Durante la conversación sostenida entre Miguel Ángel Pérez Pirela y el presidente boliviano, Evo Morales, el derrocado líder aseguró que muchos militares y policías que en su día avalaron el golpe de Estado en su contra, hoy están arrepentidos y le han manifestado su respaldo.

Esta aseveración se produjo luego de una larga disertación, que sucedió al señalamiento de Pérez Pirela sobre el hecho de que los innegables logros sociales alcanzados por Bolivia durante los sucesivos mandatos de Morales –traducidos en un incremento notable del Producto Interno Bruto, una reducción significativa de la pobreza, así como el aumento de la esperanza de vida y del salario mínimo–, no representaban en América Latina un blindaje en contra de los golpes de Estado, añadiendo que si tales datos correspondieran a los de cualquier país europeo, sus gobiernos serían «prácticamente intocables».

Evo Morales Ayma inició sus comentarios sobre el tema explicando que el golpe de Estado en contra de su gobierno se cimentó en tres aristas: una racista, que denominó como «el golpe del gringo al indio», una segunda, vinculada a su modelo económico y la tercera, por el litio, recurso estratégico del cual la nación andina posee importantísimas reservas.

Sobre la primera arista destacó que todavía persisten «grupos racistas y fascistas que usan la Biblia para matar al pueblo, para la discriminación y hacen orar para odiar al pueblo con la Biblia en la mano», como que si estuviésemos en el «tiempo de la Inquisición«, aunque su saña mayor «es contra el indio, contra los indígenas». Y si bien son pocos, destacó, dicen ‘nosotros hemos estudiado para dominar, para mandar a los indios'».

Tampoco se trata de una práctica de reciente aparición, pues durante su experiencia como diputado, encabezó la lucha contra una ley que pretendía imponer la titulación universitaria como requisito para ser electo diputado o senador. Incluso, más recientemente, durante un encuentro con «jóvenes de la clase media alta en Santa Cruz«, en el que, pese a que manifestaron apoyarle y alabaron su gestión económica, uno de ellos mencionó que sería pertinente presentar un proyecto de ley que restringiera el ejercicio de la política a los politólogos.

«Ahora me doy cuenta de que hay grupos que no aceptan que los indígenas y trabajadores hagan política. Nuestro gran logro es haber derrotado la doctrina imperialista dentro de las luchas sociales. Esa doctrina dice que los movimientos sociales son terroristas. Luego dice que el sindicato no puede hacer política. Bajo esa doctrina imperialista proclaman la independencia sindical y pluralismo ideológico, para que unos puedan ser de derecha y otros de izquierda. Nosotros, desde el movimiento indígena nos hemos preguntado cuál es la herencia que nos dejaron nuestros antepasados. Automáticamente, desde que luchamos contra la invasión europea, ya somos anticolonialistas, antiimperialistas. Esa es la ideología que nos dejaron. Tenemos por tanto una ideología definida: la liberación frente a la opresión, la sublevación frente a la intervención», reflexionó Morales.

En el mismo orden de ideas, subrayó que la lucha sigue siendo por los recursos naturales, una razón que les obligó a encarar los límites del poder comunal y organizarse para conseguir el poder político:»Era importante el poder político y por eso impulsamos un instrumento político, que es el MAS-IPSP», que ha tenido que enfrentarse sucesivamente a «la derecha racista» y «al imperio norteamericano», agentes que «no quieren que los indígenas y otros sectores sociales hagamos política y demostremos cómo se administra un país».

La segunda pata de la mesa del golpe a la que apuntó previamente, se refería al modelo económico y al respecto, insistió en que durante su gestión, habían logrado demostrar «que otra Bolivia es posible, (…), con crecimiento, reducción de la pobreza, reducción de las desigualdades», prescindiendo de todos los fondos provenientes de las agencias estadounidenses como la Cuenta del Desafío del Milenio o de la USAID y del mismísimo Fondo Monetario Internacional.

