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El periodista Nicholas Casey, corresponsal de The New York Times, escribió para ese medio un  artículo que fue publicado el lunes 26 de diciembre, sobre la muerte de Kevin Lara Lugo, un joven que murió intoxicado a finales de julio por envenenamiento luego de comer casabe preparado con yuca amarga y al no ser atendido adecuadamente en el Hospital Manuel Núñez Tovar de Maturín, hecho que hoy denuncia su familia.

 

“Sin comida, sin medicinas, sin respiro: la muerte de un joven por hambre en Venezuela”. Se titula el artículo de Casey, quien ha sido mencionado por el portal Misión Verdad como un reportero que “procede periodísticamente a exactitud con lo que determina la línea amarillista y sensacionalista de la corporación mediática para la cual trabaja”.

 

A continuación puede leer parte del artículo traducido del inglés:

 

Sin alimento, sin medicina, sin descanso: La muerte de un niño hambriento en Venezuela

 

Nicholas Caseydec

 

Maturin, Venezuela.- Su nombre era Kevin Lara Lugo, y murió en su cumpleaños número 16.

 

Se pasó parte del día en busca de alimento en un terreno vacío porque no había nada para comer en su casa. Luego, en un hospital porque lo que se comió lo enfermó gravemente.

 

Horas después, estaba muerto en una camilla que los médicos rodaron en compañía de su madre que lo observaba con impotencia . Ella dijo que, durante ese día de julio, en el hospital no habían los insumos más simples necesarios para salvarlo.

 

“Tengo una tradición en las mañanas de sus cumpleaños, despierto a mis hijos y les canto”, dijo su madre, Yamilet Lugo “¿Cómo podría hacer eso si mi hijo estaba muerto?”

 

Venezuela ha sufrido tantas dolencias este año. La inflación ha llevado a trabajadores de oficina a abandonar las ciudades y dirigirse a minas ilegales en la selva, dispuestos a arriesgarse a ser víctimas de bandas armadas y múltiples episodios de malaria por una oportunidad de ganarse la vida.

 

Los médicos han tenido que prepararse para operar en mesas ensangrentadas, ya que no tienen suficiente agua para limpiarlas. Los pacientes psiquiátricos han tenido que ser atados a sillas en hospitales mentales porque no hay ninguna medicación para tratar sus delirios.

 

El hambre ha llevado a algunos a iniciar saqueos y a otros a huir de Venezuela en peñeros mediante una peligrosa travesía por mar.

 

Pero fue la historia de un niño sin comida, que había salido en busca de raíces silvestres para comer, y que terminó envenenándose, lo que parece retratar todo lo que está mal con Venezuela.

 

La crisis económica en el país llevaba meses afectando a su familia y terminó por arrebatarle a su segundo hijo.

 

En su urbanización, ubicada en las afueras de una otrora próspera ciudad petrolera, productos como la harina de trigo y el pan tenían mucho tiempo sin aparecer en los anaqueles.

 

El taller de cuchillos donde trabajaba la señora Lugo cerró el pasado mes de mayo porque no podía conseguir los materiales para fabricar los utensilios de plástico; uniéndose a muchos comercios en el país que se han ido a la quiebra. Eso dejó a la familia sin la posibilidad de comprar la poca comida que se encuentra.

 

Según la señora Lugo, el Hospital de Maturín se quedó sin suministros básicos como soluciones intravenosas, obligando a la familia a trasladarse a la ciudad y regatear con los vendedores del mercado negro durante las horas previas a la muerte de Kevin.

 

“No había ninguna razón para que este niño se muriera de esta manera”, dijo su tía, Lilibeth Díaz, mientras mira la tumba de Kevin.

 

(LaIguana.TV)

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