El uso de drones es una verdadera revolución del siglo XXI. Sin embargo, se trata de una herramienta de doble filo: a la vez que muestra manifestaciones cuyo fin es ser vistas, puede también convertirse en el elemento por excelencia de la era de la vigilancia. Si eres de los que se molestan con su presencia, aprende cómo esconderte de ellos.

Cuando el periodista español Ignacio Ramonet definía en El imperio de la Vigilancia (2016) cómo funcionaba el nuevo orden mundial, a través de una alianza entre los conglomerados empresariales de internet, los Estados más poderosos del mundo y sus aparatos de inteligencia militar, pensaba en un control «omnipresente y totalmente inmaterial». 

Si a su análisis se le agregase que hay, de hecho, una tecnología que monitorea desde lo más alto a ciudades enteras, abre la puerta a admitir que el mundo contemporáneo funciona a partir de una observación constante y meticulosa de los asuntos públicos y privados de la vida en las urbes. 

Los vehículos aéreos no tripulados (VANT) no son un invento nuevo. De hecho, comenzaron a implementarse en la industria armamentística durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Sin embargo, la extensión de su uso a otra clase de órdenes es lo que atiende otro periodista: el estadounidense Austin Choi-Fitzpatrick.

En su libro The good drone (El buen dron, 2016, traducido al español), se ha dedicado a registrar los buenos usos que pueden hacerse de esta herramienta. Por ejemplo, organizaciones ambientalistas los utilizan para monitorear la deforestación; de la misma forma lo hacen medios de comunicación para cubrir y documentar protestas sociales.

Sin embargo, sin el conocimiento, es decir, sin el consentimiento del público, es preciso considerar cuántos ojos hay en el cielo y cómo evitar la vigilancia aérea no deseada, escribe en el portal The Conversation. Por ello, dio algunos consejos para que, quien quiera, pueda desaparecer de la mira de estos vehículos aéreos. 

Cómo ser invisible para un dron 

-«Lo primero que puedes hacer para esconderte de un dron es aprovechar el entorno natural y construido. Es posible esperar al mal tiempo, ya que los dispositivos más pequeños como los que utiliza la policía local tienen dificultades para volar con vientos fuertes, nieblas densas y fuertes lluvias», explica Choi-Fitzpatrick. Árboles, paredes y túneles son escondites bien pensados y ​​ofrecen refugio contra los drones de alto vuelo utilizados, por ejemplo, por el Departamento de Seguridad Nacional estadounidense.

-Luego, hizo hincapié en evitar el uso de dispositivos móviles u otra clase de aparato inteligente que utilice sistemas GPS o la huella digital del usuario para funcionar, ya que los drones pueden identificar esa información si quieren hallar a alguien. Además, señala, «esto también es importante para evitar otras tecnologías que invaden la privacidad».

-Un dron también puede confundirse al colocar espejos en el suelo o utilizar mantas espaciales, ya que reduce significativamente la visibilidad desde el aire de la temperatura corporal del cuerpo que la utiliza. Por supuesto, disfrazarse también permite evitar el reconocimiento facial que tiene las tecnologías de los drones. 

La vigilancia hoy «supone una auténtica invasión de la vida privada de los ciudadanos por una serie de detectores, generalmente invisibles y conectados unos con otros, con capacidad para escudriñar todos los actos y gestos», escribía Ramonet. Luego, citaba a Chris Anderson, antiguo redactor jefe de la revista Wired, y fundador de 3D robotics, una empresa de fabricación de robots.

Anderson prevé que, en un futuro próximo, con la proliferación de drones, «habrá millones de cámaras volando por encima de nuestras cabezas». Estos drones se basarán en el pattern of life: si una persona presenta unas pautas de vida semejantes visualmente a las de una persona considerada peligrosa, será señalada y eliminada. Nunca se conocerá su nombre; la identidad importa menos que la eliminación física de alguien que se parece a un terrorista peligroso, auguraba el español. 

(Sputnik News)

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