En una rueda de prensa con medios nacionales e internacionales realizada la tarde de este miércoles, el presidente de la República, Nicolás Maduro, expuso en detalle el expediente violento de Leopoldo López, dirigente ultraderechista condenado por graves delitos contra la Constitución y la paz de la República, que huyó de Venezuela con destino a España el pasado sábado 24 de octubre.

A contrapelo de lo que señala la gran prensa española, que intenta presentar a López como una víctima del gobierno venezolano, Maduro recordó que «fue el cabecilla de un intento de golpe de Estado a través de la violencia masiva en los primeros meses del año 2014″, acciones por las que fue juzgado y condenado.

Empero, recordó el jefe de Estado, que «no era la primera vez que se involucraba en actos violentos», pues en 2002 fue uno de los líderes del golpe de de Estado que expulsó brevemente del poder al entonces presidente Hugo Chávez y envalentonado por la aparente victoria, mostró sin disimulos el talante de su alternativa política: la violencia.

«Hay suficientes imágenes de él allanando casas, deteniendo abusivamente a los ministros del Comandante Chávez y a gente inocente«, añadió.

Conjurado el golpe de Estado contra Chávez, a inicios de 2004, López encabezó la primera «guarimba» –acciones terroristas de tinte foquista– que se registró en el país y se prolongó durante los meses de febrero y marzo.

De su lado, el chavismo respondió con multitudinarias movilizaciones y su líder, el presidente Chávez, «declaró el carácter antiimperialista de la Revolución Bolivariana, un 29 de febrero del año 2004», recordó el primer mandatario, acciones estas que sirvieron para neutralizar la violencia y obligar a la oposición a deponer la ruta sediciosa y regresar al redil electoral.

Maduro confesó que tras esta derrota, López quiso negociar con el Gobierno Bolivariano y que él fue el encargado del proceso, que se llevó a cabo en la ciudad de Roma.

«Él pidió toda la colaboración del Gobierno Bolivariano para dejar el camino de la violencia y venir al camino electoral, lo cual ocurrió en el año 2006 y en los años posteriores. Se dedicó el partido al que él pertenecía, Primero Justicia, a hacer política electoral», detalló.

Tras romper con Primero Justicia, continuó relatando el presidente, Leopoldo López engrosó las filas de Un Nuevo Tiempo y posteriormente fundó su propia organización política, Voluntad Popular, y se mantuvo en el juego democrático hasta 2013, cuando, fallecido el Comandante Chávez, el dirigente «creyó que había llegado su oportunidad».

Al asumir Maduro la presidencia, López intentó «encabezar una guarimba generalizada» que el gobierno sofocó rápidamente e intentó convertir los comicios municipales de diciembre de ese año en una suerte de plebiscito contra el chavismo, declarando en cada concentración pública que iría por la cabeza del jefe de Estado.

«Él tenía ese discurso, porque pretendía, si los resultados electorales le hubieran sido favorables a la oposición, arrancar inmediatamente una guarimba, una jornada de violencia (…) en Venezuela», explicó.

Sin embargo, esos planes no pudieron concretarse de la forma en que el político ultraderechista habría querido, puesto que en aquella ocasión las fuerzas aglutinadas en torno al chavismo, se hicieron con el 75 % de las alcaldías y contabilizaron el 55 % del voto nacional, precisó el presidente.

Una vez se proclamó a los vencedores, Maduro recordó que les había recibido, sin distingo de tendencia política, en el Palacio de Miraflores y les invitó a trabajar conjuntamente por el país y a mantener «una mesa de diálogo permanente», pero en enero de 2014, la oposición, liderada entonces por Leopoldo López respondió con una nueva guarimba, plan que denominaron «La Salida».

El jefe de Estado admitió que desde el Gobierno Bolivariano se cometió el error de subestimar la capacidad que tenía el grupo encabezado por López para generar violencia. Entonces creyeron que la victoria electoral de diciembre sería suficiente para frenar cualquier aventura violenta, pero resultó que estaban equivocados.

