En la primera rueda de prensa de Joe Biden como presidente señaló que no iba a permitir que China se convirtiera en la primera potencia mundial. Eso es precisamente lo que resultará inevitable. A continuación repasaremos cómo, paradójicamente, un país comunista se está situando a la cabeza de la capitalista economía mundial.

«Su principal objetivo es convertirse en el país líder, el más rico y el más poderoso del mundo. Eso no va a pasar bajo mi mandato», aseguró Biden durante la primera rueda de prensa de su Presidencia. El jefe de Opinión del periódico español El Confidencial, Esteban Hernández, en su libro “Así empieza todo. La guerra oculta del siglo XXI”, hace una observación muy interesante donde compara el mensaje de felicitación del 2020 del presidente chino y el del presidente estadounidense. En la última noche de 2019, el presidente Xi Jinping se dirigió al pueblo chino con un mensaje de año nuevo en el que mezclaba imágenes futuristas del país con conceptos como solidez, seguridad, desarrollo, alta calidad, progreso y éxito.

Durante quince minutos, repasó los grandes logros tecnológicos de China, desde avances en el espacio hasta las redes de comunicación, y describió las mejoras en el nivel de vida de los ciudadanos. Habló de la comunidad internacional y señaló que, en el año 2019, «China se ha mantenido abierta para abrazar al mundo. El número de los países que tienen relaciones diplomáticas con China ha alcanzado los 180. ¡Nuestros amigos se encuentran a lo largo y ancho del mundo!». Concluyó que todos esos éxitos económicos no solo eran relevantes en términos internos, sino que «China se adhiere al camino de desarrollo pacífico, salvaguardar la paz mundial e impulsar el progreso conjunto de todos los países».

Por su parte, Trump, inició el mensaje de año nuevo con un chiste: «Mientras yo estoy en la Casa Blanca trabajando ustedes están de fiesta». Algo que contrastaba con el reconocimiento de Xi Jinping al esfuerzo de los ciudadanos chinos. Trump dijo que «nunca hubo una administración que haya hecho más que la administración Trump en los primeros dos años de gobierno. Nuestra economía está muy bien. Los salarios están subiendo por primera vez en muchos muchos años, la gente está ganando más dinero y trabajando en un empleo en lugar de dos o tres». Alardeó de romper el acuerdo con Irán y de poner en orden a Corea del Norte. Respecto a su fronteras dijo: «Necesitamos fronteras. Sin fronteras no tenemos país. No queremos que entren narcotraficantes o traficantes de personas, o personas ilegales con antecedentes criminales. Nuestra Patrulla de Frontera, nuestros agentes migratorios, y nuestros militares están haciéndolo muy bien. Pero no se puede hacer a la perfección a menos que tengamos un muro. Así que tenemos que tener un muro como parte de la seguridad de frontera. Estamos trabajando en eso».

Dos modos de afrontar el futuro

Cualquiera de nosotros coincidirá con Esteban Hernández: cada uno de estos dos mensajes muestra la disposición con la que cada presidente, y cada país (en la medida en que el mensaje se prepara para atender las demandas e inquietudes de sus ciudadanos), afronta el futuro. «Xi transmitió la imagen de un país que crecía, que estaba desarrollándose tecnológicamente, que construía infraestructuras en todo el mundo y que abogaba por la cooperación internacional y por relaciones globales más sólidas. Trump subrayó la importancia de su presidencia, insistió en el buen momento del país gracias a su gestión y señaló, mediante la metáfora del muro, que su nación estaba sometida a peligros de los que debía defenderse. La diferencia entre ambos mensajes era la existente entre un país en expansión y otro en repliegue». Es decir un país que avanza y otro que se repliega. Algo de lo que cada día encontramos una muestra.

Uno de los acontecimientos más elocuentes del atropello de China a Estados Unidos sucedió el pasado noviembre. Entonces se firmó el mayor acuerdo comercial del mundo, que supone el 30% del PIB mundial. Se creó la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, en sus siglas en inglés), entre China y otros 14 países asiáticos y Oceanía. Lo más curioso es que, antes se estaba gestando un acuerdo entre EEUU y los países asiáticos que dejaba fuera a China, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), pero Trump se retiró de esas negociaciones y lo que hizo China ha sido tomar las riendas y ocupar su puesto como principal socio de los países asiáticos. Ahora Biden, asumido el error de la retirada, ha dicho que quiere entrar pero ya es tarde.

