Luego de una semana hablando de temas políticos muy candentes, como la designación del Consejo Nacional Electoral, la crisis interna de algunos partidos  y los desvergonzados negocios que una camarilla opositora hace con los activos de la nación, Miguel Ángel Pérez Pirela dedicó el programa Desde donde sea a hablar de Nicolás Maquiavelo.

Esta especie de clase de filosofía por internet y redes sociales, cerró, como ya se está haciendo costumbre en la emisión de los viernes, con una lectura de poesía.

Maquiavelo y lo maquiavélico

Comenzó la disertación preguntándose qué significa  maquiavélico, esa palabra tan utilizada para referirse a políticos despiadados y advirtió que muchos de los contenidos de la obra de este pensador florentino del Renacimiento han sido desvirtuados por una excesiva simplificación. Un ejemplo es que todos han oído la frase “el fin justifica los medios”, pero Maquiavelo no la escribió en El Príncipe.  «Se le podría atribuir a una nota pie de página hecha por  Napoleón», aclaró.

Precisó que Maquiavelo escribe este libro, una de sus obras fundamentales, en el Renacimiento, a finales de 1400 comienzos de 1500. «El Renacimiento es un movimiento intelectual que florece al final de siglo XV y comienzos del siglo XVI. Del Renacimiento  surgen las disciplinas más arduas, las obras de arte más excelsas, los experimentos científicos más precisos. Se habla del Renacimiento como la explosión europea del pensamiento. Durante ese tiempo se produjo también lo que mal llamaron el descubrimiento de América en 1492, aunque nosotros tenemos otra interpretación».

«Para hacer filosofía hay que contextulizar y en ese contexto, el Renacimiento fue una época en la que se llegó a poner entre paréntesis la idea misma de Dios y de religión que se había formado durante el Medioevo, a partir de las universidades fundadas por la Iglesia católica. Durante ese tiempo en  Florencia, en Toscana, comenzaron a surgir personajes como Galileo Galilei, Miguel Ángel, Rafael, Maquiavelo, que relativizaron todo el conocimiento que hasta entonces se había dado», añadió.

«Criticar a Aristóteles en el Medioevo y al inicio del Renacimiento  era una afrenta. Pero surge toda una generación de pensadores, de creadores, de artistas inspirados en la idea de que en el centro del mundo se encuentra el hombre, no ya la omnipotencia divina, de Dios, sino en la racionalidad. Se impone la idea de la techne, la capacidad de cambiar el mundo y modificar la naturaleza a través de la razón. El Renacimiento es el lugar del hombre y de la razón como capital del mundo, en contra de lo que se venía haciendo en el Medioevo».

Acotó que sin embargo, en su concepto, no es cierto que la Edad Media haya sido una época oscurantista, sin ciencia o florecimiento del pensamiento racional. «Nada más lejos de la realidad. En esto voy a contrapelo de muchos historiadores. No pudo haber un Renacimiento sin toda la carga epistemológica que nos viene del Medioevo».

«Nicolás Maquiavelo era un hombre que se inscribía en la lógica del Renacimiento -prosiguió-. No piensa al ser humano desde la lógica aristotélica teleológica (telos significa finalidad) de que la acción buena es la que tiende hacia un fin, y que ese fin es el bien. No, no, no. Maquiavelo nos susurra al oído que el hombre es una total mierda. Imagínense lo que eso significa en un mundo que viene del Medioevo, que tiene al hombre como hijo de Dios, ser bueno y bondadoso por naturaleza y también como ser político por naturaleza (recordemos que Aristóteles hablaba del zoon politikon, animal político, hecho para vivir en comunidad). Maquiavelo empieza el Renacimiento  pensando y analizando la figura misma del gobernante, del político. Dice: no es lo mismo un gobernante bueno que un buen gobernante. Hasta ese momento se creía que el buen gobernante era el que seguía las normas, las leyes de la sociedad, el buen comportamiento de la religión católica. Maquiavelo dice que el gobernante no tiene que ser bueno en términos de valores morales.  Un buen gobernante hace cálculos de táctica y estrategia sobre el terreno para simplemente mantener el poder. Es decir, toda acción es buena si nos lleva a un mantenimiento del poder».

