Jueves 9 de abril en la noche. Estados Unidos se acerca aceleradamente al medio millón de casos confirmados de Covid-19, casi 16.500 de estas personas han muerto. Tres de cada 10 fallecidos son hispanos en Nueva York, una ciudad en la que un tercio de su población es latina, y pobre. En Illinois, 2 de cada 10 habitantes son afroamericanos, la mayoría pobre, pero 4 por cada 10 fallecidos por la pandemia pertenecen a esa comunidad.

 

Estas estadísticas sociales fueron ofrecidas entre el lunes 06 y este mismo jueves por autoridades de esos estados para alertar cómo la pandemia está haciendo estragos entre los sectores más empobrecidos de ese país, donde la sobrevivencia del más apto se vive como principio y fin de la vida. El presidente Donald Trump lo expresa sin rubor y aprovecha la pandemia que asola al planeta para sacar provecho en favor de sus intereses electorales y de los propios intereses del sector empresarial, al que pertenece. Veamos, como ejemplo, el inventario de decisiones de las dos últimas semanas en las que se expresan los valores que imperan en la tierra norteamericana.

 

Deshazte de los inmigrantes, cuando sobren los pobres

 

El 21 de marzo, Trump anunció la suspensión de “todo cruce no esencial” en las fronteras con México y Canadá, como medida para evitar la propagación del virus. El cierre fronterizo, practicado por muchos otros países, obedeció, sin embargo, a la oportunidad que ofreció la situación de la pandemia en ese momento, justo cuando la cifra de contagios empezó a crecer exponencialmente. El New York Times lo advirtió dos días antes: Trump se preparaba para cerrar la frontera a los migrantes y repatriar a los ilegales que ya estaban dentro del país. Una política que el presidente estadounidense ha intentado concretar desde su llegada a la Casa Blanca y que ahora cobra importancia frente a la elección presidencial venidera.

 

Hasta este jueves 9 de abril, el gobierno estadounidense ya había expulsado a cerca de 10.000 migrantes sin papeles, quienes se encontraban en la frontera con México, a la espera de los resultados de su solicitud de permanencia, según reportó el diario El País de España. “Ellos tienen problemas que no quiero saber y, en muchos casos, son criminales”, dijo Trump, el pasado martes 7, al referirse a la forma en que han sido deportadas miles de personas, sin procesos, sin contemplar eventuales solicitudes de asilo, con lo que se están violando  acuerdos internacionales sobre la materia.

 

¿Por qué Trump no quiere a los migrantes latinoamericanos? Porque son “flojos”, “criminales” y pretenden “abusar” de las bondades del sistema estadounidense, ha dicho en reiteradas ocasiones para congraciarse, por medio de un discurso racista, con un pueblo blanco, mezclado con migrantes europeos y también pobre, que vio perder sus condiciones de vida, cuando el pragmatismo económico impuso la desregulación de las condiciones laborales en otros países como vía para la instauración de centros de producción mundiales con mano de obra muy barata. Así pasó en América Latina, cuyos pobres empezaron a buscar, también, el sueño americano.

 

En crisis, Estados Unidos primero… y sus negocios también

 

La semana pasada, estalló el escándalo mediático. Desde principios de marzo, las naciones “desarrolladas” se enfrascaron en una guerra de rapiña para apropiarse de insumos médicos. En los robos de mascarillas, Estados Unidos hizo lo que mejor sabe hacer, buscarle el precio a los vendedores al ofrecerles tres y cuatro veces más del precio de la mercancía, allí mismo donde estaba la carga.  Pero no fue lo único.

 

El dos de abril, Trump invocó una ley de producción de defensa, sancionada en los años 50 con motivo de la guerra en Corea, con la que le prohibió a la multinacional 3M la exportación de mascarillas a Canadá y América Latina, y que justificó en la necesidad de garantizar el abastecimiento de casi 200 millones de mascarillas en los próximos tres meses. “Son especuladores en tiempos de guerra”, le espetó Trump a esta empresa que, en 2018, fue condenada a pagar 850 millones de dólares por los daños producidos a los recursos naturales de Minnesota, donde se encuentra una de sus fábricas.

 

La medida proteccionista pareció una total paradoja, en una economía en extremo liberal, cuyas principales industrias buscaron países con mano de obra más barata y que desde años tienen sus centros de producción diversificados por todo el mundo. Es el caso de 3M, cuya fábrica en Minnesota está destinada al mercado local, Canadá y América Latina.

