Para no indisponer a los WASP (las siglas en inglés de «blanco, anglosajón y protestante») del partido republicano, la política migratoria de la Administración Biden-Harris toma forma conforme pasan los días con una doble aproximación: al norte (límites de EEUU con México), y al sur de las fronteras de México con Guatemala y Belice.
 
Biden se ha quedado exclusivamente con la política de la transfrontera al norte de México, mientras que la vicepresidenta Kamala Harris se ha hecho cargo de la política migratoria al sur de México, que muchos autores irredentistas de EEUU consideran como el «verdadero sur de EEUU».
 
Así las cosas, ya quedaron bien definidos los roles:
 

-el presidente Biden a cargo de la frontera norte de México;

 

-la vicepresidenta Harris como responsable de la frontera sur de México con Guatemala y Belice.

 

Según el rotativo británico Daily Mail, muy cercano al MI6, «Biden insistió que finiquitará la agotadora guerra sobre la migración con el Congreso, haciendo que la transfrontera sea más segura y otorgándole a 11 millones de migrantes el camino para la ciudadanía».

 
A casi 100 días de su juramento como presidente, Joe Biden abordó, entre otros varios temas de gran relevancia doméstica y foránea, su tan preciada «reforma migratoria integral» con el fin de legalizar a 11 millones de indocumentados, entre ellos los célebres dreamers —inmigrantes menores de edad que ingresaron con sus familias a EEUU—.
Biden exhortó al Congreso a aprobar su proyecto de reforma migratoria cuando espetó una perogrullada: «la migración siempre ha sido esencial a EEUU», ya que EEUU es un país de migrantes por antonomasia desde el siglo 17 con la llegada de los peregrinos cuáqueros (fundamentalistas evangelistas ingleses) del Mayflower.
 
Como parte de la coreografía de los demócratas en el Congreso, Jill, la esposa de Biden, invitó al hoy enfermero Javier Quiroz Castro, un dreamer mexicano quien ingresó a EEUU cuando tenía 3 años de edad).
 
En paralelo, Biden instó a legislar en forma parcial permisos para los jornaleros agrícolas con visas temporales con financiamientos securitarios por el Gobierno de EEUU.
 
Por cierto, los republicanos han arremetido contra Kamala Harris por no haber visitado aún la sensible frontera sur de EEUU con México y de solo haberse avocado a planear una visita a Centroamérica hasta el mes de junio.
 
 
Cuando ni siquiera EEUU y México se ponen de acuerdo en el nombre de un río que comprende la tercera parte de su frontera común, en EEUU maltratan a México con poca pericia política.
 
En el «sur migratorio de EEUU con México», la cifra de «captura» de migrantes saltó de 96.974 personas, en su gran mayoría niños e infantes, a 168.195 en marzo, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EEUU (CBP): ¡Cifras dantescas que no se veían desde hace 20 años!
Lo más grave es la «captura» inhumana por la CBP de 18.656 menores de edad «sin acompañantes».
 
La portavoz de la Casa Blanca Jen Psaki sentenció sin tapujos que el enfoque de la vicepresidenta Kamala Harris «no era la transfrontera» de EEUU con México, sino que su labor consistía en concentrarse en las «causas de raíz» en el Triángulo Norte», en referencia a Guatemala, Honduras y El Salvador, lo cual también discrimina notoriamente a los tres estados fronterizos mexicanos de Campeche, Tabasco y Chiapas, además de Guatemala.
 
Ya se volvió una letanía de parte de la vicepresidenta Kamala Harris la temática de las «causas de raíz», tanto «agudas» como «crónicas» de la migración centroamericana: «desastres naturales» —cuando han sido muy socorridos los huracanes Iota y Eta del año pasado—, la «corrupción» y la «pobreza».
 
¿Cómo se puede combatir la pobreza en un ecosistema de solamente tres países centroamericanos del Triángulo Norte, (Guatemala, Honduras y El Salvador), cuando la «ayuda» de EEUU para este año son unas patéticas migajas de 310 millones de dólares?
 
En su entrevista con el presidente guatemalteco Alejandro Giammattei, la vicepresidenta Kamala Harris pareció más bien pontificarlo sobre la etiología de la migración: «el pueblo de Guatemala ha sufrido enormemente debido a los recientes huracanes, la sequía persistente y obviamente por el daño del COVID-19».
 
De paso, Kamala Harris avanzó su propia agenda, para su candidatura presidencial en EEUU, donde fustigó la «violencia contra las mujeres, los indígenas, la gente LBGTQ y los afrodescendientes».
No se puede soslayar que Kamala Harris ha cedido la agenda centroamericana del Triángulo Norte —quizá sea extensiva el día de mañana a los tres estados transfronterizos de México Campeche, Tabasco y Chiapas— al contar con la participación decisiva de las «fundaciones filantrópicas globales» del megaespeculador George Soros, el Rockefeller Brothers Fund, la Ford Foundation, Foundation for a Just Society —agrupación pro feminista y pro LGBTQ— y The Seattle International Foundation, quienes, a mi juicio, tendrían la tarea de operar una «reingeniería social» de gran calado en Centroamérica y el sur de México, que se conecte así con la agenda electoral del partido demócrata.
 
Lo más atroz radica en que el megaespeculador George Soros, quien prohijó las graves migraciones politizadas en Europa y Centroamérica, sea ahora a quien se le otorga la tarea «filantrópica» de resolver las inhumanas «causas de raíz» agudas y crónicas. ¡Por encima de los Gobiernos centroamericanos legítimamente elegidos y hoy vilipendiados de «corruptos»!
 
Nunca se entendió porque Kamala Harris —que viene de California, el estado con mayoría de mexicanos en EEUU y con el mayor número de votos electorales— seleccionó tener un encuentro virtual con el presidente de Guatemala antes que con el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, programado tardíamente hasta el mes de mayo, lo cual significa una afrenta para la diplomacia mexicana.
 
No se entiende la razón por la cual una llamada telefónica previa de Kamala Harris al presidente mexicano López Obrador no haya sido contabilizada como una «entrevista virtual».
 
Queda claro que la Administración Biden opera una doble política sobre la inmigración, que hasta nueva orden es uniforme:
 

-una en la extensa frontera sur de EEUU con México;

 

-otra en la frontera sur de México con Centroamérica.

 
(Sputnik)
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