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miércoles, 24 / 07 / 2024

A 21 años del golpe de abril de 2002 contra Chávez: Cronología y protagonistas

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Han pasado 21 años del golpe de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez y ya quedan muy pocos que insisten en negarlo. El peso de cada uno de los hechos que transcurrieron entre el 10 y el 14 de abril de 2002, dejan el testimonio de un sangriento desplazamiento forzoso del poder al presidente constitucional.

En la estructura de planificación y perpetración del golpe de Estado, hay varios actores políticos y económicos, encabezados por la Embajada de Estados Unidos y secundado por sectores políticos, empresariales, medios de comunicación y mucho odio.

Este odio comenzó a acentuarse en noviembre de 2001, luego de la aprobación de 49 Leyes Habilitantes que daban facultades al Ejecutivo para legislar en materia de hidrocarburos, tenencia de la tierra y la ley de pesca. Todos los textos fueron rechazados por la oligarquía nacional y los medios de comunicación dedicaron numerosos espacios para cuestionarlas.

En diciembre de 2001 se hizo el primer ensayo de paro nacional, y aunque tuvo poca convocatoria, sirvió de prueba para los planes que desarrollarían poco después. Así llegó el 2002 y la oposición reflejada en Fedecámaras, Consecomercio y Fedenaga, así como de la CTV y la Conferencia Episcopal, se agruparon en la tristemente célebre Coordinadora Democrática. Solo había que esperar el momento oportuno para dar el golpe.

El paro nacional

La Coordinadora Democrática convocó un paro nacional que comenzaría el 9 de abril de 2002. Inicialmente querían hacerlo el 19 de abril, para aprovechar la fecha patria como símbolo de la protesta, pero trascendió que el presidente Chávez saldría del país por compromisos de su cargo y decidieron adelantar la fecha del golpe de Estado. Así comenzaron el paro empresarial el 9 de abril.

El paro fue convocado y dirigido por Pedro Carmona, presidente de Fedecámaras, Carlos Ortega, presidente de la CTV y un sector de la poderosa directiva de PDVSA. A este paro se sumaron algunos pronunciamientos aislados de militares sin comando de tropa que adversaban al gobierno.

Ese 10 de abril un oficial del más alto rango lanzó una amenaza que estremeció al gobierno chavista: “Usted (Chávez) negocia para alcanzar sus objetivos comunistas y vende y traiciona a su patria y pueblo por su ambición personal… Somos un país digno de ser gobernado por algo mejor que usted”. Ese fue parte del discurso pronunciado por el general del ejército Néstor González González.

A lo largo del día, el gobierno busca tranquilizar el agitado clima político con transmisiones televisivas en cadena nacional, donde mostraba al país en completa calma, pero algunos canales de televisión dividieron las pantallas para mostrar lo contrario de lo que ofrecía el material de gobierno. La acción, inédita en la historia de las transmisiones oficiales, confirmó que los medios de comunicación estaban al frente de los movimientos de este complejo ajedrez.

La tarde del 10 de abril de 2002, Carlos Ortega anuncia el carácter indefinido del paro. Se anuncia una multitudinaria marcha en el este de Caracas que culminará con una concentración frente a una sede de PDVSA. Algunos militares leales al gobierno recibieron la orden de trasladarse fuera de sus bases con el pretexto de realizar ejercicios para una eventual guerra con Colombia. Autoridades del gobierno recibieron información de que la marcha opositora podría ser desviada a Miraflores. Se respira ambiente de Golpe de Estado. El chavismo también se movilizaría al día siguiente.

11 de abril: la gran marcha

El amanecer del 11 de abril consiguió una Caracas dividida. Desde tempranas horas de la mañana chavistas y opositores se concentraron en los extremos de la ciudad. La movilización convocada por sectores que adversan a Hugo Chávez logró una asistencia que asombró a los propios organizadores, gracias al buen trabajo de agitación que desde hace días adelantaban los medios de comunicación.

La manifestación opositora fue desviada a marchar hacia el palacio de gobierno sin contar con el permiso correspondiente, pero sí con el resguardo de la Policía Metropolitana, dirigida por el alcalde opositor Alfredo Peña, que tenía la labor de abrir paso a la movilización hacia Miraflores.

En el centro de la ciudad ya los chavistas rodeaban todos los accesos al palacio de gobierno, ya advertidos de que la marcha opositora avanzaba hacia ellos. El choque era inevitable. La Policía Metropolitana se abrió paso a tiros en el medio de la concentración progobierno, mientras la oposición había colocado francotiradores en edificios cercanos al palacio presidencial.

Caían heridos en ambos lados. Algunos hombres armados en el bando chavista fueron acusados de disparar contra la concentración opositora, pero estudios balísticos posteriores demostraron que era imposible acertar desde esa distancia a los manifestantes que intentaban frenar las acciones policiales que disparaban indiscriminadamente.

Hugo Chávez condenó las acciones violentas en cadena nacional. En ese momento, varios canales volvieron a dividir la pantalla para repetir una y otra vez las tomas manipuladas de quienes disparaban contra la policía para defenderse de ellos. Varios oficiales de alto rango pidieron la renuncia de Chávez a través de una comunicación grabada, en la que acusaron al presidente de causar “las decenas de muertos” que quedaron en las calles.

Al final del día se notificó sobre la presunta renuncia de Hugo Chávez a la Presidencia de la República, luego de los hechos sangrientos de aquella fatídica jornada. Pero ningún documento demostró la renuncia presidencial.

Ese día murieron 19 personas en las calles de Caracas, decenas resultaron heridas. En horas de la noche el canal del Estado, que desmentía la renuncia del presidente, fue sacado del aire. Chávez fue hecho preso por quienes le dieron el golpe de Estado y lo sacaron de Miraflores.