Se podría pensar que a Estados Unidos siempre le quedará Europa (y viceversa), pero no. Unas semanas después del citado acuerdo, la noticia es que la rápida recuperación de la actividad económica china ha provocado que este país desplace a Estados Unidos como principal socio comercial de la Unión Europea. Según los datos de Eurostat, los intercambios entre la UE y China alcanzaron los 586.000 millones de euros, de los cuales 202.500 corresponden a importaciones y 383.500 a exportaciones, superando así los 555.000 millones entre Estados Unidos y la UE, según los datos publicados por Eurostat.

Y la tendencia es a seguir aumentado a lo largo de 2021. Solo en los dos primeros meses de este año la producción industrial de China ha crecido un 35,1 % interanual, según datos oficiales publicados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE

Era pos-COVID

China ha partido con ventaja para afrontar la era pos-COVID. A diferencia del resto del mundo, ellos iniciaron su recuperación económica el verano pasado y lograron evitar la recesión del PIB en 2020. Han acumulado superávits comerciales con prácticamente todas las naciones industrializadas y con los principales mercados emergentes por su condición de suministrador de bienes y material médico para combatir la epidemia. También ha desplazado a EEUU como gran primer emisor de flujos de capital transfronterizos. Según datos de la Unctad, la agencia para el Comercio y el Desarrollo de Naciones Unidas, las inversiones extranjeras directas se redujeron en un 42%, hasta los 859.000 millones de dólares en 2020, más de un 30% por debajo del registro de 2019. Es decir, China no necesita el dinero de nadie para desarrollar su economía, en cambio aumenta sus movimientos de capital al exterior en un 4%, hasta los 163.000 millones de dólares, frente a los 134.000 de EEUU, que experimentaron un colapso del 49% en términos interanuales. Los nuevos cálculos de previsión económica mundial tras la pandemia han llevado a prever que, en términos nominales de dólares estadounidenses, la economía del China supere a la estadounidense en torno al 2032 y se convierta en la más grande del mundo.

La torpeza de las decisiones de los gobiernos estadounidenses se lo están poniendo fácil a China. Un informe la empresa de investigación Rhodium Group, publicado por la Cámara de Comercio de EEUU muestra que si siguen con su política de impuestos a las importaciones de China y llegaran a aplicar aranceles del 25% a todo el comercio con el país asiático, le que le costaría en el 2025 a la economía estadounidense unos 190.000 millones de dólares anuales.

Se da la circunstancia de que cuanto más hostil está siendo EEUU ante las potencias emergentes más las está empujando a que colaboren entre ellas. Es así como se explica que Irán y China firmaran el pasado mes de marzo un acuerdo de cooperación estratégica por 25 años. Un pacto que no es solamente comercial, puesto que incluye «cláusulas políticas, estratégicas y económicas».

Sanciones a EEUU

El poder económico chino va acompañado, cada vez más, de firmeza en su política internacional. Parece que las sanciones que históricamente ha ido aplicando unilateralmente Estados Unidos contra los países y gobiernos que no eran de su gusto se le están volviendo en contra. En enero de este año el Gobierno chino respondió a la agresiva política de Trump y las hostiles declaraciones de algunos altos cargos de su administración imponiendo Pekín sanciones a 28 ciudadanos estadounidenses, incluido el secretario de Estado de Donald Trump, Mike Pompeo, y el asesor comercial de Trump, Peter Navarro, por interferir en los asuntos internos de China y socavar los intereses chinos, según señaló el Gobierno chino en un comunicado. Estas personas y sus familiares directos tendrán prohibido ingresar al continente, Hong Kong y Macao de China. Ellos y cualquier empresa e institución asociada con ellos también tendrán prohibido hacer negocios con China.

