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jueves, 18 / 07 / 2024

El impacto económico de El Niño en Colombia: ¿Cuáles herramientas tiene para reducirlo?

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El fenómeno meteorológico podría ocasionar pérdidas de más de 900 millones de dólares al mercado de trabajo en el país suramericano. Sputnik habló con un experto para entender por qué la sequía que se avecina puede afectar la productividad laboral de los colombianos, sobre todo en el sector informal, y cómo se podría amortiguar el impacto.

Luego de tres años en los que los efectos de La Niña impactaron en la región, el evento climático conocido como El Niño llegó para hacerse sentir, con los variados efectos que el aumento de la temperatura del oceáno Pacífico tropical trae consigo.

En su último informe de predicciones climáticas, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM) enfatizó que luego de julio de este año el fenómeno de El Niño había pasado de tener condiciones débiles a moderadas debido a las variables atmosféricas en el océano Pacífico.

Esto quiere decir que, entre agosto y octubre de 2023, habrá un déficit de lluvias del 10 al 20% en gran parte del territorio colombiano. Pero, ¿qué tiene que ver esto con una posible disminución de la productividad laboral del país?

“Se verá reflejado, sobre todo, en el rendimiento del trabajo manual, en el campo, como ya se sabe, y en sectores como la construcción, las ventas ambulantes y de servicios, que se dan principalmente en las ciudades”, le dice a Sputnik Juan José Guzmán, economista y asesor de política y finanzas del Arsht-Rock Resilience Center.

Según el Consejo Colombiano de Seguridad (CCS), las sequías venideras afectarían el mercado laboral a tal punto que el país tendría pérdidas cercanas a los 918 millones de dólares, el 0,25% del PIB nacional, y el 19,7% de los recursos que pretende recoger el Gobierno de Gustavo Petro con la reforma tributaria que aprobó el año pasado.

Lo que más llama la atención de este dato es que no solo las regiones agrícolas —como suele ser— serán las afectadas, sino que las grandes urbes también tendrán un impacto en la productividad de los trabajadores.

En principio, y como ya ha pasado con anterioridad, los efectos más notorios con El Niño son el aumento de las tarifas de energía, por la disminución del agua en los embalses que surten las hidroeléctricas, y el incremento de la inflación por el alza de alimentos que son más complicados de cultivar por la falta de líquido.

Aunque las cifras del impacto económico de El Niño son alarmantes, si se tiene en cuenta que habría una disminución del 0,6% en las horas laborales de los trabajadores informales y un 4,5% para los informales, según el CCS, Guzmán asegura que los Gobiernos locales y nacionales pueden tomar medidas de contención, sobre todo frente a un fenómeno que es conocido y que se sabe que llegará, por más que no se puedan predecir sus condiciones reales.

“Colombia tiene la capacidad técnica y la capacidad de ejecución para crear una barrera. Las medidas no son muy complicadas. Me atrevería a decir que es mucho más complejo construir una vía que hacer adaptaciones laborales, tanto en lo público como en el sector privado, frente al cambio climático”, resalta.

Guzmán apela a un ejemplo para desarrollar su idea. “En el sector de la construcción, que ha tomado tanta fuerza en el país, una alternativa es modificar los horarios laborales y no tener jornadas en las horas del día en las que el calor es más fuerte. Y eso compensarlo en las tardes-noches. Incluso, más temprano en las mañanas. Esto es lo que llamamos medidas comportamentales”, explica.

El experto también se refiere a la inversión en infraestructura, dinero que sería mucho más económico para cualquier empresa que la disminución del rango de productividad.

“Con apelar al enfriamiento pasivo, que se hace a través de la sombra, usted disminuye la exposición al sol, con buenos materiales, y baja el calor. Incluso, en otros flancos, las grandes ciudades pueden apelar a sembrar más árboles, algo que se ha comprobado que mejora la sensación ambiente”.

Esto último serviría para los trabajadores informales, que no cuentan con garantías prestacionales, mucho menos con administradoras de riesgos laborales. Cabe resaltar que el 43,3% de la población ocupada lo hace desde la informalidad, cifra que cayó dos puntos en mayo pasado, pero que sigue siendo bastante alta.

“Son los grandes afectados. Y ahí es donde las administraciones tienen que hacer un esfuerzo, que no es tan descabellado, para mejorar sus condiciones. Los árboles son una idea que ha surtido efecto en otras partes del mundo, que no implica mayor inversión, y que funciona a largo plazo. En Colombia, los barrios de las ciudades más humildes son los menos arborizados. Y lo digo porque el problema laboral puede convertirse en un problema de salud pública”, expone el economista.

Frente al aumento de los precios de la canasta familiar, Guzmán identifica dos tipos de disposiciones que podría hacer el Gobierno para no afectar el bolsillo de los colombianos. “Están las de emergencia, que por la premura no permiten tener un campo de acción más amplio y que pueden ser el aumento de los subsidios para la importación de alimentos, incluso para aumentar la producción de estos mismos productos en zonas del país que no estén siendo tan afectadas por El Niño”, propone.

Y están las medidas preventivas que, en el tema del agro, va encadenado a una transformación energética que permita no depender exclusivamente del agua, ahorrar ese líquido y dedicarlo exclusivamente al riego de cultivos para contener las prolongadas sequías.

“Pero acá hay que agregar algo fundamental: estamos tan poco desarrollados en el tema del agro que no tenemos identificadas las variedades de cultivos que resistan el clima, como sucede en otros países desarrollados. Además, no hay un buen manejo del agua en las temporadas de lluvias, que permita sopesar las de las altas temperaturas”, agrega.

Por último, Guzmán plantea otro camino. “Colombia tiene que pensar lo siguiente: cómo puede generar cultivos resistentes a la sequía, incluso al punto de generar una nueva costumbre de consumo. Eso evitaría un aumento en los precios a causa de un desabastecimiento”.

(Sputnik)

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