El presidente de Estados Unidos (EEUU), Joe Biden, que cada vez se parece más a su predecesor Donald Trump tanto en su lenguaje como en su actitud política soberbia, ciega, militarista e imperial (como es la de todo presidente estadounidense), continúa mostrando a diario en declaraciones y amenazas groseras a Rusia y a China su disposición de seguir jugando a provocar una guerra nuclear cuyas predecibles y horrendas consecuencias parece que no quiere ver. Oyendo o leyendo sus declaraciones, da la impresión de que cree que EEUU es inmune por completo a esa guerra; de que la tiene ganada de antemano, sí, como la última de Afganistán y las otras que la precedieron; o de que su agresivo lenguaje cotidiano es capaz de asustar tanto a Rusia como a China y de hacer que ambas se rindan sin lucha, bastando para ello con que mantenga y profundice un poco más sus diarias amenazas. Y dentro de esa misma visión se mueve todo su equipo político, desde el secretario de Estado Blinken hasta el abigarrado tropel de subsecretarios y subsecretarias (cada uno de ellos o de ellas con su largo prontuario de mentiras y crímenes a cuestas), los y las cuales desfilan a diario por esos medios masivos de confusión y fake news que tan bien maneja y controla el belicista y arrogante país norteño, dueño absoluto de ellos, tanto de los y las declarantes como de los propios medios.  En fin, allá ellos. Let´s go, Brandon!, le dijo a Biden hace unas semanas un norteamericano corriente al que le dio un corto derecho de palabra en uno de sus pastosos discursos.

Para confirmar este buscar la guerra en que se mueve Biden vale la pena examinar el presupuesto militar de EEUU para este año de 2022, aprobado en diciembre pasado por el Congreso. Y relacionarlo con el cuadro conflictivo de su crisis interna y de su lenta pero imparable decadencia. El presupuesto militar aprobado, el mayor de la historia del país, es de 768 mil millones de dólares y supera en 28 mil millones de dólares al del año pasado, el de Trump, que fue de 740 mil millones. Es de señalar que esta vez el Pentágono pidió 752.900 millones y que fueron el Congreso y Biden los que lo hicieron aumentar a 768 mil millones. La decisión se aprobó por aplastante mayoría. Es una cifra descomunal, propia de un grande y poderoso país en guerra. Nada extraño. EEUU siempre está en guerra, pues vive de ella, de la venta de armas y de la destrucción y saqueo de otros países. Su presupuesto militar es el mayor del mundo. El gasto militar de EEUU, país de 330 millones de habitantes, es casi la mitad del gasto militar mundial (son 197 países), y es 10 veces el de Rusia, país de 146 millones de habitantes, y 6 veces el de China, enorme país de 1.400 millones de habitantes.

El presupuesto aprobado incluye 4.000 millones de dólares para la llamada Iniciativa europea de disuasión, más dinero y armas para enfrentar la supuesta amenaza rusa; 300 millones para el ejército ucraniano y 150 para los países bálticos. La idea de esto es hacer que aumente la tensión en el Mar Negro contra Rusia, porque además hay otros 200 millones de dólares para Ucrania.  En cuanto a China, el otro “enemigo”, se dan 7.100 millones a la llamada Iniciativa pacífica de disuasión, para enfrentarla. (La iniciativa es de guerra y espionaje, lo de “pacífica” se refiere es al Océano). Y hay dinero y apoyo del Congreso para Taiwán. Contento con las cifras, Biden se queja solo de que el Congreso le pida informes y no le deje manejar ese dinero a su antojo. En el presupuesto hay 28 mil millones para financiamiento de armas nucleares y ampliación del arsenal nuclear. Los grandes beneficiarios de ese enorme gasto militar son, por supuesto, las grandes empresas yankees de la guerra, la Lock Heed Martin, que es la principal, y también la Raytheon y otras, verdaderas dueñas del poder norteamericano. Hay 3.800 millones para armas hipersónicas, en lo que EEUU está seriamente atrasado frente a Rusia.

