Las recomendaciones internacionales sobre el uso de mascarillas como método para impedir la propagación de la COVID-19 no son aceptadas por mucha gente, que duda de su eficacia. De hecho, hay quienes incluso se muestran preocupados por supuestas consecuencias adversas asociadas a los cubrebocas, y atribula incomodidad que sienten al ponérselo con el dióxido de carbono exhalado.

Ante este argumento, un grupo de investigadores estadounidenses han estudiado cómo cambian los niveles de oxígeno y CO2 en sangre cuando se cubre la boca con una mascarilla.

En su informe, publicado en la revista Annals of the American Thoracic Society, Michael Campos, estudiante de posgrado en Medicina de la Universidad de Miami, y sus coautores seleccionaron a un grupo de 15 veteranos con severa enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y a 15 individuos sanos que usaron como grupo de control.

Todos los participantes llevaron puesta una mascarilla durante 30 minutos y luego caminaron con ella durante 6 minutos.

Las mediciones con pruebas sanguíneas estandarizadas no mostraron diferencias en los niveles de oxígeno y dióxido de carbono en ninguno de los voluntarios, con la excepción de un esperado descenso de saturación de oxígeno en pacientes con la EPOC tras la caminata.

Los investigadores esperan que sus hallazgos ayuden a mitigar los temores sobre los riesgos para la salud vinculados con las mascarillas e impulsar la confianza pública hacia una amplia aceptación de mascarillas.

La incomodidad relacionada con las mascarillas es atribuida a reacciones neurológicas —por el aumento de los impulsos en una zona del rostro altamente termosensible o por el aumento de la temperaturas del aire inspirado— o bien a fenómenos fisiológicos asociados, como la ansiedad, la claustrofobia o respuestas afectivas a la percibida dificultad de respirar a través de la mascarilla.

(RT)

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