No terminan aquí los problemas que China le están dando a la diplomacia y a la economía estadounidense. El pasado marzo los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia y China, Serguéi Lavrov y Wang Yi, anunciaban la creación de un frente común para enfrentar lo que, a su entender, era la utilización de la hegemonía del dólar para sancionar a economías soberanas. Resultado de un proceso de desdolarización de varios años por parte de China y Rusia, la cuota del dólar en el comercio bilateral se redujo del 90% en 2015 al 46% en el primer trimestre de 2020, cayendo por primera vez por debajo de la marca del 50%, según The Financial Times.

Aunque Biden siga empeñado en que China no supere a Estados Unidos como potencia mundial, la realidad es que en imagen ya lo ha conseguido. Una encuesta en once países europeos del Consejo Europeo de Relación Exteriores (CERE), un think-tank con base en Bruselas muestra que la mayoría de europeos (60%) consideran que el sistema político norteamericano está roto y que, en los próximos diez años, China superará a Estados Unidos como potencia dominante. El estudio fue difundido por los periódicos La Vanguardia, Le Monde, The Guardian, La Stampa y Süddeutsche Zeitung. Este 60% de europeos llega todavía más lejos, afirmando incluso que Europa debería mantenerse neutral en un posible conflicto entre las dos potencias.

Los analistas consideran que «los europeos tienen dudas sobre la capacidad de Estados Unidos para imponerse a China en una nueva guerra fría». De ahí que prefieran mantener una neutralidad que les permita desarrollar una relación propia con Pekín, al margen de los intereses de Washington.

Uno de los elementos seductores del liderazgo chino es el talante de diálogo y paz que ha mantenido históricamente el país asiático en las relaciones internacionales, y que sigue defendiendo su actual Gobierno y recordándole, cada vez con una voz más fuerte, a Estados Unidos. «El mundo no conocerá la paz» hasta que Estados Unidos deje de interferir en los asuntos internos de otros países, afirmó el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, el pasado mes de marzo.

«Durante mucho tiempo, EEUU ha interferido de forma arbitraria en los asuntos internos de otros países bajo la bandera de la llamada democracia y los derechos humanos, causando muchos problemas en el mundo e incluso convirtiéndose en fuente de confusión y de guerra. EEUU debe darse cuenta de esto tan pronto como sea posible; de lo contrario el mundo no conocerá la paz», añadió Wang Yi.

Las ambiciones de desarrollo de China no se ocultan. El decimocuarto plan quinquenal chino (2021-25) deja claro su objetivo de alcanzar el liderazgo de la prosperidad mundial: gastos en I+D+I (investigación, desarrollo e innovación) superiores al 7% de crecimiento anual, contener la tasa de desempleo urbano por debajo del 5,5%, incrementar el censo de residentes en grandes ciudades hasta alcanzar el 65% de la población, elevar un año la expectativa de vida, promover el desarrollo sostenible, impulsar las inversiones y los negocios a través de la Nueva Ruta de la Seda que patrocina el Gobierno de Pekín y acomodar la Pax China dentro y fuera de sus fronteras.

Comunismo chino

El poderío mundial de China rompe con todos los estereotipos que teníamos del comunismo. Es verdad que el sistema chino no es el comunismo al que nos tenía acostumbrados la Europa del Este. Pero en China el Gobierno controla la economía: la política monetaria, las divisas, las exportaciones, la inversión exterior. Las empresas chinas, en su mayoría estatales o bajo estrictas directrices estatales tienen cada vez más presencia e inversión por todo el mundo.

El Gobierno chino posee la mayor reserva de divisas del mundo y es el principal banquero de América Latina y África. Y ahí está la gran paradoja, mientras llevan décadas martilleándonos con las críticas al papel del Estado como banquero y empresario, el Estado comunista chino se ha convertido en el banquero y el empresario de la economía capitalista del mundo. Un Gobierno dirigido por un partido comunista integrado por 91,91 millones de militantes y que recibe 19 millones de solicitudes de incorporación cada año. Es curioso, pero aunque muchos piensen que el Gobierno chino no representa legítimamente a su pueblo, no es difícil deducir que siempre lo representará más que las grandes empresas y bancos que en Occidente controlan la economía.

(Sputnik)

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