Y ya fuera del presupuesto militar, en cuanto a lo social, a la crisis interna que vive EEUU: brutal racismo, violencia creciente, discriminación racial, droga, alcohol, migrantes, armas, crímenes, amenazas de secesión y otras, no se hace nada serio para enfrentarla. Pobreza y tensiones se acentúan y la crisis sigue porque es poco lo que puede hacerse, ya que la prioridad absoluta para el gobierno de EEUU es la guerra y el gasto militar; y todo lo demás se subordina por completo a esa primera y absoluta prioridad.

El belicismo agresivo de Biden se centra en dos territorios escogidos por EEUU como puntos de enfrentamiento y provocación permanente contra Rusia y China: Ucrania en el primer caso; y Taiwán y el Mar del sur de China en el segundo. No habiendo espacio suficiente en este artículo para tratar aquí de ambos, tocaré hoy solo la amenaza de EEUU contra China dejando para después lo de Ucrania y Rusia.

Taiwán es parte de China como otras islas lo son de países continentales vecinos, lo que se acepta cuando las poblaciones difieren poco, y menos si son países lejanos. Pero lo que cuenta sobre todo en esto es el poder del país apropiador. Así, piratas holandeses se apropiaron de Curaçao y ladrones ingleses de Trinidad, ambas islas venezolanas, cuando Venezuela era colonia española. El imperialista EEUU se apropió a la fuerza de Hawái, Guam y Puerto Rico y casi lo hace con Cuba. No sería raro que detrás de la defensa que hace de su independencia de China, EEUU estuviera haciendo ahora en forma solapada lo mismo con Taiwán para separarla de esta y convertirla en un nuevo y bien situado protectorado suyo.

Como otras islas, Taiwán ha pasado por muchas manos hasta ser parte de un territorio continental que es China. Y fue china desde los tiempos de la dinastía Ming. En el siglo XVI se la disputaron España y Portugal y los portugueses la llamaron Formosa. Holanda expulsó a ambos en el XVII, pero siempre con la dinastía Ming, China sacó a los holandeses y desde 1683 la isla es china. Pero en 1895, Japón, en guerra con ella, la vence y la fuerza a cederle Formosa a perpetuidad. Y no solo eso, sino que desde los años 30 del siglo XX intenta apoderarse a sangre y fuego de toda China. Derrotado por EEUU, Japón se rinde en 1945 y China recupera Taiwán. Pero EEUU, que apoya y arma a su vasallo Chiang kai shek, fuerza a retardar esa devolución hasta que se defina la situación interna china. Al definirse a favor de los comunistas en 1949, Chiang, derrotado, huye de China con dos millones de chinos anticomunistas y se apodera de Taiwán, que EEUU llama China nacionalista para oponerla a la inmensa China continental a la que llama China comunista. La ONU, entonces servidora de EEUU, declara que China es la Formosa de Chiang, mientras la verdadera China queda fuera de la ONU hasta 1972, cuando Nixon la reconoce y Taiwán sale de la ONU. Es eso lo que ahora, con Biden, EEUU quiere revertir, porque sigue creyendo, como en los años 50 del pasado siglo XX, que los países existen solo si EEUU los reconoce como tales.

Lo que no entiende EEUU es que ese tiempo ya pasó. China lo está desplazando como primera potencia económica del mundo, cuenta con un enorme poder científico y militar y está dispuesta a ir a la guerra si intenta despojarla de Taiwán.

Y Biden, que arriesga una guerra nuclear por apropiarse de Taiwán, podría terminar como Mambrú. Mambrú es el primer duque de Marlborough, John Churchill, futuro abuelo de Winston Churchill y fue un militar inglés derrotado por los franceses al inicio del siglo XVIII en una batalla de la Guerra de sucesión española. Los franceses convirtieron Marlborough en Mambrú y de allí nació la famosa canción infantil que empieza cantando:

Mambrú se fue a la guerra,

no sé cuándo vendrá,

si vendrá por la Pascua

o por la Trinidad….

Sería fácil, basta con cambiar Mambrú por Baydén.

(Vladimir Acosta)

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