El 12: la autojuramentación

La mañana del 12 de abril comenzó la cacería de brujas. Los alcaldes de derecha Henrique Capriles Radonski y Leopoldo López, que gobernaban municipios ricos de la capital, emprendieron procedimientos para apresar a funcionarios del gobierno depuesto. La captura del ministro de Interior, Ramón Rodríguez Chacín, y el diputado Tarek William Saab, fueron transmitidas por televisión como actos heroicos, así como el asedio a la Embajada de Cuba.

Al otro extremo de la ciudad, el fiscal general de la República, Isaías Rodríguez, daba una rueda de prensa que convocó bajo engaño para que los medios la transmitieran. En su intervención ratificó que el presidente Chávez no había renunciado y que, por el contrario, lo tenían preso en el cuartel militar Fuerte Tiuna.

De inmediato, los medios comprometidos con el golpe de Estado sacaron la transmisión del aire. Solo algunas radios continuaron la transmisión con la explicación detallada de cómo ocurrió el arresto de la máxima autoridad del país.

En horas de la tarde, embriagados de poder, los golpistas que habían tomado el Palacio de Miraflores se concentraron para presenciar la autojuramentación de Pedro Carmona, empresario y jefe de Fedecámaras, como Presidente de la República. En el acto, se despojaron de sus cargos a todos los funcionarios electos por votación popular, se disolvió el parlamento, se destituyeron los funcionarios del Poder Judicial y el Poder Ciudadano y se eliminó la palabra “bolivariana” del nombre oficial del país.

Para disimular, los medios de comunicación justificaron el golpe diciendo que hubo vacío de poder. Pero eso nunca existió porque la constitución establece que ausencia total del presidente, el control lo asume el vicepresidente, y si este también falta, el mando recaerá en el presidente del parlamento. Nada de ello ocurrió. El golpe empezaba a tambalear.

13 de abril: la resurrección

La madrugada del 13 de abril de 2002 ofreció un panorama inexplicable para quienes perpetraron el golpe de Estado. Las televisoras programaron películas, caricaturas y telenovelas. El silencio informativo resultaba evidente, luego de la infofrenia desatada días antes. En las calles y en los medios alternativos la realidad era otra y la gente empezó a preguntarse dónde está Chávez.

La cara visible del golpe de Estado, Pedro Carmona, llegó temprano a la sede de Gobierno. Allí recibió la visita del Embajador de Estados Unidos, Charles Shapiro, y de España, Manuel Viturro de la Torre, cuyos gobiernos reconocieron la dictadura del empresario venezolano como legítima.

Una información llegó de rebote a muchos medios alternativos: a Chávez lo tenían en la isla de La Orchila y su vida corría peligro. Las calles empezaban a calentarse con manifestaciones en favor del presidente depuesto.

El sector militar también era un hervidero. La evidente ruptura del hilo constitucional provocó la molestia de muchos militares de alto rango que hicieron frente a la situación. La tarde del 13 de abril, los golpistas acorralados abandonaban el Palacio de Miraflores ante el cambio desfavorable del panorama. La gente en las calles hacía presión y una multitud rodeó el palacio presidencial pidiendo el regreso de Chávez como máxima autoridad del país.

Ante el abandono del Palacio, el chavismo recuperó la sede del gobierno y comenzaron a mover las piezas para restaurar el orden. La constitución venezolana establece que en ausencia del presidente, el mandato recae en el vicepresidente, que entonces era el militar retirado Diosdado Cabello Rondón. Una vez ubicado y juramentado, su primera orden fue buscar a Chávez para regresarlo al poder.

El regreso a la institucionalidad

La madrugada del 14 de abril el regreso de Chávez al poder era un hecho. Sólo había que esperar que los soldados que lo fueran a rescatar y lo trajeran de vuelta sano y salvo. Pero ese era justamente uno de los problemas: en la isla de La Orchila, donde había sido confinado, Chávez era custodiado por militares que obedecían a los golpistas, por lo que las fuerzas leales temían un enfrentamiento.

Horas antes, se difundió una carta escrita de puño y letra del propio Hugo Chávez, en la que exponía brevemente que no había renunciado. La misiva fue escrita en Turiamo en un papel que un soldado leal le proporcionó y luego se encargó de difundir. En la misma, el presidente decía “no he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio”.

El silencio informativo continuaba en los medios de comunicación venezolanos y solo algunos conocieron de estos hechos por medios internacionales. Los dueños de canales de televisión alegaban que tenían “temor por la seguridad de sus trabajadores”, tal vez temerosos de alguna represalia por la complicidad que tuvieron con el golpe de Estado.

Fue a través de un medio internacional que el presidente de la Asamblea Nacional, William Lara, notificó al país y al mundo que los conspiradores habían sido derrotados y la democracia restaurada.

Los golpistas huyeron, muchos salieron del país. Los más desprotegidos fueron detenidos en el propio Palacio de Miraflores, donde el fiscal general de la República, Isaías Rodríguez, les leyó sus derechos. El palacio de gobierno se mantenía rodeado de miles de personas que aguardaban el regreso del presidente.

En la madrugada del 14 de abril de 2002, un helicóptero sobrevoló el edificio de gobierno y en él venía a bordo el presidente y sus hombres de confianza, que por fortuna no tuvieron que enfrentarse con sus hermanos de armas, pues los soldados, que solo obedecían órdenes, también se cuadraron con Chávez.

Desde el Palacio de Miraflores Hugo Chávez se presentó de nuevo al país en transmisión de radio y televisión. Pidió cordura a sus adversarios políticos y respeto a la constitución. Su imagen con un crucifijo en la mano dio la vuelta al mundo. El perdón otorgado por aquellos días abrió la puerta a nuevas conspiraciones.

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