La alcaldía de la ciudad ecuatoriana de Guayaquil endureció algunas restricciones ante el aumento “sostenido” de fallecidos y casos de coronavirus, que están llenando nuevamente las unidades de cuidados intensivos del sistema de salud.

Tras soportar entre marzo y abril uno de los peores brotes de la enfermedad en América Latina, lo que llevó al Gobierno a recoger cadáveres de hogares y calles, Guayaquil logró contener los contagios y bajar la tasa de mortalidad con un duro confinamiento.

Sin embargo, en las últimas semanas el aumento de casos ha llevado a que las camas para atender pacientes críticos de COVID-19 hayan llegado a una ocupación del 95% y el número de muertes suban a un promedio de seis diarias cuando la ciudad llevaba semanas sin fallecidos por el virus.

“No estamos jugando. Lo que hemos visto hasta el momento es un aumento sostenido en muertos, ocupación de camas y número de contagios por día en la ciudad de Guayaquil. ¿La razón?: las medidas de relajamiento que ha adoptado la ciudadanía”, dijo a periodistas la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, el miércoles 4 de noviembre.

“Esta es una alerta general a la ciudad de Guayaquil”, agregó la funcionaria.

El Gobierno, que asegura que el contagio de coronavirus está contenido en la mayor parte del país, puso desde mediados de septiembre en manos de los municipios y la población el cuidado frente a la pandemia, mientras impulsa la reactivación de una economía que enfrenta problemas de liquidez.

Las nuevas medidas en Guayaquil apuntan a reducir el aforo permitido en centros comerciales, restaurantes y hoteles, así como la prohibición de vender bebidas alcohólicas durante 24 horas entre jueves y domingo y días de asueto.

Además, la alcaldía prohibió los bailes temáticos y eventos masivos por las fiestas de fin de año y autorizó el cierre de parques y malecones durante las mismas fechas.

“No vamos a permitir nuevamente que haya cadáveres en las calles ni gritos dentro de las casas, así que tomaremos las medidas por más duras que sean”, agregó Viteri. “Estamos en un momento peligrosísimo en la ciudad”.

(Reuters)

 

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