La maquinaria mediática global vuelve a la carga. En estas horas finales de 2018, grandes medios de influencia transnacional dan demostraciones de cómo piensan contribuir a la estrategia declarada de desconocer al presidente Nicolás Maduro, quien debe tomar posesión el 10 de enero para un segundo mandato de seis años.

La maquinaria mediática global vuelve a la carga. En estas horas finales de 2018, grandes medios de influencia transnacional dan demostraciones de cómo piensan contribuir a la estrategia declarada de desconocer al presidente Nicolás Maduro, quien debe tomar posesión el 10 de enero para un segundo mandato de seis años.

 

Casi siempre, esos grandes medios cuidan las apariencias. Pero a veces ni eso. Una de estas veces ocurrió con la difusión de extensas y casi idénticas notas en los diarios madrileños El País y El Mundo, en las que se asegura que Venezuela es un país líder en materia de crímenes violentos.

 

Las notas tienen pequeñas diferencias de estilo, pero coinciden en un aspecto muy revelador: únicamente se basan en las declaraciones y datos del directivo de una organización no gubernamental. A sus dichos y estadísticas se les otorga total credibilidad, al punto de que ambos medios los asumen como verdades.

 

Títulos y encabezados

 

El titular de El País afirma que  “Venezuela se convierte en el país más violento de América Latina”.

 

Pese a las estrictas normas de titulación del diario español, que prohíben repetir las mismas ideas y palabras en los diferentes componentes del conjunto titular (antetítulo, título y subtítulo o sumario), en este caso parece haberse hecho una excepción. El antetítulo es “Violencia en Venezuela”. El título es el señalado arriba mientras el subtítulo o sumario dice: “Venezuela ha ocupado este año el primer lugar de la lista de los países más violentos de Latinoamérica”. El empeño de relacionar a Venezuela con la palabra violencia es más que evidente.

 

Mientras tanto, El Mundo no se conformó con otorgarle a Venezuela la supremacía criminal del subcontinente, sino que la elevó al rango planetario: “Venezuela vuelve a ser el país con más muertes violentas del mundo”.

 

Los párrafos de entrada de las dos notas (lead, en la jerga periodística venezolana) no dejan lugar a dudas de la total fe que se le asigna a los datos de la ONG. La nota de El País, firmada por la periodista venezolana Florantonia Singer, indica: “Venezuela llegó en 2018 al primer lugar de la alarmante clasificación de los países más violentos de América Latina. El país sudamericano cierra el año con una tasa de 81,4 homicidios por cada 100.000 habitantes —una cifra que lo coloca como el más violento de la región, por encima de El Salvador y Honduras— y un total de 23.047 personas asesinadas, según los datos recopilados por el Observatorio Venezolano de Violencia”.

 

En tanto, el corresponsal español Daniel Lozano, le pone un poco más de picante a su encabezado de El Mundo: “Venezuela mantiene su dictadura en el ránking de la violencia. Pese a la diáspora masiva que sufre, el país sudamericano vuelve a liderar este año la estadística que nadie quiere encabezar: el país con más muertes por causas violentas del mundo, con 23.047 y una tasa de 81,4 por cada 100.000 habitantes. Así lo hizo público ayer en Caracas el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), la ONG más prestigiosa en la materia, que desarrolla sus estudios e investigaciones pese a todos los obstáculos que pone en su camino el gobierno bolivariano”.

 

Lozano incurre con frecuencia en estas extralimitaciones informativas. Recientemente, el embajador venezolano en Madrid, Mario Isea, debió solicitar un derecho a réplica a El Mundo por otra publicación de Lozano en la que afirma que Maduro será un presidente paria a partir del 10 de enero. “Rechazamos de forma categórica dicho artículo ya que contiene afirmaciones distorsionadas, tendenciosas, inexactas, las cuales ameritan las siguientes precisiones y el consecuente señalamiento. En este caso, el periodista oculta información y ofrece una visión sesgada que viola todo código de estilo y buenas prácticas y que contradice la ‘vocación plural’ que afirma tener su periódico. Este tipo de contenidos, plagado de omisiones y desinformación deliberada, responde más a una campaña con fines políticos que al derecho de la opinión pública española a estar debidamente informada con veracidad e imparcialidad”, indica la misiva del embajador.

 

Imágenes

 

Si alguien duda de las intenciones manipuladoras de las notas, puede dedicarle atención al complemento gráfico de ambas notas. El de El País es una fotografía del sepelio de Christian Charris, de quien se dice, sin ningún tipo de lugar a dudas, que fue “asesinado a manos de la policía”.

