El asalto-saqueo del que fue objeto el Consulado de Venezuela en Bogotá, constituye una violación a lo establecido en la Convención de Viena, norma jurídica que regula las relaciones diplomáticas entre un par de Estados y según la cual el Estado receptor de las sedes de misión, debe, entre otras cosas, resguardar las edificaciones, archivos y documentos pertenecientes al Estado emisor, en este caso, la República Bolivariana de Venezuela. 
 
En relación con estos hechos, Miguel Ángel Pérez Pirela opina que se trata de «la continuación de los intentos por ultrajar, por violar la soberanía» de nuestro país, y para sustentar su apreciación, ofreció en Desde Donde Sea un recuento de las sucesivas intentonas de agresión por parte del gobierno de Iván Duque, a saber: «Asesinos que trataron de perpetrar un magnicidio y cuyas prácticas, cuyos ensayos de la muerte –confesados por ellos mismos a CNN– se realizaron en Colombia; el «intento de invasión que hace pocas semanas se dio por parte incluso de marines, boinas verdes con experiencia en Irak, estadounidenses que salieron (…) de territorio colombiano y «aquel fatídico supuesto concierto humanitario, que no era otra cosa que una burda excusa para una intentona de invasión a nuestro país (…) desde Colombia», recordó el experto.
 
Del mismo modo, enfatizó que de acuerdo con lo estipulado en el artículo 45 de la Convención de Viena, «Colombia tiene la obligación de proteger las sedes diplomáticas que se encuentran dentro de su territorio», «incluso en el caso de ruptura de las relaciones diplomáticas», para lo cual debería designar «a uno o dos funcionarios» para que realicen las correspondientes labores de custodia, algo que en este caso no se hizo. 
 
Por otro lado, subrayó que en el mismo artículo de la Convención, «también se dice que Venezuela tiene (…) la opción de confiarle, tanto la custodia de sus sedes diplomáticas, como de sus bienes y archivos, a un tercer país que tenga representación diplomática en Bogotá –embajada de Irán, embajada de Cuba, embajada de Argentina–, siempre y cuando este tercer país sea convalidado también por el país receptor, en este caso, Colombia».
 
A este respecto, refirió que de acuerdo con información que le suministraran exfuncionarios venezolanos otrora destacados en Bogotá, en el Consulado asaltado «no se encontraba documentación de importancia», puesto que cuando se vieron obligados a retirarse del país por el acoso y la persecución emprendida en su contra por el gobierno colombiano, se trajeron «todos los pasaportes y todas las visas», que de inmediato consignaron ante la Cancillería venezolana.  
 
De no haber ocurrido las cosas de este modo, especuló acerca de lo que habrían podido hacer los asaltantes –que podrían ser paramilitares–, si se hubiesen apoderado de esos documentos. 
 
«imagínense ustedes la fiesta que hubieran hecho estos vándalos (…) con pasaportes, con visas, en esta especie de piñata de lo absurdo, de fiesta macabra que contraviene todo el andamiaje normativo internacional», advirtió. 
 
(LaIguana.TV)
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