Según María Corina Machado, el Gobierno del presidente Nicolás Maduro es parte de una estrategia de desestabilización «criminal» transcontinental, cuyo propósito sería «desestabilizar todo el hemisferio».

«Existe una visión expansionista y un proyecto transcontinental para desestabilizar los demás países del hemisferio, cosa que ya está en marcha», aseguró.

Machado formuló estas aseveraciones este lunes 30 de noviembre, en el marco de un foro virtual organizado por la Fundación Internacional para la Libertad, ONG liderada por el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, que aglutina a políticos e intelectuales de la extrema derecha en América Latina y España, en el que también participaron, entre otros, Iván Duque, Sebastián Piñera, Luis Almagro, Mauricio Macri, Juan Guaidó y el propio Vargas Llosa.

Para la venezolana, pese a los intentos de la oposición extremista por derrocarlo, el Gobierno de Maduro no ha caído debido a la conjunción de diversos factores: En primera instancia, en su opinión, «no es una dictadura convencional», sino que se trata de «un régimen inédito con componentes ideológicos y geopolíticos» importantes y eso ha traído como consecuencia que «muchas veces se simplifique la dictadura».

La dirigente derechista afirmó, asimismo, que en virtud de lo dicho, Venezuela –a la que catalogó de «Estado ocupado, criminal y fallido»– es una «amenaza» para las «democracias liberales de Occidente».

En su intervención, criticó el respaldo de buena parte de la izquierda internacional al Gobierno de Venezuela y acusó a grupos como el Grupo de Puebla de utilizar el modelo político venezolano como «instrumento para garantizar el control de las redes criminales».

De este proceso de presunta articulación criminal, no solamente participaría Cuba –eterno culpable de las derechas mundiales– sino otros países de variado signo político. Para ella, la prueba fehaciente de las actividades «criminales» del Gobierno del presidente Nicolás Maduro son «sus relaciones descaradas con regímenes como el de Rusia, China, Irán, Turquía y Siria».

Así las cosas, la conclusión obvia del extremismo de derecha antidemocrático local, que tiene en Machado una de sus más conspicuas figuras, es que Venezuela «representa una amenaza para la seguridad en el hemisferio y corre el riesgo de sufrir un conflicto armado».

La justificación para ese conflicto se asentaría en el hecho que quienes tienen las riendas del Gobierno en Venezuela «no son malos políticos» sino «criminales y psicópatas», que han logrado permanecer en el poder gracias a la utilización de los procesos electorales como mecanismo para legitimarse a nivel internacional y no una expresión de la voluntad popular, la misma que le permitió ganar un curul en la Asamblea Nacional en la legislatura 2010-2015.

«Ha habido 29 procesos electorales y todos han terminado igual, el régimen los ha utilizado para lavarse la cara frente a la comunidad internacional con el único propósito de ganar tiempo», acusó.

A su parecer, el que haya elecciones en Venezuela, lejos de ser un ejercicio institucional libérrimo, es un modo de operación de Caracas para desestabilizar «a toda América Latina».

«Toman el poder por vía democrática, con plata que se pasan, y luego avanzan de manera coordinada en diversas acciones. Buscan cambiar la Constitución para prorrogar los mandatos y acabar con el Estado de Derecho», explicó, antes de advertir que esa «pérdida de valores democráticos» ya alcanzó a países como Brasil, Colombia y Argentina, aunque los dos primeros son gobernados por presidentes indubitablemente alineados con Washington y dignos representantes del conservadurismo más rancio: Jair Bolsonaro e Iván Duque.

«La experiencia venezolana debe servir de aprendizaje como alerta para detener a tiempo este tipo de procesos en otros países», concluyó, si bien no especificó cuáles serían los mecanismos que habrían de poner en marcha otros países de la región para detener cualquier proceso de tinte popular, progresista o de izquierda, a los que Machado considera una amenaza.

(LaIguana.TV)

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