Dairo Antonio Úsuga, conocido como alias «Otoniel» fue, antes de su captura el pasado sábado 23 de octubre, el narcotraficante más buscado de Colombia en las últimas dos décadas.

Úsuga siguió la tradición de otros delincuentes dedicados al narcotráfico en el vecino país, quienes han dejado tras de sí una ristra de bienes de lujo e inmuebles costosos tanto en zonas urbanas como en rurales, algunos construidos a medida.

En ese orden, con base en información divulgada por las autoridades de Colombia, el diario El Tiempo reseñó que «Otoniel» era propietario de 22 haciendas ganaderas, entre las que destaca la llamada «El Silencio», localizada en un paraje privilegiado del departamento de Antioquia. Según esta versión, desde la construcción, los lugartenientes del capo podían avistar a todo aquel que se acercara a sus dominios.

En total, se precisa que Úsuga poseía 64 propiedades de lujo valoradas en más de 100.000 millones de pesos colombianos –unos 26,5 millones de dólares estadounidenses–, contando, además de las fincas ganaderas, casas de descanso, apartamentos, lotes y establecimientos comerciales.

Juan José Valencia, otro capo del Cartel del Golfo capturado el pasado mes de mayo y considerado por las autoridades como la mano derecha de «Otoniel» tenía afición a los vehículos de lujo.

En varias incautaciones se determinó que Valencia, conocido por el alias de «Falcón» poseía varios Ferraris, Maseratis y camionetas blindadas, además de una mansión de unos 9.000 metros cuadrados de superficie.

Yonny Cano Linares, alias «El Llanero» es otro de los cabecillas del Clan del Golfo que está bajo custodia del Estado colombiano desde inicios de 2020 y como sus compañeros de delito, usó el dinero obtenido por la venta de cocaína para hacerse con bienes extravagantes.

De acuerdo con lo reportado por El Tiempo, citando informes de la Policía, «El Llanero» se hizo construir una mansión de madera dentro de una de sus haciendas en la localidad de Tolú, del departamento de Sucre.

La extravagante propiedad, que tiene cuatro pisos y dispone de un lago artificial, piscina, establos, jacuzzi, un par de discotecas y un kiosko, está valuada en 2.000 millones de pesos colombianos, equivalentes a unos 530.000 dólares.

Esta ostentación desmedida no comenzó con los narcotraficantes del Cartel del Golfo, sino que se remonta a los días del Cartel de Medellín. Así, por ejemplo, El Tiempo recuerda que Pablo Escobar Gaviria, poseía una mansión en El Peñol, en el departamento de Antioquia sobre un terreno de unas ocho hectáreas.

La propiedad, conocida como La Manuela, fue nombrada en honor a de la hija menor del capo y aunque se encuentra en ruinas, aún está bajo la administración del municipio.

En sus días de gloria, la casona disponía de una cancha de fútbol y de una piscina.

Carlos Lehder, uno de los fundadores del Cartel de Medellín, fue otro aficionado a las viviendas de lujo, llegando al punto de construir una posada al estilo alemán que contaba, entre otras prestaciones, con 24 cabañas, un centro de convenciones, una discoteca, un restaurante, jaulas con animales salvajes, una cava de vinos y hasta una estatua de John Lennon.

A diferencia de su socio, que cayó abatido por la fuerza pública, Lehder fue extraditado a Estados Unidos en 1987 y purgó una condena por cargos de narcotráfico. Fue liberado en julio de 2020 y desde entonces reside en Berlín.

(LaIguana.TV)

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