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domingo, 23 / 06 / 2024

Medio reveló la movida diplomática entre Colombia y Almagro contra Maduro que fracasó en 2015

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Según un reportaje publicado este domingo por al diario colombiano El Tiempo de Bogotá, el boicot contra el Gobierno de Venezuela comenzó a gestarse con mayor intensidad dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA) en el año 2015 a través de un lobby propiciado por el Gobierno de Colombia, para entonces en manos del expresidente Juan Manuel Santos, que a través de la canciller María Ángela Holguín y con la complicidad del secretario general de la OEA, Luis Almagro, buscaron generar una jugada para tratar de sancionar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, plan que hasta la fecha solo ha encontrado fracasos.
 
De acuerdo con el medio colombiano, Luis Almagro -sin mayor contemplaciones- dio un sí al plan presentado por Holguín para intensificar la persecución contra el presidente Maduro para boicotear a Venezuela.
 
“Agosto de 2015 marcó un duro punto de inflexión en las relaciones entre Colombia y Venezuela. Miles de colombianos fueron deportados del país y las relaciones se tensaron de tal forma que escalaron al plano internacional. Este incidente marcó el punto de inicio de una serie de fuertes enfrentamientos diplomáticos entre los dos países y una seguidilla de intentos fallidos por promover sanciones más duras contra el régimen de Nicolás Maduro“, cita el despacho de El Tiempo.
 
“¿Por qué no se lograron mayores sanciones? El libro Luis Almagro no pide perdón, de los periodistas uruguayos Martín Natalevich y Gonzalo Ferreira, quienes hacen una aproximación a las movidas diplomáticas contra Venezuela, ofrece una respuesta de cómo el incidente de la deportación de colombianos en 2015 marcó la pauta de lo que han sido los intentos por sancionar a Maduro, pero también de cómo el régimen ha logrado esquivar muchos de ellos“, añade.
 

Dice el medio, involucrado en las campañas de desinformación y la guerra sucia mediática contra Venezuela, que el 19 de agosto de 2015 el presidente Maduro ordenó un estado de excepción en Táchira y el cierre de un tramo de los 2.219 kilómetros de frontera que comparte con Colombia, con el argumento de combatir el contrabando de extracción de gasolina y también en respuesta a acciones de paramilitares colombianos.

“Bastó solo un llamado de la canciller colombiana, María Ángela Holguín, a Almagro para que pudieran agendar un encuentro hemisférico de alto nivel en Washington, y convocaron a una reunión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA para decidir sobre la convocatoria a una reunión de cancilleres con el objetivo de abordar la crisis fronteriza. La intención del presidente Santos también era que una misión de la OEA fuera a Cúcuta para conocer la situación en el terreno“, dice El Tiempo.

Añade, que “por primera vez en mucho tiempo la diplomacia hemisférica se empezaba a mover para un voto que se anunciaba dividido. Holguín hizo contactos en toda la región para obtener los 18 apoyos necesarios para que se aprobara la resolución”. Pero, agrega, Venezuela “aún era muy influyente en el organismo y daría la batalla diplomática”.

“Cuando habló con la Cancillería de México, Holguín se enteró de que Maduro estaba llamando al presidente Enrique Peña Nieto y calculó que lo estaría haciendo con el resto de la región. El secretario general y la canciller se pasaron todo ese 31 de agosto, día de la reunión, chateando. Holguín quería estar segura de que contaba con los 18 votos, porque de no ser así no sometería la resolución a votación. Cuando contabilizaban, les daban la cantidad de apoyos imprescindibles, lo cual era una situación riesgosa, habida cuenta de los movimientos que estaba haciendo el gobernante venezolano”.

“Alguien se va a correr”, escribía Holguín por WhatsApp. Volvieron a chequear y sumaron 18. “Luis, nos lanzamos a la votación”, escribió Holguín. Su embajador en la OEA, Andrés González, y el propio Almagro estuvieron de acuerdo. Pero la intuición de la ministra colombiana estaba acertada. Faltando tres minutos para la votación, Holguín recibió una llamada de la canciller panameña, Isabel de Saint Malo de Alvarado, y le advirtió que Maduro había telefoneado al presidente Juan Carlos Varela (Panamá) con el ofrecimiento de saldar la deuda que mantenían con Copa Airlines a cambio del voto.