 

La aparente disputa duró tres días, al cabo de los cuales se llegó a un acuerdo por el que la empresa seguiría vendiendo en Canadá y América Latina, aumentaría al doble su producción y, mientras tanto, traería la mercancía desde su fábrica en China. La “saga 3M” –como Trump la llamó- le vino como anillo al dedo a la multinacional, cuyo cierre financiero en el 2019 no fue óptimo, luego de la caída de sus ventas mundiales en un 8% en promedio, que provocó una reducción de sus ganancias previstas, pese al despido de 2.000 de sus trabajadores; la caída del precio de su acción en el primer trimestre de ese año; la adquisición de nueva deuda para comprar una empresa de tecnología médica, Acelity, por 6.700 millones de dólares y  el cierre de sus plantas en Venezuela y Argentina. En conclusión, un negocio puro, duro y bueno para la empresa estadounidense que, a su vez, le arrimó un éxito de gestión gubernamental a Trump.

 

Si la pandemia acapara la atención, aprovecha y expande tus dominios

 

Una foto: Trump está sentado al centro y mira un documento puesto sobre el escritorio. La leyenda de la imagen dice que los hombres parados atrás son mineros del carbón que lo acompañan mientras firma una orden ejecutiva. Es seis de abril y el presidente estadounidense ha hecho legal la decisión de explotar comercialmente los recursos minerales que existan en la Luna y en otros cuerpos celestes.

 

En medio de la cuarentena casi mundial que mantiene dentro de casa el miedo por la pandemia, Trump hizo pública una decisión que desconoce los tratados internacionales sobre el espacio exterior y cambia la clasificación acordada por las potencias espaciales. Así, para el gobierno de los Estados Unidos el espacio exterior –la luna, los planetas, etc- dejó de ser “un bien común global” para ser un “dominio legal y físicamente único de la actividad humana” .

 

No es una película de ficción y en el mundo, tres días después, no se tiene claro aún el significado del acto. Pero en Rusia se levantaron las alarmas y, al día siguiente, el portavoz presidencial Dmitri Peskov, alertó que “cualquier intento de privatizar el espacio  exterior es inaceptable”.

 

La agencia espacial rusa, Roscosmos, emitió un comunicado y fue más allá: “la historia conoce ejemplos, cuando un país comenzó a invadir territorios en aras de sus propios intereses y todos recuerdan en qué terminaron”, dijo, seguramente en referencia a Libia, Irak o Siria.

 

La orden ejecutiva de Trump tiene antecedentes. En diciembre del año pasado, el gobierno estadounidense anunció la creación de una fuerza espacial, que sería integrada como un componente de las Fuerzas Armadas estadounidenses.  24 horas después, China se opuso a la militarización del espacio y aseguró que Estados Unidos quiere convertir el espacio exterior en un campo de batalla. “Ellos solo se centran en su propia seguridad, mientras el propósito de la comunidad internacional es salvaguardar la seguridad de toda la humanidad”, dijo el portavoz de la cancillería, Geng Shuang.

 

En la declaración de Roscosmos también se afirmó que la decisión estadounidense de comercializar los recursos de la luna estaba relacionada con la pandemia del coronavirus, aunque no precisó cómo.

 

Lo que sí es cierto es que Estados Unidos suele jugar con su sentido de la oportunidad cuando de negocios en crisis mundiales se trata. Por ejemplo, durante la primera guerra mundial, la nación norteamericana se declaró neutral frente al conflicto pero, paralelamente, vendió material bélico a las naciones enfrentadas a Alemania, lo que le permitió expandir su industria y obtener grandes ganancias. A comienzos de 1917, la nación germana hundió, en pocas semanas, cerca de 8 navíos estadounidenses cargados de pertrechos militares y alimentos para Gran Bretaña, lo que originó grandes pérdidas económicas. Sólo entonces Estados Unidos declaró la guerra a Alemania y se inició el envío de soldados. Y con ellos viajó también la gripe española, que se originó en Estados Unidos y no en España, y cuyo brote en 1918 causó entre 20 y 50 millones de muertes en todo el mundo.

 

En toda circunstancia, el centro del mundo soy yo

 

El martes 7 de abril, Trump enfiló sus ataques contra la Organización Mundial de la Salud (OMS), centro neurálgico actual en la búsqueda de soluciones a la pandemia, a la que acusó de prestar demasiada atención a China y de dar “malos consejos”, en referencia a la sugerencia de la organización de no cerrar las vías de transporte con la nación asiática. “¿Por qué nos dieron una recomendación tan defectuosa?”, preguntó.

 

Trump se dirigía abiertamente contra China, a la que acusó de haber originado el virus, pese a que no existe información científica que lo evidencie y a que ese país no solo logró con éxito el control de la pandemia, sino que ahora juega un papel protagónico en la cooperación activa con más de 130 naciones que están siendo azotadas por el virus. El mandatario incluso amenazó con la suspensión de sus contribuciones a la OMS y hasta filtró información según la cual, solo en 2019, Estados Unidos le aportó 452 millones de dólares, mientras las contribuciones chinas apenas si llegaron a los 44 millones de dólares.