«Tres millones de hermanas y hermanos pasaron de la clase pobre a la clase media. En 2005, el PIB era de 9 mil 500 millones de dólares, mientras en enero de 2019 dejamos más de 40 mil millones de dólares. Yo decía en mi informe de interpretación que en 180 años, de 1825 a 2005, nos dejaron con 9 mil millones de dólares de PIB y en trece años lo llevamos a más de 40 mil millones de dólares. Lo que teníamos mínimamente proyectado para 2025 era 50 mil millones o hasta 60 mil millones. Para un país que tiene 11 millones de habitantes, son recursos económicos importantes para atender las demandas de nuestro pueblo», detalló.

Luego de concretarse el golpe, admite haber caído en cuenta que «los Estados Unidos y el capitalismo no quieren otro modelo que sea mejor que el suyo» y por tal motivo, «el golpe también fue a [su] modelo económico».

La tercera causa de su derrocamiento estuvo, en su criterio, ligada al control del litio.

Recordando experiencias previas de visitas a Corea del Sur y a Japón, con miras a obtener tecnología que le permitiera a Bolivia contar con plantas industriales asociadas al valioso recurso, se topó con una gran limitante: esas naciones pretendían que su gobierno suscribiera acuerdos solamente para proveerles de materia prima, obstaculizando, por tanto, las posibilidades del país para producir mercancías derivadas.

Entonces concluyó que «el occidente solo nos quiere por las materias primas». Pero lejos de amilanarse y en compañía de su vicepresidente, Álvaro García Linera, quien había insistido largamente en que el Estado debía ocuparse de la industrialización del litio, se aprestaron a la labor y gracias a los crecientes recursos con los cuales contaba Bolivia, en 2018 lograron inaugurar una primera planta de cloruro de litio y en tres meses, lograron exportar 15 toneladas hacia Brasil.

«Este año estaba prevista la inauguración de la primera industria de carbonato de litio», añadió, pero su salida abrupta del poder, lo detuvo todo. «Es algo que realmente duele», dijo.

Pero en esta operación industrial del Estado boliviano quedaba por fuera Estados Unidos. Desde el inicio, Morales había determinado «que la industria del litio iba a ser sin los Estados Unidos». Para garantizarse mercado, estaban dispuestos a aceptar a otros socios, como China, Rusia o Alemania, pero no Estados Unidos.

Esta decisión soberana, en su parecer, no le fue perdonada. Ni a él ni a los bolivianos. Y tanto es así que recordó las declaraciones de un senador republicano, quien aceptó ante las cámaras «que Donald Trump había participado en el golpe y lo había hecho por el litio». «Es gravísimo porque se trata, otra vez, de la lucha por los recursos naturales», remató.

Haciendo un balance, admitió que pese a haber «demostrado tanto», finalmente se impusieron «algunos poderes externos y sectores internos que, lamentablemente, no estaban todavía convencidos, como el de la policía» y contrastó esa conducta con la de la generalidad de las Fuerzas Armadas, explicando que solamente se habían sumado al golpe «algunos comandantes», que «actuaron motivados no sé por qué, tal vez por plata».

Así, su derrocamiento, –que calificó como un «golpe de Estado que fue cívico-militar-policial, pero sobre todo del Imperio norteamericano»– se produjo gracias a la conjunción de estos complejos factores, si bien aseguró que «últimamente» había «estado en contacto con algunos policías que condenan la actitud de sus excomandantes y están arrepentidos, igual que algunos militares».

En este punto, Pérez Pirela quiso saber exactamente qué le decían ahora esos efectivos policiales y militares «luego de esa triste historia que protagonizaron».

A este respecto Morales dijo que estaban conscientes de que «hicieron una mala historia» y oficiales de distinta graduación «condenan a sus excomandantes y dicen lo mal que está Bolivia».

Inicialmente, solamente se habrían puesto en contacto funcionarios castrenses, pero en data más reciente, también se han comunicado con él policías.

«Se trata de garantizar las elecciones y, sobre todo, de respetar la Constitución. Así estoy convencido de que, tarde o temprano llega la razón, que es del pueblo», concluyó.

(LaIguana.TV)

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