Según su propio equipo de gobierno, la prioridad de Xiomara Castro como presidenta de Honduras es recuperar el Estado de derecho violentado desde el golpe de estado de 2009, el mismo al que el periodista argentino Atilio Borón identifica como el primer golpe blando institucional que aplicaría EEUU en la región durante los próximos años junto a la proscripción de figuras inconvenientes a sus intereses.

Castro asume la presidencia y se enfrenta al crecimiento de los empleos informales  en un 81,4%, a una deuda externa que ronda los 11.000 millones de dólares, al incremento de la corrupción (mal endémico de toda la región que es primo hermano del  narcotráfico y de la proliferación de grupos paramilitares).

Recuperar el valor de la libertad de expresión

Según la llamada Declaración de Chapultepec, “el asesinato, el terrorismo, el secuestro, las presiones, la intimidación, la prisión injusta de los periodistas, la destrucción material de los medios de comunicación, la violencia de cualquier tipo y la impunidad de los agresores”, coartan severamente la libertad de expresión y de prensa en  Honduras.

Este último hecho solo sirve para sumar elementos al plan de contingencia que Castro deberá aplicar para recuperar a Honduras del paso de los huracanes Porfirio Lobo y Juan Orlando Hernández y sus coletazos de corrupción (reconocidos por el Departamento de Estado de EEUU, aunque los presidentes estadounidenses digan lo contrario o prefieran callarlo).

Enclave geopolítico

3 millones y medio de votantes le dan la oportunidad a Xiomara Castro de intentar poner a valer el territorio hondureño, pero ya no en favor de los intereses trasnacionales, si no para ellos mismos.

Xiomara Castro ganó la presidencia de un país empobrecido, no pobre y con 3 puertos naturales excesivamente atractivos (dos con acceso al océano Atlántico y uno al océano Pacífico), así como con tres fronteras terrestres y nueve marítimas, para un total de 12 puestos fronterizos.

Esto históricamente ha sido puesto al servicio de la integración centroamericana que actúa en detrimento de la latinoamericana. Es decir, una asociación que no une sino que separa.

El anterior gobierno hondureño, encabezado por Juan Orlando Hernández, se encargó de dejar los parámetros de este tipo de integración  y vínculo instrumental a los empresarios salvadoreños y regionales y por supuesto, al mercado.

Por ahora, en un contexto en el que todo el mundo se reconfiguró con la aparición potente de los gobiernos de China y Rusia en el escenario (ambos desprejuiciados a la hora de hacer negocios) Honduras no ha dado ese salto de desvinculación del norte como tampoco lo han hecho muchos países clave de la región.

Aunque algunos intelectuales hondureños no ven al partido de la presidenta (LIBRE) como un verdadero agente de cambio, esto es un buen punto para iniciarlo, y ya inició el contador del tiempo que tiene a su favor Xiomara Castro para demostrar por qué y para qué ha llegado.

(LaIguana.TV)

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