reflexión descarnada sobre la cuestión política”, recapituló.

Pérez Pirela dedicó el programa a un adolescente de 14 años que se está adentrando en el análisis de El príncipe: Miguel Barrios, hijo del maestro jazzista Manuel Barrios.

Al cierre, invitó nuevamente a la audiencia a compartir la programación especial que tiene pautada laiguana.tv para el domingo 21, con motivo de las megaelecciones y de la inauguración de la nueva sede del portal.

(LaIguana.TV)

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