Para sostener la ya prolongada denuncia del “cartel de los soles” no se ha tenido el cuidado de presentar ni siquiera el más insignificante dato real. Todo se limita a falsedades puestas a circular por agencias de inteligencia y difundidas, sin ética ni responsabilidad, por la prensa internacional.

El dictamen es de Fernando Casado, abogado y periodista español, quien ha investigado a fondo el tema que se usa para mantener en alto la tesis de que Venezuela es gobernada por una narcodictadura. Fruto de esa averiguación surgió la obra El mito del cartel de los soles, narcotráfico, crimen organizado y política en Venezuela, que fue presentada durante la recientemente concluida Undécima Feria del Libro de Caracas.

Casado, profesor de la Universidad Técnica de Manabí (Ecuador) y de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, concedió una entrevista a LaIguana.TV en la que ofreció su visión acerca de este tema, al que no duda en calificar como una fantasía que deja atrás a Narnia.

-Has dicho que este tipo de denuncias sostenidas por el aparato mediático son parte de una realidad ficcionada, ¿de qué se trata?

-Esto tiene que ver con muchas de las matrices de opinión, la construcción de mitos en torno a Venezuela. Son muchos esos mitos, pero este del cartel de los soles es el que causa más estupor. No es nuevo, ya que surgió con mucha fuerza por allá en 2015, cuando se publica en The Wall Street Journal un primer reportaje en el que se plantea la existencia de un cartel. Por cartel debemos entender una organización delictiva para el tráfico de estupefacientes a nivel internacional, en la que estarían involucrados altos cargos del gobierno de Nicolás Maduro. Desde ese momento me interesé en el tema, a sabiendas de que Venezuela es el país sobre el cual más se manipula en occidente. Era claro que esta falacia encajaba perfectamente con la nueva ola de telenovelas, como la que relata la vida de Pablo Escobar, El cartel de los sapos, y muchas otras. Me puse a investigar para ver qué había de cierto y qué había de falso en este cartel de los soles. Apenas rascas un poco en qué fuentes se tienen,  cómo se han desarrollado las investigaciones, cuál ha sido el rol del Departamento de Justicia de Estados Unidos, el Departamento de Estado, la DEA, el gobierno colombiano, etcétera, te das cuenta de que es una fantasía de una envergadura tal que Narnia se queda corta.

-¿No hay ningún elemento que haga pensar en una estructura del narcotráfico vinculada al gobierno venezolano?

-Exactamente, no la hay. Fíjate que es muy gracioso porque al principio se hablaba de Tareck El AIssami, luego de Diosdado Cabello. En ese tiempo, Nicolás Maduro no figuraba como capo del cártel, pero ahora sí lo es y por eso sobre su cabeza tiene la amenaza de una recompensa, al estilo de del antiguo oeste. Entonces, estas mutaciones van “filtrándose” a los medios de comunicación porque, además, la información siempre es muy opaca y siempre las fuentes son las mismas, los centros de inteligencia de EEUU los que van filtrando la información. Lo más alucinante del caso es que cuando hemos visto otras paradigmáticas mentiras mediáticas siempre se trata de construir la historia sobre la base de algún tipo de hecho real. Por ejemplo, cuando se habló de la posesión de armas de destrucción masiva por Irak, que se empleó como excusa para la guerra, se presentó con unas fotos satelitales de un supuesto lugar donde estaban las armas. Eso era falso, pero por lo menos se ocuparon de presentar un montaje para hacer un expediente y tener una excusa. En el caso de Venezuela, como la manipulación y las mentiras son tan sistemáticas y provenientes de muchos ángulos, pueden inventarse cualquier cosa y los medios de comunicación no discuten ni analizan nada. En la posición de esos medios, Venezuela constituye, de manera apriorística, un enemigo ideológico a derrotar. Tienen tal aversión hacia Venezuela que publican lo que sea sin verificar porque no les interesa investigar si es verdad o mentira. Pueden ir cambiando las narrativas y nadie se extraña. Hace cinco años, el capo del cártel era Cabello, hoy es Maduro y no pasa nada. Van sacando conejos de la chistera, como un prestidigitador y no pasa nada.

-En muchos casos se ha utilizado un mecanismo de centrífuga de información: sale acá en Venezuela un simple chisme, difundido por un pequeño medio o por un influencer de redes sociales; luego, lo reproduce un medio global, de esos a los que se llaman “prestigiosos” porque están en Europa o en EEUU; entonces rebota de nuevo en Venezuela, ya con valor de verdad porque lo publicó un medio “prestigioso”. ¿Este mecanismo se ha utilizado en el caso del cartel de los soles?