Contexto histórico
Insistiendo en que siempre es necesario ubicar a los pensadores en su momento histórico, indicó que al estudiar a Maquiavelo nos encontramos en una Italia dividida, que no era todavía la nación que conocemos ahora, pues esta solo ve la luz como tal en el siglo XIX, después incluso que Venezuela era ya república. 

«Era una serie de estados, de pequeños países  como Florencia, El Vaticano, Pisa, Milán y Nápoles (que hacía parte de España). En esa Italia dividida en varias repúblicas es precisamente donde aparece Maquiavelo. Se defendían entre ellos a través de ejércitos mercenarios o de grande Estados como España o Francia. A Maquiavelo le llamó la atención que ese tipo de fuerzas tuvieran  beligerancia en Italia». 

Desmontando otros mitos acerca del personaje, puntualizó que a los 29 años, Maquiavelo  llega a la función pública, pero es falso que haya sido un gran diplomático, sino que fue un secretario, un personaje burocrático de medio pelo que comenzó a ser parte de la república de Soderini. Este gobernante pretendía execrar a los Medici, una familia de banqueros que tenía grandísimo poder en Florencia. Se decía que sus propiedades eran las que mayores riquezas albergaban en toda Europa. «Pasa 14 años trabajando hasta que llegan nuevamente los Medici y (por haber sido funcionario de Soderini) es execrado y exiliado en las afueras de Florencia. A partir de 1512 escribe El Príncipe, obra que cambió el pensamiento político y la historia de la filosofía política. Del dolor del exilio nace nada menos que El Príncipe«.

Pérez Pirela leyó un fragmento de lo dicho al respecto por el propio Maquiavelo: “Se podría ver que en quince años durante los que estudié el arte del Estado, ni dormí ni estaba jugando. Cada uno debería saber que todo lo que voy a hacer y escribir está fundamentado en la experiencia”. 

Comentó que muchos creen que El Príncipe es el primer libro de sociología que se conozca, mientras otros han afirmado que es el primer tratado sobre imagen política. «En política lo que parece no es, de allí la grandísima diferencia entre el ser y el aparecer. Para Maquiavelo la política no era el lugar del ser, sino del aparecer. ¿Estamos en presencia del primer especialista y asesor de marketing político de la historia? Puede ser. De hecho, para él eran muy importantes los asesores, pero hacía una diferencia entre los que adulaban, otra el asesor que hablaba solo cuando el príncipe se lo pedía y a partir del conocimiento».

Comentó que El Príncipe es una obra cargada de ironías, pues Maquiavelo termina dedicándoselo a Lorenzo de Medici, es decir a aquellos que lo execraron de la vida política florentina.  Además, a pesar del título, que remite a la idea de los regímenes monárquicos, es un libro con un muy interesante fundamento republicano.

Tipos de príncipe


Luego de recomendar que se dejen a un lado los lugares comunes sobre Maquiavelo, pasó a analizar uno de los aspectos más interesantes de su obra, que le otorga una vigencia permanente a lo largo de los tiempos. Se trata de la taxonomía que hace de los principados. Dice que hay de dos tipos: los heredados y los nuevos.

«Los regímenes hereditarios son demasiado estables y fáciles porque naces y ya heredaste el poder. Pero muy difíciles para conservarlos. No es porque seas el hijo de alguien tienes asegurado una presidencia, un ministerio, una alcaldía, una gobernación. Todo lo contario pasa con los principados nuevos, creados a partir de la virtud del príncipe que logró llegar al poder. Los principados y, en general, la política se pueden entender a partir de la utilización de la fuerza. Vamos a otra categoría importante en Maquiavelo, que es la guerra. Dice que la fuerza es necesaria tanto para tomar el poder como para conservarlo».