 

El ataque pareció injusto con la OMS y también inoportuno. Así se lo hizo saber, dos días después, el director de la OMS en Europa, Hans Kluge, quien señaló que “no es el momento para recortar fondos cuando estamos en fase aguda de la pandemia”.

 

“No politicemos el virus”, dijo, por su parte, el director general de la OMS, TedrosAdhanam. “Es como jugar con fuego”, advirtió el alto funcionario, quien denunció que ha recibido amenazas de muerte y ataques racistas en estos meses.

 

¿Qué pretendía el presidente estadounidense? Aislar a China es ya una tarea cotidiana de Estados Unidos pero desviar la atención del descontrol de la pandemia, que aumenta en un promedio de más de 30.000 casos confirmados por día, puede requerir algo más que pedir calma o poner la responsabilidad en un tercero. “No deberíamos perder el tiempo echándole la culpa a otros”, le dijo Adhanam. Y tiempo es el que le falta ahora a Trump, cuando se encuentra a siete meses de las elecciones presidenciales.

 

Toma ventaja de los vulnerables.Hostígalos y aprópiate de sus recursos.

 

El solo inventario de las agresiones de Estados Unidos a Venezuela puede llevar mucho más que este espacio. Mencionemos por tanto, solo los últimos hechos. El 26 de marzo, el Fiscal General estadounidense –un funcionario de gobierno- acusó al Presidente Nicolás Maduro y a otros altos funcionarios y dirigentes del proyecto revolucionario por cargos de narcotráfico. Ese mismo día, el gobierno de Trump ofreció recompensa de entre 10 y 15 millones de dólares por información o captura del primer mandatario de Venezuela. A esta regresión a los tiempos de la barbarie norteamericana se sumó, cinco días después, la presentación por Mike Pompeo de un “plan de transición” en la que se resumen todas las condiciones que ya Estados Unidos ha planteado con anterioridad. El primero de Abril, el presidente de ese país anunció el inicio de una operación a gran escala en el Mar Caribe. “No vamos a permitir que la droga entre a nuestro territorio”, se dijo al obviar que el tráfico grueso de las drogas no hace ruta por estos lares. En esos días no pasó nada. El buque que se suponía estaba en vías hacia el Caribe en realidad se encontraba siendo reparado, como reveló el portal La Tabla en su momento. El 7 de abril, el Comando Sur informó que tenía otro buque desplegado en la zona en actividades contra el narcotráfico.

 

¿Qué está pasando? William Brownfield, ex embajador estadounidense en Venezuela, aseguró, el martes pasado, que nadie debía imaginarse una invasión. Las acusaciones y los buques son presión, la única salida es el plan de transición. Es decir ¿Algo así como que Estados Unidos estará allí vigilando que el Presidente Maduro fracase en su lucha contra la pandemia y se entregue? Sería un escenario demasiado iluso el que plantea el ex zar de la drogas.

 

El mismo día que el gobierno estadounidense acusó al Presidente Maduro de narcotraficante, también se anunciaron la ampliación de las sanciones contra Irán, un país azotado por la pandemia que para esa fecha ya registraba 66.220 casos confirmados y 4.110 fallecidos, siendo el séptimo país con más contagios.

 

Dos días antes, la Oficina de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado recomendó rechazar la ayuda médica de Cuba, alegando situaciones de explotación laboral. Lo cierto es que según la emisora alemana DW, hasta el 7 de abril, Cuba mantenía desplegados a 593 profesionales sanitarios en 15 países que habían solicitado su cooperación.

 

Mientras tanto, no se conoce de algún gesto de solidaridad o cooperación por parte de Estados Unidos con otros países, ni siquiera con los que le sirven de satélites aliados. Pero sí saca algunas cuentas rápidamente.

 

El pasado miércoles 8 de abril, Venezuela recibió 90 toneladas de ayuda por parte de la Organización de Naciones Unidos (ONU). Poco después, en la cuenta en Twitter, Embajada virtual de Estados Unidos en Venezuela se aseguró que dicha cooperación se había concretado“con el apoyo de la USAID”, una organización de la CIA.

 

Pero el cinismo raya en lo absurdo cuando un día después, en esa misma cuenta se asegura que “EEUU está liderando la respuesta al Covid-19 en las Américas. EEUU está proporcionando 9 millones de dólares a Venezuela para ayudar a vigilar la propagación del virus, proporcionar suministro y saneamiento de agua, gestionar los casos de Covid-19 y más”. ¿Se refiere a lo que llegó en el avión de la ONU? ¿O ese dinero es para sus aliados locales que no gestionan casos de contagio ni de suministro de agua, y cuya “vigilancia” de la propagación llega hasta la difusión de rumores y falsedades? Otros nueve millones… Y sumando.

 

(Taynem Hernández/LaIguana.TV)

 

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