“Dile a tu presidente que lo llame”, le dijo la canciller panameña. Pero ya era demasiado tarde, y a pesar de un intento de Holguín, la votación ya estaba perdida.

“Con todo lo que piensan de lo que es Venezuela y todo lo que ha pasado. ¿Por un llamado de Maduro es que Varela se va a correr?”, le dijo Holguín. Y así fue. Panamá, que un año antes había sido uno de los tres países que se había movido contra Maduro, ahora decidía mirar para el costado. “En el último minuto. Ese día fue muy duro para mí”, recuerda Holguín.

Según El Tiempo, este incidente dejó ver que a pesar de la presión internacional que se ha ejercido contra Nicolás Maduro, el gobierno venezolano “sigue teniendo poder sobre algunos países de la región, especialmente las naciones del Caribe, lo que ha dificultado conseguir los votos suficientes para promover acciones más fuertes en su contra en organismos como la OEA”, una institución de la cual Venezuela ya no es parte luego que decidiera abandonarla por ser un organismo que atenta contra su soberanía y ejecuta de forma continuada acciones injerencistas con pretensiones extraterritoriales.
 

“El llamado Grupo de Lima se desinfló al poco tiempo de haber sido creado y en la OEA, donde tienen asiento los países caribeños a los que Venezuela les envía petróleo, el ambiente es favorable a Nicolás Maduro, así ha quedado demostrado históricamente”, expresó Rodrigo Sánchez, politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, citado por El Tiempo.

 
Intentos fallidos de Almagro y la OEA son continuos
 

El Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) publicó recientemente un artículo en el que menciona los varios intentos fallidos por sancionar a Maduro.

Por ejemplo, en mayo de 2016 Almagro solicita que se incorpore el pedido de aplicación de la Carta Democrática de la OEA contra Venezuela en el orden del día de la Asamblea General de la ONU. El pedido no procede. En junio de ese año, Almagro presentó una propuesta para aplicar la Carta Democrática contra el presidente Maduro; pero ni siquiera se sometió a votación.

En 2017 se hicieron cuatro nuevos intentos por sancionar a Maduro y pedirle elecciones democráticas, pero todos los intentos fallaron, bien sea porque las resoluciones no se sometieron a votación o porque no se aprobaron las resoluciones.

En 2018, durante el 48 Período Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de la OEA, el 5 de junio, ante el pedido de expulsión de Venezuela del organismo, no se lograron los 24 votos necesarios (sin embargo, aprobaron la resolución).

En 2019, en sesión extraordinaria del Consejo Permanente, la OEA se suma a la farsa de Juan Guaidó para tratar de reconocerlo como supuesto “presidente encargado”. Esto lo hacen a pesar que Venezuela ya no es parte del organismo y en ese contexto intentan nombrar a Gustavo Tarre como “enviado de Guaidó”.

 

Sin embargo, en la votación que buscaba reconocer a Guaidó como nuevo presidente encargado, 16 respaldaron la decisión de dar visto bueno a Guaidó y 18 países no respaldaron. Como no hubo mayoría, el enviado de Guaidó, Gustavo Tarre, no pudo tomar asiento en la OEA. Ese año se hicieron tres nuevos intentos y llamados, pero tampoco se logró.

Según El Tiempo, el libro Luis Almagro no pide perdón revela “detalles de la forma en que el secretario general empujó a los países de la Organización de los Estados Americanos a adoptar posiciones contrarias” contra el Gobierno de Maduro.
 

Además, dice, “se narra cómo siendo canciller de José Mujica se opuso al ingreso de Venezuela al Mercosur (2012) y cómo denunció la violación de derechos humanos en Caracas durante las misiones de Unasur en 2014”.

“Luis Almagro no pide perdón cuenta las dificultades que tuvo Almagro para desplegar su estrategia con Venezuela durante la administración Obama y cómo logró conectar durante la administración Trump. Además, en este libro aparecen testimonios de múltiples actores íntimamente vinculados a la comunidad venezolana tanto en Washington como en Florida. También revisa la posición de Almagro con Cuba a lo largo de su carrera y consigna su férrea oposición al régimen cubano desde la SG de la OEA con nuevas y polémicas declaraciones”, agrega.

 
(LaIguana.TV)

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