“La razón primera y última de la política del príncipe es el accionar de esta fuerza, es decir, de la guerra. Debe entonces un príncipe no tener otro objetivo ni otro pensamiento, ni tomar otra cosa de su arte, fuera de la guerra y de los órdenes y la disciplina de ella, porque solamente la guerra espera a quien comanda”, citó.

«Maquiavelo acaba con la idea de virtud, de moral, de guantes de seda. La política es otra cosa.  Advierte que ‘cuando el príncipe piensa más en las delicadezas, el buen trato,  la cortesía, a la idea de bien, que en la guerra, está en camino a perder su poder’”.

Volvió sobre el punto del poder militar. Para Maquiavelo, un Estado se tiene o por la aplicación de las leyes o por la aplicación de las armas.

«Maquiavelo advierte que no debían ser las armas de los mercenarios porque estos ganan las guerras pero luego se venden al mejor postor. Mi teoría es que él es quien plantea por primera vez la necesidad de crear un ejército nacional. El príncipe que él imagina es uno que comienza a buscar la idea de la nacionalidad, e la italianidad, en su caso».

La virtud no tan virtuosa


Otro aspecto destacado en el enfoque de Maquiavelo se refiere al significado que le atribuye a la palabra virtud, cuando se refiere al accionar de los gobernantes.

«La virtud para él no es hacer el bien. La característica fundamental de un príncipe realmente virtuoso es que esté dispuesto a conseguir sus objetivos más altos. Virtud implica el requisito de la flexibilidad moral. Él dice que ‘es necesario que tenga un alma dispuesta a cambiar según que el viento de la fortuna o las variaciones de las cosas, se lo dicten’”.

Respecto al término «fortuna», explicó que para Maquiavelo, era una mujer a la que hay que seducir. 

«Divide las acciones humanas entre la suerte y la virtud. Dice que la suerte es el árbitro de la mitad de nuestras acciones. Demuestra su potencialidad donde no es ordenada por una virtud que resista. La suerte tiene que estar seducida por la virtud. Al final, el hombre puede y debe resistir a la suerte y prepararla con su virtud -dijo, y citó nuevamente, traduciendo de un idioma que está a medias entre el italiano y el latín- ‘La suerte es un mujer que está siempre presta a ceder a aquellos que usan la violencia y que la tratan rudamente, a los jóvenes impetuosos, audaces, autoritarios, más que a los hombres maduros, circunspectos y respetuosos'».

Insistió en que, de acuerdo a la visión de Maquiavelo, quienes llegan al poder por virtud lo hacen con mucha dificultad, pero tienen facilidad para conservarlo. Y todos los profetas armados le ganaron a los desarmados. Por eso hay que tener siempre el poder de las armas.

En torno a la naturaleza de los pueblos, el autor estudiado considera que no es fija, sino que varía. «Es fácil persuadirlos de algo pero muy difícil mantenerlos en esa persuasión. Cuando ya no puedas, tienes que hacerles creer a la fuerza».

Esta recomendación pone en evidencia nuevamente un cambio en la idea que se tenía de la moral. «El  uso de la crueldad contra el pueblo puede ser algo bueno o malo. La crueldad puede ser bien o mal ejecutada. ‘Si del mal es lícito decir bien, puede existir una crueldad justificada’, afirmaba Maquiavelo».

Su consejo va a fondo en este punto. Indica que la crueldad es  mala cuando no se renueva y se alarga en el tiempo, pues se convierte en algo que le se traduce en odio para el gobernante. Recomienda ejercer la maldad de una sola vez. Si se alargan, das lugar a que los enemigos se venguen».

Esta recomendación es la que ha llevado a grandes estudiosos de Maquiavelo, como Jean Jaques Chevalier a decir que Hitler parece tomar este principio cuando ordenó ejecutar una masacre temprana, el 30 de junio de 1934.

Entre los asertos polémicos, que le han ganado fama de implacable a Maquiavelo se cuenta el que dice que para el gobernante «es mejor ser temido que amado porque quien te ama no te respeta y en cualquier momento se le olvida que te ama. En cambio, quien te teme nunca olvida el temor».

