Resulta evidente que la crisis política precipitada en Bolivia tiene unos motivos económicos y geopolíticos relacionados con el afán del capitalismo hegemónico global de dominar a todos los países considerados periféricos para sacar provecho de sus materias primas, en complicidad con las burguesías de cada nación.

 

Pero en el caso de Bolivia se suma un fuerte componente racial, pues el golpe de Estado ha sido la manera que ha tenido la minoría rica y de ascendencia europea de retomar el poder político, luego de trece años de gobierno del indígena aymara Evo Morales.

 

Algunos datos sueltos sobre Bolivia ilustran esta parte del telón de fondo de la crisis:

 

Composición étnica

En Bolivia hay 37 pueblos indígenas a los que pertenecen alrededor de 2 millones 800 mil personas, mientras la autoproclamada presidenta de esa nación, Jeanine Áñez, ha declarado que sueña con una nación libre de ellos o, al menos, que se queden en ciertas regiones, lejos de las ciudades.

 

Si recurrimos a las autodefiniciones, en el censo de 2012, algo más de 41% de los bolivianos dijeron que se sienten como pertenecientes a alguna de las etnias originarias. Esa cifra generó gran polémica en el país del altiplano porque una década antes, en 2001, hasta 62% se identificó como indígena. Una de las múltiples interpretaciones de esa baja de 21 puntos porcentuales en la autopercepción es el recrudecimiento del racismo y del endorracismo. Las élites sociales y étnicas acentuaron su desprecio a lo indígena luego del triunfo de Evo Morales, en 2005 y de la entrada en vigencia de la Constitución que caracterizó a Bolivia como un Estado plurinacional. Los bolivianos mestizos con rasgos indígenas, y muchos indígenas propiamente dichos, se sintieron intimidados o fueron víctimas de intensas campañas mediáticas  y optaron por negar su herencia étnica como forma de no ser excluidos.

 

Expertos como la politóloga Moira Zuazo alertan sobre un proceso de “desindigenización identitaria” que podría estar produciéndose justo cuando el país había avanzado en términos de igualdad, con su gobernante aymara y su Constitución de avanzada en este aspecto del reconocimiento de los pueblos originarios.

 

En todo caso, más allá de las autopercepciones y de cómo estas han evolucionado, lo cierto es que solo entre 10% y 15% de los bolivianos son blancos. Muchos de ellos pertenecen a grupos étnicos europeos y descienden de alemanes y croatas que llegaron durante o después de la Segunda Guerra Mundial. Curiosamente, una parte de esos inmigrantes eran judíos que lograron escapar del holocausto, pero sus descendientes terminaron siendo pronazis.

 

Al margen también de los cambiantes censos, la Federal Research Division, agencia del gobierno de Estados Unidos que maneja toda clase de información estadística, dictamina que 58% de los bolivianos son indígenas (28% quechuas, 19% aymaras y 11% de otros grupos) y 30% más son mestizos. Los de origen europeo llegan apenas a 12%.

 

Distribución étnica regional

El porcentaje de población indígena varía según las regiones. Llega a casi 70% en Potosí, pasa de 50% en La Paz y Oruro. Roza con esa cifra en Chuquisaca y Cochabamba, y cae por debajo de 25% en Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija. De Estas últimas zonas es donde proviene la mayor presión contra Morales y las expresiones más cruentas del racismo, incluyendo algunas de raigambre fascista. En esa zona es donde se forjó además la propuesta secesionista de la Media Luna, que generó el único conflicto de gobernabilidad  de gran envergadura que había sufrido Morales antes del actual.

 

Efectos electorales


Las fuerzas anti-Evo han contado como aliado al endorracismo para fortalecerse electoralmente
, sostiene  Emilio Hurtado Guzmán, un escritor y periodista que dirige la revista digital La Rendija, de Santa Cruz. Según este comunicador, esa es la explicación de que Carlos Mesa haya logrado hasta 36% de los votos en los comicios presidenciales. “Los resultados de las elecciones generales refleja que son muchas las personas que, considerándose de clase media, miran con desdén al presidente Evo Morales”.

 

El analista señaló que, paradójicamente, buena parte de esas familias han llegado a ese estrato social gracias al crecimiento económico y el apoyo estatal. Sin embargo, muchos de estos bolivianos se rebelaron electoralmente contra Morales. En este sentido, la movilidad social se ha revertido contra el gobierno que la ha hecho posible, tal como ocurrió también en la Argentina de los Kirchner y en el Brasil de Lula  Da Silva y Dilma Rousseff.

 

Comenta Hurtado Guzmán que los antiguos pobres que pasaron a formar filas en la clase media eran los primeros en cuestionar a Morales por viajar en el avión presidencial, usar un auto blindado para trasladarse, almorzar en un hotel, dar entrevistas a medios internacionales o cuando recibió honores  de jefe de Estado en otros países. “Son los que dicen ‘¿hasta cuándo gobernará este indio?, ‘es momento de sacar al indio’”.

 

En la Venezuela bolivariana se tiene una amplia experiencia en ese sentido, pues ese mismo fenómeno del ascenso social con efectos contrarios a los esperados y ese mismo desprecio por los gobernantes que no son del gusto de los estratos medios se produjo con respecto al comandante Hugo Chávez y sigue produciéndose con el presidente Nicolás Maduro.

 

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)

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