 

Mientras tanto, El Mundo ilustró su nota con una foto totalmente fuera de contexto: en ella aparece el dirigente opositor Teodoro Campos, herido en la cara, trasladado por un funcionario de la Policía Nacional Bolivariana y un civil. El pie de la gráfica dice: “Ataques contra los políticos Teodoro Campos y Henri Falcón, el pasado abril en Caracas”. Se trató de una escaramuza electoral que, en cualquier caso, nada tiene que ver con el tema de la violencia criminal o policial.

 

Más coincidencias

 

Las notas gemelas derivan de inmediato hacia otro aspecto también denunciado por el Observatorio Venezolano de Violencia, a través de su vocero, el sociólogo Roberto Briceño León. Se trata de que al menos una tercera parte de esas muertes violentas habrían sido perpetradas por funcionarios del Estado.

 

Lozano, en El Mundo, lo dice así: “Destacan sobremanera las 7.523 muertes por ‘resistencia a la autoridad’, aquellas que se producen en enfrentamientos con los cuerpos de seguridad y que, según expertos, es un término utilizado por el gobierno para ‘esconder’ ejecuciones. Si algo define 2018 son las denuncias de ejecuciones extrasumariales, que se han multiplicado según las organizaciones civiles y de derechos humanos”.

 

Por su lado, Singer lo expresa de esta manera: “La cifra bruta —23.047 muertes violentas— encierra otra aún más preocupante: 10.422 de ellas son claramente homicidios, pero otras 7.523 corresponden a lo que la policía clasifica como ‘resistencia a la autoridad’. En otras palabras: casi la tercera parte ocurrieron a manos de las fuerzas de seguridad, en muchos casos en episodios de ejecuciones extrajudiciales. El resto —5.102— están todavía bajo el tupido velo de la averiguación”.

 

Descalificación de cifras oficiales

 

Ambas notas desestiman cifras oficiales recientemente presentadas por el ministro del Poder Popular de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol.

 

El redactor de El Mundo las menciona, las descalifica de entrada y aprovecha para dejar colar opiniones personales e ironías. “Las cifras oficiales, como de costumbre, son mucho menores. De acuerdo con el ministro de Interior y Justicia, el mayor general Néstor Reverol, en 2018 hubo 9.675 homicidios en el país petrolero, 27,7% menos que el año pasado, para llegar a una tasa de 30 por cada 100.000 habitantes. El crecimiento irrefrenable del número de homicidios durante el chavismo provocó que durante años el gobierno ocultara las cifras, para pasar luego a ofrecer unas estadísticas retocadas, entre las que no figuraban ni enfrentamientos ni los fallecimientos por causas desconocidas. Desde la llegada de Chávez al poder hasta hoy, sumando los seis años de Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores, se contabilizan en torno a 330.000 muertes violentas, cuando en 1998 apenas sumaban 4.550. El capitalismo, los videojuegos, las series de narcos, las telenovelas, Spiderman y Superman fueron señalados por la revolución como los grandes culpables de una plaga que no cesa”.

 

El País no incluyó en su trabajo las cifras del Ministerio.

 

Una reducción con muchos peros

 

Ambos periódicos admiten que aún con respecto a las investigaciones de la misma ONG, la  cifra de muertes violentas cayó en 2018, con respecto a 2017, de 89 a 81,4 por cada 100 mil habitantes. Esto pudiera llegar a verse como una noticia alentadora. Pero los dos medios se las arreglan para hacerlo ver como algo igual de negativo que si la cifra hubiese subido.

 

El País cita a Briceño León para explicar por qué la reducción de la tasa es una mala nueva: “El trágico récord se alcanzó a pesar de la reducción de la tasa, desde el 89 por cada 100.000 habitantes registrado en 2017. Las razones que explican esta caída también pasan por el tamiz de la aguda crisis venezolana. El director del Observatorio Venezolano de Violencia apunta a que la citada política represiva de ‘acabar con homicidas’, ha redundado en una reducción de los homicidios, aunque su legalidad y apego a los derechos humanos ‘estén en cuestión’».

 

El Mundo, una vez más, sobresale en su explicación, apelando para ello a las palabras del criminólogo Luis Izquiel: “Pese a la magnitud de las cifras, las muertes por causas violentas sí bajaron entre 2017 y 2018: el año pasado fueron 26.616, para una tasa de 89 por cada 100.000 personas. ‘La disminución de homicidios se puede explicar por la emigración, calculada en cerca de cuatro millones, por la consolidación de megabandas que no disputan territorios con otras bandas y por la política de exterminio del gobierno con ejecuciones extrajudiciales’, resumió Izquiel”.

 

Los dos periodistas, en perfecta coincidencia, dedicaron una parte de sus notas a precisar que las dos zonas más violentas del país son el pueblo minero de El Callao, en Bolívar y el estado Aragua.

 

(LaIguana.TV)

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