Esta antigua supertormenta de 9.000 años fue desencadenada por una ola de plasma caliente y magnetismo procedente del sol y es significativamente mayor a todo lo que se había registrado a lo largo de la historia. Así lo señala un estudio publicado en Nature Communications, donde los científicos explican su preocupación por la capacidad humana de predecir este tipo de fenómenos.

Las tormentas solares en la Tierra se producen cada pocos años, cuando la actividad del Sol está en su punto álgido, pero esta antigua supertormenta tiene una escala totalmente diferente y parece haber golpeado el planeta durante una fase tranquila del ciclo solar.

Los recientes núcleos de hielo analizados de Groenlandia y la Antártida han revelado uno de los mayores picos de producción de berilio-10 y cloro-36 jamás detectados en el pasado remoto de la Tierra. Las pruebas sugieren firmemente que hubo una tormenta solar extrema hace unos 9.125 años.

A juzgar por la relación entre los isótopos de cloro-36 y berilio-10, este acontecimiento podría haber sido incluso mayor que la mayor tormenta solar registrada en otros núcleos de hielo y en anillos de árboles, fechada en el año 774. Incluso sería mayor al Evento Carrington de 1859, una tormenta severa que colapsó los sistemas de telégrafo en Europa y Norteamérica, también desencadenó fuertes auroras en todo el mundo, desde Australia hasta Hawai, pasando por China y México. Que en su momento fue calificada como la más intensa en la historia.

«Estas enormes tormentas actualmente no están suficientemente incluidas en las evaluaciones de riesgo. Es de suma importancia analizar qué podrían significar estos eventos para la tecnología actual y cómo podemos protegernos«, advirtió el coautor del estudio y geólogo Raimund Muscheler.

En los últimos años, los científicos han advertido que la humanidad no está preparada para una tormenta solar de esta magnitud, ya que hasta el momento no se sabe cómo predecir estos eventos desastrosos y la tecnología que ha construido la humanidad es excepcionalmente vulnerable a la lluvia geomagnética.

Si una de estas supertormentas se produjera podría afectar a los satélites, a los astronautas en órbita, así como al control del tráfico aéreo, las redes eléctricas y los cables submarinos, lo que provocaría limitaciones en los viajes, apagones y cortes globales de Internet que podrían durar meses.

(Sputnik)

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