-Absolutamente. Yo lo denominó “lavado de información”. Es parecido a lo que hacen los narcotraficantes, que usan el dinero obtenido de las drogas para crear una red de empresas ficticias o reales para justificar la introducción de ese dinero al mercado legal. En el lavado de información, el Departamento de Estado, el Departamento de Justicia, la CIA o la DEA filtran una información falsa, entregándosela a un periodista que eligen. Este periodista la publica sin mencionar la fuente (porque sería poco creíble). Una vez que se publica la información se apela a la reputación del periodista y del medio para no poner en tela de juicio la veracidad o no indagar más. A partir de allí se vuelve a publicar en Venezuela y en el resto del mundo, pero ya no usando una fuente anónima de los servicios de inteligencia de EEUU, sino lo publicado por el Wall Street Journal o El País de España, y eso se considera garantía suficiente para no dudar de la información. Allí se completa el lavado de la información. En todo lo referente a Venezuela, esto ocurre a diario. Ocurrió también con la enfermedad del presidente Hugo Chávez y con el caso de los misteriosos vuelos de Irán a Venezuela, que supuestamente transportaban uranio. En el caso del cartel de los soles es sistemático. El problema es que incluso organismos internacionales como la JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas) también participa en este tipo de jugadas sucias. Entonces, el nivel de gravedad tiene una mayor envergadura porque no solamente son los medios de comunicación liberales y tarifados contra el enemigo común que es Venezuela, sino también se trata de un ente internacional con autoridad.

-Tengo entendido que tú intentaste consultar a los periodistas y medios que han difundido esas primeras informaciones. ¿Algunos de ellos te informó sobre las bases reales de sus denuncias o te presentó algún documento?

-Algo que me gusta hacer en mis investigaciones es preguntar qué piensan del caso a las personas que han escrito las denuncias. Esta vez intenté hacerlo. Contacté con todas las personas que habían publicado información sobre el cartel de los soles, las que supuestamente tenían acceso a las fuentes primarias, al dato tóxico inicial donde comienza toda la manipulación. Hice contacto con la JIFE para pedirles la información o una entrevista con alguno de los voceros que, por cierto, habían aparecido en medios de comunicación hablando del tema. Ni me contestaron para decirme sí o no… Nada. También lo intenté con una fundación que se ha dedicado a investigar el tema. Los contacté como investigador y docente universitario. No me han respondido. Lo mismo pasó con periodistas del Herald Tribune y de otros medios que han escrito al respecto, alegando que tuvieron acceso a datos confiables en forma primaria. No me interesé en hablar con los periodistas que han reciclado la información, sino con los que dicen tener fuentes con acceso a pruebas de la existencia del cartel. Ni uno, ni uno me ha contestado, no ya para mandarme a freír espárragos, sino que han ignorado los muchos emails que les he mandado. Ahí queda en evidencia la falta de transparencia, la opacidad de estos medios respecto al tema. ¿Cuál es el miedo, si está tan claro que existe ese cártel por qué no me contestan? Yo no pido que me den la información que les dio la DEA o en Departamento de Justicia, sino que conversemos sobre por qué se le dio credibilidad a la existencia de esa organización. Al menos deberían ser valientes, rigurosos, serios en su trabajo. Nada. Total silencio. Y eso no me sorprende del Herald Tribune que es un medio tarifado. Más me preocupa de los supuestos think tanks, organizaciones serias que reciben mucha plata para hacer ese tipo de informes; y más todavía me preocupa que un organismo de la ONU formado por expertos independientes, dedicado a la fiscalización, como es la JIFE, tampoco dé respuestas. Hay que preguntarse qué están haciendo esos organismos internacionales, a qué se están dedicando. ¿Será que le hacen el juego a EEUU con estas fantasías que pretenden posicionar a Venezuela como un Estado canalla con miras a una invasión?

-¿Cómo es el trato de la prensa global a Colombia, primer productor y distribuidor de cocaína para EEUU y otros países del norte? ¿Recibe un tipo parecido de atención a la que se le da a Venezuela, con un cartel cuya existencia ni siquiera se ha probado?