«También insistía en que los errores de un político son técnicos no morales. Solo el delito es criticable moralmente. La técnica es el arte del éxito político. Igualmente habla de astucia afortunada. No es fortuna, no es virtud. Es una feliz destreza porque algunas veces el príncipe tiene que beneficiar al pueblo y a veces a los poderosos. El pueblo pide no ser oprimido por los poderosos, pero los grandes desean oprimir. Es por eso que  algunos historiadores dicen que lo que hizo Maquiavelo no fue destinado a orientar a los gobernantes,  sino para alertar al pueblo cómo funciona el poder».

Comportamiento del príncipe


Señaló que del capítulo 15 al 20, Maquiavelo ofrece un retrato de cómo debe comportarse el príncipe.

Toda ética, concepto de bien y mal, no es en términos absolutos, sino que se inscribe en una realidad precisa. Si pretendemos  vivir en un mundo como debería ser, en un mundo como el que tenemos, rápidamente seríamos víctimas. El gobernante debe aprender a no ser siempre bueno. Debe serlo Según la circunstancia. Este tipo de planteamientos  inspiran a filósofos contemporáneos como David Gauthier, autor de La moral por  acuerdo, un conspicuo representante del liberalismo. Allí plante a que toda moral existe en el terreno, depende de la circunstancia.

Mal concepto del ser humano


A juicio de Pérez Pirela, detrás de la filosofía de Maquiavelo hay una idea negativa de la naturaleza humana. «Está desilusionado de los hombres. Considera que el ser humano es hipócrita, interesado. Por eso plantea la crueldad bendita como concepto político, que es la manera de acabar con el germen del desorden, los asesinatos y rapiñas que una excesiva piedad había dejado florecer en todo el Estado».

Leyó la definición de hombre del florentino: “Ante todo, los hombres generalmente son ingratos, volubles, simuladores, disimuladores, escapistas del peligro, pendientes de la ganancia y mientras les haces bien son todo para ti. Te ofrecen hasta su misma sangre, sus vestidos, la vida, hasta sus hijos, pero cuando llega la necesidad se convierten en tus peores enemigos”.

Subrayó que esa óptica es precedente del estado de naturaleza negativo que luego desarrollaría Thomas Hobbes.

Para Maquiavelo, hay algo de lo que el príncipe debe escapar: el odio. Todas las fortalezas que pueda tener un príncipe no le van a servir de nada, si el pueblo lo odia. Para evitarlo, recomienda abstenerse de querer acceder a las propiedades de los otros hombres y a sus mujeres.

«Propone el engaño como la característica fundamental de la política. El político debe ser hombre y bestia. La manera puramente humana no basta. Si los hombres fueran todos buenos, este precepto no sería bueno. Porque los hombres no observarían la bondad que hay en ti», reseñó.

Finalizó la clase sobre el pensamiento de Maquiavelo, señalando que el autor habla de la omnipotencia del resultado. «La única finalidad del político es mantener el poder, por eso recomienda que los castigos los hagan los otros, mientras el príncipe se mantiene en las cosas positivas».

Para los interesados en estudiar a Maquiavelo, recomendó las siguientes obras y autores:

Felix Gilbert, Maquiavelo y Guicciardini, Política e historia de Florencia en el siglo XVI.

Jean Jaques Chevalier, Grandes obras del pensamiento político 

Jean Touchard Historia de las ideas políticas, tomo 1

Philippe Lemon Historia de la ideas políticas, tomo 2

Quentin Skiner, Maquiavelo

David Gauthier, La moral por acuerdo

Gennaro Sasso, Nicolás Maquiavelo, Volumen 1 y 2

Viernes poético


La segunda parte del programa fue dedicada a recitar poesía. Inició con el poema
Presente continuo:

Quizás era verdad
esa mujer y yo

no teníamos futuro
sino un sinfín de interminable de presente.
Quizá allí estaba el secreto

de nuestro pasado

Declamó el poema Ideario de Francisco M. Ortega Palomares:

Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.
Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.

 

Nuevamente surgieron peticiones de una obra de Mario Benedetti, esta vez fue Pies hermosos de mujer:

La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por tobillos pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan Para Elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer por los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.

