Ferhad Razeil, profesor visitante de la Universidad de York, experto Irán y autor de varios libros sobre el tema, publicó en el Bulletin of the Atomic Scientist un largo ensayo intitulado «Las consecuencias estratégicas del fin del embargo de armas sobre Irán«.

Entre otros aspectos, el académico reflexiona acerca del impacto sobre los precios de las armas que tendría el eventual fin del embargo impuesto por Estados Unidos sobre Irán y que le impide a la nación persa comprar y vender armamento.

Empero, precisa Raizel, estas limitaciones, aunadas la experiencia acumulada durante la guerra Irán-Irak (1980-1988), en las que el país sintió con fuerza el peso de la dependencia del armamento extranjero, hicieron que los asuntos militares se consideraran una de las áreas estratégicas sobre las que imperaba desarrollar una política soberana, capaz de asegurarle una ventaja estratégica en medio de una región signada por los conflictos bélicos.

«Irán ha logrado un progreso notable en la producción de armas y equipos militares nacionales, lo que significa que no puede apresurarse a reconstruir su arsenal militar convencional comprando nuevas armas a proveedores extranjeros. Sin embargo, Irán se beneficiará de la venta de su equipo militar de producción local a los países vecinos si el embargo expira», detalla el experto.

Asimismo, a través de su cuenta en Twitter, indica que el arsenal de armas y equipos militares que es capaz de producir ese país, incluye misiles de varios tipos, sistemas anti-misiles, drones, submarinos, lanchas rápidas, radares y vehículos armados tácticos multipropósito.

En su parecer, estos avances en materia armamentística que exhibe Irán, hacen «improbable» que el fin del embargo suponga «una diferencia significativa en cómo el país mantiene su capacidad militar», pues «mucho del equipamiento militar se produce localmente, «lo que significa que hay poca presión o demanda de sistemas importantes». Dicho de otro modo: eventualmente, Irán produce y controla toda –o casi toda– la tecnología militar que requiere.

Además, indica, «el presupuesto de defensa de Irán es una fracción del de sus rivales regionales». Datos del Instituto Nacional de Investigación para la Paz, con sede en Estocolmo consultados por el experto refieren que el presupuesto de defensa de Irán para 2019 fue de aproximadamente 12,6 millardos de dólares, comparativamente inferior al de Arabia Saudí (61,9 millardos) e Israel (20,4 millardos).

«Los líderes de Irán son muy conscientes de que si comienzan a aumentar la capacidad militar convencional, el resultado sería que las potencias mundiales, incluidos Estados Unidos y los países europeos, inundarían el Medio Oriente con armamento más avanzado. Irónicamente, tal situación podría terminar restringiendo a Irán, dado que otros países están en mejores condiciones de participar en la competencia de armas si surge la necesidad», añade.

Al otro lado del péndulo, la situación cambia, puesto que si bien no estima que el fin del embargo tenga un efecto importante sobre las importaciones, considera que «es posible que Irán pueda convertirse en un proveedor regional importante de equipos militares a través de las importaciones y «podría beneficiarse, vendiendo estas armas y equipos militares producidos a un precio mucho menor que el de otros países que son capaces de ofrecerlos, incluyendo misiles y sistemas anti-misiles, tanques, drones, submarinos, lanchas rápidas y vehículos armados tácticos mutipropósito».

El profesor considera que uno de «los primeros compradores potenciales de los equipos militares iraníes sea probablemente Siria», en virtud de un recién suscrito pacto de defensa a partir del que pretenden aumentar «la cooperación militar bilateral«. Además, refiere, ya en 2019 Irán ofreció construir una red de defensa aérea en Irak, cuya finalidad sería «otorgarle a Bagdad la capacidad de contrarrestar ataques aéreos de Israel».

Asimismo, indica Ferhad Razeil, Irán ha expresado su deseo de dotar de sistemas defensivos a Yemen y Líbano, aunque esto es menos probable, al menos de momento, puesto que resoluciones específicas de la Naciones Unidas «prohíben tales transferencias».

El panorama antes descrito sería, en su opinión lo que ha impulsado –al menos parcialmente– a la administración Trump a mover todas las piezas en todos los tableros posibles, con el propósito de garantizar la extensión del embargo a toda costa.

«Es precisamente esta preocupación sobre la capacidad de Irán para exportar armas convencionales, motiva a los Estados Unidos a intentar extender el embargo en las Naciones Unidas. Pero es incierto si tales exportaciones llegarían a ser grandes o cambiarían sustancialmente la dinámica de la región. Sin embargo, lo que sí es cierto es el hecho que el embargo de armas está inextricablemente unido con el acuerdo nuclear de 2015 y los miembros del Consejo de Seguridad tendrán que decidir qué es más riesgoso: permitir que Irán provea a sus vecinos de armas o atestar otro golpe al ya debilitado acuerdo nuclear», remata el académico.

El pasado 14 de agosto, el Consejo de Seguridad de la ONU rechazó extender el embargo que pesa sobre Irán, más allá del 18 de octubre, tal y como pretendía Estados Unidos. Este evento fue calificado por propios y extraños como una derrota inédita en los 75 años de historia del organismo, puesto que, aparte de su propio voto, los proponentes solamente consiguieron el apoyo de República Dominicana; China y Rusia votaron en contra y el resto de los miembros, incluyendo Reino Unido y Francia, sus aliados habituales, se abstuvieron.

El revés estadounidense se sucede en el marco de una «campaña de máxima presión» en contra de Irán y de Venezuela. No en balde, semanas atrás, Washington comisionó a Elliot Abrams, hasta entonces «representante especial» de Estados Unidos para Venezuela, al frente de los asuntos iraníes.

Asimismo, el fin de semana pasada, el consultor de seguridad de Donald Trump, Robert O’Brien, emprendió una gira por países de América Latina en compañía del jefe del Comando Sur, Craig Faller para exponer la «nueva doctrina» estadounidense para la región, fijando como primera parada, Bogotá.

El pasado jueves, los efectos de esa visita se hicieron notar, pues en una alocución, el mandatario colombiano, Iván Duque, invocando «información de inteligencia» que no acompañó de prueba acusó al gobierno venezolano de pretender adquirir misiles iraníes, unas gestiones que estaría adelantando el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, así como de comprar armamento a Rusia y a Bielorrusia, cuyos destinatarios finales serían grupos insurgentes de Colombia.

De inmediato, tanto el Gobierno Bolivariano como Padrino López negaron las acusaciones y denunciaron una campaña de falsos positivos inscrita dentro de la «campaña de máxima presión» con la que Washington pretende derrocar al presidente Nicolás Maduro, orientada, además, a justificar cualquier acción bélica en contra de Venezuela.

Por ello, el portal especializado en periodismo de datos e investigación, al conocer el texto de Ferhad Razeil se preguntó si en lo que señala en su escrito no estaría el origen de la especie falsa divulgada por Iván Duque.

(LaIguana.TV)

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