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Efeméride: A 90 años de su muerte, conozca en detalle la historia de Maisanta
Noviembre 8, 2014
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Al parecer, todo comenzó una noche cuando una bala salida de un viejo fusil rompió la monotonía de aquella ruralidad. “Esa noche, como a las 12, venía el hombre por la calle. Los caserones de Ospino le tapaban con la sombra y en el momento en que salió desde el manto negro para entrar en el claro de la bocacalle amarilla por una luna menguante, le hizo el tiro a media cuadra, justo a punto de mira, con el fusil de su padre que la madre le pasó a través de la ventana entreabierta y de la sombra de la casa en la noche sin faroles”. Así relata Pedro León Tapia en el libro Maisanta, El último Hombre a Caballo.

 

Se había salvado la honra familiar del hijo de Pedro Pérez, soldado de la Guerra Federal, aquella que comenzó Ezequiel Zamora. Apenas con 16 años, Pedro Pérez Delgado buscaba en las llanuras y en las guerras de montoneras un “algo” que no alcanzaba a conocer, pero lo alentaba a blandir el machete y a disparar sus pistolas en pro de una vida imaginaria, donde fuesen otros, los de abajo, quienes ostentaran el poder y las riendas del gobierno.

 

Comienza la historia

 

Pedro Pérez Delgado había matado al coronel Pedro Macías porque no había querido casarse con su hermana, a la que había preñado. Esa deshonra familiar debía pagarse con sangre y era él quien debía cumplir con el encargo a falta de su padre, quien había fallecido. Seguramente se arrodilló junto a su madre frente a la imagen de la virgen de El Socorro para que lo ayudara con la puntería y con lo que venía luego, porque no era fácil acabar con la vida de un coronel y no sufrir las penalidades de la persecución.

 

Se dice que por ello se sumó a las tropas del “Mocho” Hernández, aunque, en otras versiones, se comenta que Pedro Pérez Delgado ya había estado con la guerra y con el Mocho antes de matar al coronel Macías. Lo cierto es que, luego del incidente, se va a Valencia, donde su fervor por la virgen de El Socorro le arrima el apodo de Maisanta. ¿Maisanta?

 

Sí. Era una contracción muy llanera donde se unían en simbiosis las palabras “madre” y “santa”, formando el vocablo con el cual se le conocería en la historia del país.

 

Maisanta fue, quizás, el último caudillo generado por la inconformidad que surgió por la Guerra de Independencia, de quienes se sintieron burlados por los líderes de aquel proceso, quienes libraron batalla tras batalla, revolución tras revolución para lograr lo que había sido la idea primigenia de la libertad, que no era otra cosa que la igualdad, la justicia y el poder en manos de quienes vertieron su sangre por la República.

 

El militar

 

Con Hernández logra sus primeros galones como teniente. Entonces se le conocía como “el americano”, por su porte alto, ojos claros y cabello amarillento. Dicen que vio morir a Joaquín Crespo en La Mata Carmelera.

 

Maisanta percibió que la guerra no le daría tregua. El general Ramón Guerra atrapó al Mocho y lo hizo prisionero; entonces se vio precisado a huir hacia los montes de Cojedes para pasar a Valencia y de allí a Sabaneta de Barinas.

 

En adelante nació el mito de hombre guapo y resteado en las peleas callejeras y en las batallas. Se unió a una muchacha en el pueblo de Libertad y con el padre de ésta se dedicó a acumular ganado y tierras. Su biógrafo, de apellido Tapia, relata que varios de los personajes que le conocieron aseguraban que solía ingresar al botiquín del pueblo con su caballo retando a las autoridades.

 

Tenía fama de rápido en el uso de sus revólveres y, gracias a ello, acabó con la vida de José Antonio Colmenárez, un coronel enviado por Juan Vicente Gómez para su captura, pues fue un férreo opositor al dictador. Con el oficial había tenido un primer altercado en Sabaneta, cuando el funcionario del gobierno era jefe civil de la región.

 

La venganza

 

Un amigo de Maisanta, apellidado Maurielo, había sido asesinado por Colmenárez, como consecuencia de una pelea de gallos en la cual el animal de Maurielo había ganado y el funcionario de Gómez se negó a pagar la apuesta. Colmenárez apresó al italiano y, en un supuesto traslado hasta Guanare, lo mató y enterró en la ribera de un río.

