En la XXVII Cumbre Iberoamericana, realizada el pasado 21 de abril en Andorra, se había establecido como tema central la «innovación para el desarrollo sostenible», pero la crisis pandémica por la que atraviesa América Latina y cuyo fin aún no se vislumbra, impuso otra narrativa. 
 
Un trabajo realizado por RT, muestra que a pesar de que muchos de los convocados no acudieron al principado europeo, le dieron una oportunidad al espacio participando virtualmente, en un contexto donde los organismos de integración regional están de capa caída, ora por inacción, como sucede en el caso de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac); ora por desprestigio creciente debido a prácticas injerencistas y antidemocráticas, como la Organización de Estados Americanos (OEA); ora por ya no tener razón de ser, como el Grupo de Lima. 
 
Aunque las ausencias de México y Brasil –a la sazón, los dos países más grandes en territorio y población de la región– no pueden ignorarse sin más, la multitud de quejas vaciadas por los representantes de los gobiernos latinoamericanos relacionadas con la pandemia, revitalizó el encuentro en una dirección acaso no prevista. 
 
«La cumbre volvió a reunirlos a todos. Y eso ya es un logro para sus organizadores. De hecho, esta fortaleza puede ser utilizada por el gobierno de España para retomar cierto liderazgo en la región», destaca el medio ruso.
 
Así, los gobiernos de América Latina hicieron de la Cumbre la tribuna para manifestar su descontento por las trabas que han tenido que sortear para acceder a las vacunas anti-COVID-19, particularmente en lo que respecta a los atrasos y exclusiones para recibir las dosis, al funcionamiento del mecanismo Covax y la desigualdad de las vacunaciones en el mundo. 
 
En particular, mereció interés la posición de Bolivia, que propuso como solución a la escasez de vacunas la liberación de las patentes asociadas, en el entendido de que solamente la vacunación masiva podrá frenar la pandemia. 
 
Ante esto, el gobierno de Pedro Sánchez se comprometió a proporcionar 7,5 millones de vacunas –aún no se sabe a cuántas dosis efectivas equivale la oferta– «a los países latinoamericanos, una vez el 50 % de los españoles estén vacunados» y a servir de vocero de esos países ante instancias internacionales en lo que se refiere a la distribución asimétrica de los inmunizadores. 
 
¿Se acabaron «la era Guaidó» y el trumpismo en la región?
 
La agencia indica que si bien «para ver resultados de la Cumbre en torno al tema de la pandemia y la vacunación habrá que esperar algún tiempo (…) sobre el tema Venezuela ya hubo consecuencias evidentes«.
 
En este sentido, precisa que si bien el presidente Nicolás Maduro no acudió al encuentro por causa de «un veto no velado», sí lo hizo su representante, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, cuya «sola presencia (…) implica un triunfo diplomático, por no decir geopolítico, para el gobierno de Venezuela».
 
En respaldo de esta aseveración, en el trabajo periodístico se destaca que en este caso, más allá de lo sucedido, conviene poner el acento en aquello que no ocurrió: «ni Washington, ni la Unión Europea, ni la mediática mundial reprobaron la asistencia del gobierno de Maduro y prefirieron hacer mutis al respecto» y asistentes como el rey Felipe VI, el secretario general de la ONU, António Guterres o los jefes de gobierno de España y Portugal no «cuestionaron su participación«.
 
Del lado de América Latina, los presidentes de Chile, Colombia, Uruguay y Ecuador manifestaron su descontento por la participación del gobierno de Venezuela, sin que ello se tradujera en abandonos del espacio. «Es decir, a pesar de mantener sus posturas radicales al respecto, no le dieron la importancia como para no asistir a la cita», subraya RT.
 
Salvo el mandatario colombiano, Iván Duque, que demandó el derrocamiento de Maduro y pretendió presentarlo como una cruzada necesaria para Iberoamérica, el resto de los participantes exhibió una conducta mucho más atemperada sobre un tema que suele ser siempre polémico. 
 
Incluso, gobernantes abiertamente opuestos a él, como los de Chile y Uruguay, «no fueron tan contundentes en sus discursos sobre Venezuela, y desistieron de llamar dictador a Maduro, concentrándose en pocos segundos en pedir que abra compuertas democráticas y utilizando el grueso del tiempo para hablar de la pandemia», sintetiza el portal ruso.
 
Esto contrasta con lo sucedido en 2019, cuando la mayor parte de los participantes en la Cumbre optó por reconocer a Guaidó como «presidente interino», en buena medida gracias a su compromiso con Washington. Hoy, las tornas se han volteado «es el gobierno de Maduro el que se hace presente en ella».
 
Sebastián Piñera, acaso uno de los gobernantes que más vivamente ha impulsado el derrocamiento de su homólogo venezolano, al punto de respaldar con su presencia un intento de incursión armada camuflado con un concierto humanitario en la frontera colombovenezolana en 2019, mostró una conducta «mucho más ecuánime, al no pedir golpes militares ni invasiones de otros países».
 
Para RT tampoco puede dejarse de lado que el Grupo de Lima –conformado por 15 países de la región, con EE.UU. y Canadá como voces cantantes– fracasó en su empeño por promover como necesidad el derrocamiento del mandatario venezolano, razón por la cual «el reclamo de estos cuatro países durante el evento en Andorra quedó como un incidente minoritario».
 
En su juicio, todavía más relevante resulta que «los grandes actores mundiales parecen querer bajar el volumen al tema Venezuela y en cierta forma reconocen el fracaso del interinato Guaidó, al que apostaron de manera insistente, incluso, cuando ya había fracasado».
 
Así, un par de años después, Maduro es convocado a la Cumbre, su gobierno envía un representante y los gobiernos de España, Portugal, México y Argentina, entre otros, ya retiraron su respaldo al «interinato».
 
«Se podría decir que con esta cita, el capítulo de Guaidó ha finalizado y, sobre todo, que la política agresiva del gobierno de Trump ha perdido vuelo en el mismo conjunto de países que lo propiciaron«, sostiene la agencia.
 
Para concluir, se advierte que aún es pronto para saber si la presencia de «importantes actores internacionales» en la reunión, «ayudará a equilibrar la distribución de vacunas a un subcontinente azotado por el coronavirus y que no vislumbra una resolución en un plazo razonable, como sí ocurre en Europa y Norteamérica», aunque, sin duda alguna, al concluir el evento, parecía haberse instalado «otra visión» para abordar la crisis venezolana, que «parece superar los tiempos trumpistas». 
 
Sobre esto, el jefe de gobierno de España, Pedro Sánchez, precisó: «Es evidente que hay opiniones encontradas, (pero) a partir de ese diálogo y la escucha, se llega a acuerdos».
 
(LaIguana.TV)
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