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Se llamaba Muhamad Waseem Moaz. Murió el jueves en uno de los bombardeos sobre la ciudad de Alepo. Era uno de los últimos médicos pediatras que quedaban en una población que se ha convertido en símbolo del martirio sirio y sobre la que estos días se abate una tormenta de fuego que amenaza con hacer fracasar definitivamente el alto el fuego auspiciado por Estados Unidos y Rusia.

 

Moaz se dejó la vida en el hospital al-Quds, que Médicos Sin Fronteras apoyaba en la zona. Junto a él perecieron 14 pacientes en lo que la ONG ha calificado como «crimen de guerra». Pero la muerte de Moaz, que se jugaba la vida para atender a la castigada infancia local, ha causado un impacto especial. Su pérdida deja a los niños de lo que queda de Alepo todavía más desamparados.

 

A punto de casarse

De 36 años, Moaz nació y estudió medicina en Alepo, su ciudad, donde todos destacaban su amabilidad y su buen talante. «Nunca se le veía enfadado» es una de esas opiniones que estos días recogen los cronistas desplazados a la zona.

 

Además, Moaz había decidido quedarse en Siria pese a que las bombas acechaban día tras día al centro médico donde trabajaba. Su familia estaba en Turquía huyendo de la guerra y el doctor tenía pensado reunirse con sus seres más queridos en los próximos días. Llevaba cuatro meses sin verlos y, además, el diario italiano Corriere della Sera, apunta en su versión digital que iba a casarse con su pareja en los próximos meses. 

 

Profesional entregado

El doctor Hatem, director del hospital infantil de Alepo, le ha dedicado un sentido homenaje a su colega en Facebook, en el que elogia su «humanidad y bravura». Ha relatado que Moaz solía trabajar durante el día en este centro sanitario para marcharse por la noche a atender emergencias en el hospital al-Quds. Pese a las difíciles circunstancias en las que desarrollaban su trabajo, que les hacía pasar seis horas al día juntos, Moaz era, según Hatem, «el médico más adorable en nuestro hospital». Siempre mostraba un buen talante y acostumbraba a bromear con pacientes y trabajadores.

 

Moaz trabajaba con Médicos Sin Fronteras desde 2013. «Siempre seguía adelante, siempre estaba ahí y se preocupaba de lo que necesitaba la gente. Era muy honesto y comprometido», de acuerdo con la descripción de Aitor Zabalgogeazkoa, portavoz de la MSF.

 

Apenas 25 médicos

El Observatorio Sirio por los Derechos Humanos, ONG con sede en Londres que sigue la evolución del conflicto en Siria ha denunciado que Moaz era el último pediatra que quedaba en la parte de Alepo bajo control rebelde. Los centros sanitarios de la ciudad están viviendo una situación extrema. El doctor Zahed Katurji dijo que ya no hay en la ciudad más que 25 médicos.

 

Fuentes locales acusaron a la aviación rusa que colabora con las fuerzas de Bachar el Asad del ataque contra un hospital que, según MSF, todos las partes beligerantes tenían identificada. Moscú ha negado que sus aviones sean los que bombardearon el centro.

 

(ABC.es)

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