 

Maisanta ideó la venganza disfrazándose de vendedor de miel para llegar hasta un lugar denominado Mijagual, donde Colmenárez tenía una pelea de gallos. Allí se lo encontró y le disparó cuatro veces.

 

Tiempo después, estando en el lado colombiano del Arauca, recibió la noticia de que un enviado de Juan Vicente Gómez iba a matarlo. Al enfrentarlo, se percató de que era el mismo Colmenárez a quien había tiroteado en Mijagual.

 

En esta oportunidad el duelo se decidió por la velocidad de Maisanta, quien le perforó el pecho de un disparo a su contrincante y lo arrojó a la corriente del río, asegurándose de que esta vez sí había cumplido con la venganza de su amigo Maurielo.

 

En el llano colombiano

 

En las llanuras colombianas se desató una fuente de abigeato, agrupaciones subversivas contra el gobierno de Juan Vicente Gómez y de delincuentes comunes que se amparaban en la frontera como hordas que operaban en uno y otro lado. Hasta allí llegó el coronel colombiano Humberto Gómez. Este personaje sembró el terror entre los residentes, obligando a muchos a huir para evitar la arremetida de las carnicerías humanas.

 

Maisanta reunió gente para atacarlo, pero el Gobierno colombiano lo hizo primero. Sin embargo, otro personaje más sanguinario lo desplazó: el general García Araujo, quien marcó con un hierro candente a los soldados de Humberto Gómez, apresó a los conspiradores e impuso un orden tiránico en la zona del Casanare.

 

Entre tanto, Juan Vicente Gómez le puso precio a la cabeza de Maisanta. Organizó una comisión a la que ofreció un revólver a cada uno de sus integrantes, más mil pesos y una oferta de 25 mil pesos para quien le diera muerte.

 

El grupo de Maisanta fue atacado en el lado colombiano y éste estuvo a punto de ser asesinado. Un sobrino sí fue muerto en la refriega por un hombre de apellido Lessman, quien a su vez cayó ante los disparos realizados por Maisanta.

 

Luego de esta refriega, y sin muchos hombres a su mando, Maisanta fue apresado por el ejército colombiano y confinado a la prisión de Tunja, donde el frío comenzó a minar su salud.

 

Durante 36 meses estuvo prisionero hasta que un sacerdote, apellidado Carvajal, lo ayudó a escapar hacia tierras venezolanas. Aquí se encuentra con las tropas de Emilio Arévalo Cedeño y vuelve a sus andanzas de guerrillero.

 

Su vida de aventuras continúa con eventos como la toma del vapor en el río Masparro, su unión con el doctor París y su posterior reunión con Manuel Arévalo Cedeño; la toma de Amazonas y la muerte de Tomás Funes, para luego pasarse a las tropas del gobierno con el general Hernán Febres Cordero.

 

Maisanta tiene un nuevo reposo. Llamado por Febres Cordero, se dedicó de nuevo a la venta de ganado. Pero eso le duró muy poco. El 22 de mayo de 1922, un anciano general de 80 años, de apellidos Parra Pacheco, invadió a San Fernando. Esto motivó que Febres Cordero, considerando que Maisanta pudiera estar incurso en esta nueva ofensiva contra el gobierno, lo apresara y lo enviara a Ciudad Bolívar cargado de grillos.

 

Las enfermedades lo invadieron y le minaron el ánimo. Desde allí escribió pidiendo clemencia. “Es cierto, mi general, que yo fui enemigo del gobierno, pero cuando me convencí que andaba por camino extraviado, me presenté y me dieron garantías. Desde ese instante juré ser su amigo y hasta la fecha he sido leal con mi juramento. No tengo nada que se me pueda arrojar a la cara y sin embargo estoy preso sin saber por qué. Le repito mi juramento de que soy su amigo leal y de que estoy dispuesto a probárselo”.

 

Luego fue trasladado a Puerto Cabello. De nada valieron las súplicas de su hermana ni las suyas. Muchas versiones aseguran que le daban vidrio molido, pero otro de sus biógrafos, Oldman Botello, aseguró que su muerte se debió a un infarto fulminante, el cual lo atacó frente a varios de sus amigos. Murió en el Castillo de Puerto Cabello el 8 de noviembre de 1924.

 

El presidente Hugo Chávez Frías contribuyó a rescatar su figura histórica al narrar en varias oportunidades los cuentos de su abuela sobre quien fuera su abuelo.

 

(Ciudad CCS)