-Ese es otro tema de estudio igualmente sorprendente. Cuando uno analiza el tema, observa que lo que pasa con Venezuela es que comparte una frontera de más de 2 mil 200 kilómetros con Colombia, el principal productor de cocaína en el mundo. Luego, hay que tener en cuenta que tanto las fumigaciones aéreas como la erradicación manual de cultivos han descendido en Colombia, a pesar de toda la plata que recibe de EEUU y de organismos internacionales para hacer esas labores. Además, se ha incrementado la superficie cultivada de hoja de coca en Colombia. En Colombia es donde se origina el tráfico. Según la narrativa del cartel de los soles, lo que ha hecho Venezuela es permitir que su territorio sea santuario para el tráfico hacia el norte de la droga producida en Colombia, lo que puede hacer porque el capo del cártel sería el propio presidente de la República. Pero, cuando se revisan las fuentes del propio Senado y de las agencias de inteligencia de EEUU acerca de las rutas que sigue la droga colombiana para llegar a su territorio, se observa que todo es ridículo porque por Venezuela solamente atraviesa el 7% de la cocaína que se produce en Colombia. La inmensa mayoría, el 84% sale desde la cuenca del Pacífico de la propia Colombia y de Ecuador. Adicionalmente, desde la costa caribeña de la misma Colombia sale el 9%. Es decir, que 93% de la droga que se produce en Colombia no pasa por Venezuela. Pero, además, esa cifra de 7% ha venido decreciendo anualmente porque hace tres o cuatro años era 10%. Es decir, que algo está haciendo Venezuela porque se ha reducido la cantidad de cocaína que traspasa su territorio y lo usa como lanzadera para llevarla a EEUU. Además, podemos ver otros detalles significativos: de las maravillosas islas Galápagos de Ecuador, que son chiquititas y en las que hay una base militar de EEUU con autorización de Lenin Moreno, sale 17% de la cocaína hacia EEUU, casi tres veces la cantidad que sale de Venezuela, pero nadie habla de eso. Aquí lo que importa es hablar mal de Venezuela. Si Colombia está fracasando en la erradicación de los cultivos y cada vez hay más plantaciones de hoja de coca y más producción… no importa porque está nuestro amigo Duque a cargo del gobierno. Si la mayor parte de la cocaína producida en Colombia sale a través del Pacífico y del Caribe colombiano… no importa, es nuestro amigo. Y si de Ecuador sale mucha más cocaína que desde Venezuela, tampoco importa. Lo único que importa es que hay un supuesto cartel de los soles, con un narcotraficante llamado Nicolás Maduro al frente, que está en Venezuela. No tiene ningún sentido desde un punto de vista serio. Y lo peor de todo es que esos planos satelitales de las rutas de las avionetas son de los propios EEUU, pero ellos no prestan atención a sus propios datos porque lo que les importa es mantener esa falacia del cartel de los soles.

-¿A pesar de todos esos elementos para demostrar que es un fake, esto tiene credibilidad en el mundo?

-Yo creo que sí porque existe una imagen negativa muy afianzada de Venezuela, ya que las manipulaciones han sido demasiado continuas y sistemáticas. El bombardeo es diario con informaciones manipuladas. Ya se consolidó la imagen de ogro, de Estado fallido, de Estado canalla y por eso cualquier información es creída. Ese bombardeo hace que la gente tenga demasiada información sobre Venezuela. Eso es así desde la época de Chávez, prácticamente desde el inicio de la Revolución Bolivariana. En América Latina, la gente conocía más a Chávez que a Obama. Los españoles están siempre más informados (con visiones manipuladas, claro) sobre Venezuela que sobre países vecinos. No sabían, por ejemplo, el nombre del primer ministro de Portugal o cuál era la política interna de Marruecos o qué estaba pasando en Francia, que son sus países fronterizos, pero sí sobre Venezuela. Lo que no han logrado todavía es la eliminación física de la Revolución Bolivariana, que es lo que pretenden. A fin de cuentas, cuando se crea un mito como el cartel de los soles, lo hacen porque quieren lograr este objetivo político. No lo hacen porque les guste manipular información, sino por un objetivo ulterior. El propósito es manipular a la opinión pública internacional para que luego haya una invasión contra Venezuela y sea aceptada. Así se hace en todas las guerras. En la Segunda Guerra Mundial, la opinión pública estadounidense no quería entrar hasta que bombardearon Pearl Harbor. Así pasó con la guerra en Irak. Siempre buscan generar algún tipo de conmoción para justificar la violencia. En el caso venezolano, el cartel de los soles apunta a eso porque si fuera verdad sería un escándalo, un estupor, ¿cómo puede ser que un presidente como Nicolás Maduro sea la misma cosa que el Chapo Guzmán? Es algo muy fuerte, una operación destinada a preparar a la opinión pública para una intervención armada. Sin embargo, pese a todos los esfuerzos que han hecho, todavía no se ha llegado a ese paso. Frente a toda la propaganda contra el gobierno de Nicolás Maduro no han logrado preparar a la opinión pública regional para aceptar una invasión armada. Por lo tanto, creo que seguirán manipulando y bombardeando informativamente e inventando cosas tan ridículas como el cartel de los soles con la esperanza de que algún  día se logre tener la posibilidad de invadir a Venezuela. En el fondo eso es lo que se quiere hacer.

(Clodovaldo Hernández / LaIguana.TV)

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