«Los subestimamos y fue un error. Le hicieron daño al país: más de 40 muertos, más de mil heridos. Hay gente que quedó discapacitada, con parálisis del cuerpo, sin brazos, sin manos, ciegos; mucha gente que perdió a sus esposos, a sus esposas. Ese es Leopoldo López», refirió.

Por estos hechos, la Fiscalía General de la República, entonces bajo la dirección de la también prófuga Luisa Ortega Díaz, «inició una acusación fiscal por un conjunto de delitos contra la Constitución, contra la paz, contra la Constitución y la Paz de la República, y Leopoldo López se entregó a la justicia, negoció su entrega», precisó y quien le acompañó hasta el juzgado fue el dirigente Diosdado Cabello, puesto que sobre el político derechista pendía un plan de asesinato, orquestado por uno de sus copartidarios, Antonio Ledezma.

Esta intervención del Gobierno Bolivariano, gracias a la confianza depositada por la familia de López y su decisión de entregarse a la justicia para ser juzgado por sus delitos, acabó por salvarle la vida, indicó el primer mandatario.

Con sentencia firme, se fijó como sitio de reclusión una cárcel militar y allí estuvo hasta 2017, cuando producto de una negociación, se le trasladó a su residencia para que purgara su pena en la modalidad de casa por cárcel.

Ese mismo año, López sufrió otro intento de asesinato en la prisión, del que apenas se libró por haber incumplido con el régimen disciplinario el día que estaba previsto quitarle la vida.

El plan fue orquestado por el exgeneral Raúl Isaías Baduel, dijo Maduro, y tan articulado estaba, que su esposa, Lilian Tintori y el periodista opositor residenciado en Miami, denunciaron que López había sido asesinado, pues los artífices del crimen no estaban al corriente de que este había sido confinado en su celda y «de ese régimen de casa por cárcel, se fugó el 30 de abril [de 2019]. Intentó un golpe de Estado fracasado, fallido, en Venezuela. Fue público, internacional».

Luego de fracasar para deponer a Maduro, López intentó refugiarse en la embajada chilena, pero no le fue posible hacerlo y optó entonces por acudir a la embajada española, donde el embajador Jesús Silva, lo acogió en calidad de huésped.

Recientemente, «el embajador Silva viajó a España, negoció el viaje de Leopoldo López a España con el gobierno español, regresó a Venezuela y se llevó a Leopoldo López, con base en esta negociación» que hiciera con el gobierno de España, aseveró Maduro.

El dignatario consideró que los crímenes de López eran tan serios, que sobrepasaban con creces a los cometidos por Antonio Tejero, el líder del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando al mando de un contingente de efectivos de la Guardia Civil, asaltó el Congreso para restaurar el franquismo en ese país, como apuntara el intelectual argentino Atilio Boron.

«Yo no lo recibiría nunca, a Antonio Tejero, jamás, nunca. Por respeto a España, a la España democrática» señaló Maduro, en abierta crítica al proceder que tuviera el jefe de Gobierno de España, Pedro Sánchez, que recibió a López oficialmente.

«Estás bastante desinformado de Venezuela. Siempre cometes errores con Venezuela, Pedro Sánchez. Siempre, siempre, ¡hasta cuándo tu subestimación, tu desprecio por la realidad venezolana!», advirtió.

Maduro destacó que dirigentes evadidos de la justicia venezolana, refugiados en el extranjero por gobiernos complacientes, es «lo que va quedando de una oposición debilitada que tomó el camino del golpismo, de la violencia, del terrorismo».

«El balance que tenemos que sacar es que el Leopoldo López, que negoció para irse a España, se va derrotado políticamente por las fuerzas revolucionarias y patriotas de Venezuela (…). Espero que algún día haya justicia y que la justicia venezolana logre nuevamente llevar a la cárcel a este terrorista», concluyó.

(LaIguana.TV)

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