Leyó el poema Bordas de hielo de César Vallejo:

Vengo a verte pasar todos los días,
vaporcito encantado siempre lejos…
Tus ojos son dos rubios capitanes;
tu labio es un brevísimo pañuelo
rojo que ondea en un adiós de sangre!

  Vengo a verte pasar; hasta que un día,
embriagada de tiempo y de crueldad,
vaporcito encantado siempre lejos,
la estrella de la tarde partirá!

 Las jarcias; vientos que traicionan; vientos
de mujer que pasó!
Tus fríos capitanes darán orden;
y quien habrá partido seré yo…!

Una persona de la audiencia solicitó la lectura de Valgo, un poema atribuido a Jorge Luis Borges, en realidad obra de la poeta estadounidense Nadine Stair:

De tanto perder, aprendí a ganar.
De tanto llorar, se me dibujó la sonrisa que tengo.  
Conozco tanto el piso, que solo miro al cielo.
Toqué tantas veces fondo, que cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré.  
Me asombro tanto como es el ser humano, que aprendo a ser yo mismo.
Tuve que sentir la soledad, para aprender a estar conmigo mismo, y saber que soy buena compañía.  
Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a esperar que me pidieran ayuda.
Traté siempre que todo fuese perfecto y comprendí realmente que todo es tan imperfecto, como debe ser (incluyéndome a mí).
Hago solo lo que debo, de la mejor forma que puedo y dejo a los demás que hagan lo que quieran.
Vi tantos perros correr sin sentido, y aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido.  
Aprendí que en esta vida, nada es seguro, solo la muerte, por eso disfruto el momento y lo que tengo.
Aprendí que nada me pertenece y aprendí que estarán conmigo las personas y el tiempo que quieran y deben de estar, y quien realmente esté interesado en mí, me lo hará saber a cada momento, contra lo que sea.
Aprendí que la verdadera amistad sí existe, pero no es fácil encontrarla.  Que quien te ama, te lo demostrará siempre, sin necesidad de que se lo pidas.  Que ser fiel no es una obligación, sino un verdadero placer, cuando el amor es dueño de ti…  Eso es vivir….
La vida es bella, con su ir y venir, con sus sabores y sinsabores.  Aprendí a vivir, aprendí de los errores, pero no sigo pensando en ellos, pues siempre suelen ser un recuerdo amargo y  te impiden seguir adelante, pues hay errores irremediables.
Las heridas fuertes, nunca se borran de tu corazón, pero siempre hay alguien realmente dispuesto a sanarlas.  
Con la ayuda de Dios, todo mejorará siempre y cuando no te esfuerces demasiado, que las mejores cosas de la vida suceden, cuando menos te las esperas.  No las busques, ellas te buscan.

Por otra sugerencia leyó un fragmento del poema en prosa Discurso contemplativo, de José Antonio Ramos Sucre:

Amo la paz y la soledad; aspiro a vivir en una casa espaciosa y antigua donde no haya otro ruido que el de una fuente, cuando yo quiera oír su chorro abundante. Ocupará el centro del patio, en medio de los árboles que, para salvar del sol y del viento el sueño de sus aguas, enlazarán las copas gemebundas. Recibiré la única visita de los pájaros que encontrarán descanso en mi refugio silencioso. Ellos divertirán mi sosiego con el vuelo arbitrario y su canto natural; su simpleza de inocentes criaturas disipará en el espíritu la desazón exasperante del rencor, aliviando mi frente el refrigerio del olvido.

Cerró el recital con un poema de su autoría, titulado Mimo:

Te cayo 
para no gastar pólvora en cigüeñas
los jardines de infancia maduraron 
y ahora solo ancianos juegan en sus recreos
La casa que tan bien pintaste
ahora la veo en blanco y negro
como en un cine mudo
solo mimos sin eco hablan de lo nuestro
y en tu circo hasta los enanos crecieron
el show se terminó
y las entradas solo se venden como salidas.


(LaIguana.TV)

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