Esta semana, el gobierno de República Dominicana inició el plan de regularización de migrantes venezolanos anunciado en enero, cuya primera fase estipula un censo de indocumentados, recoge un despacho de APF.

Según cifras de la agencia francesa, «unos 115.000 venezolanos viven de forma irregular» en esa nación de «casi 11 millones de habitantes», quienes para regularizar su situación migratoria, en principio tendrán que cancelar «una multa única de unos 115 dólares».

Tras esto, la persona estará habilitada para salir del país en un máximo de 60 días «o solicitar una visa de trabajo ante el Ministerio de Exteriores, renovable cada año, y posteriormente un documento de identidad», añade esta fuente, aunque las autoridades dominicanas han insistido que se trata de una medida temporal, no conducente al otorgamiento de residencia permanente.

De otra parte, en conjunto, los trámites cuestan aproximadamente 300 dólares por persona, un monto que excede el salario mínimo (230 dólares) y que dificulta que los indocumentados, que generalmente laboran en condiciones precarias y tienen bajos ingresos, puedan acogerse a la medida, muy especialmente si pertenecen a núcleos familiares donde no todos trabajan.

Empero, a pesar de estas dificultades, testimonios recabados por AFP indican que la decisión del gobierno de República Dominicana fue acogida con beneplácito por los migrantes venezolanos que residen irregularmente en ese país.

Al menos quienes fueron contactados por la agencia francesa, valoraron la iniciativa como la oportunidad de acceder a empleos formales, abrir una cuenta bancaria o beneficiarse de la seguridad social.

Con respecto a su situación migratoria, Milaide Nader, una mujer de 35 años oriunda de Maracaibo que ingresó a la nación antillana con una visa de turista hace tres años y ahora se dedica a arreglar cejas en un puesto ambulante, dijo a la AFP que por no tener documentos, se le «cerraban puertas» y no podía trabajar en lo que deseaba.

«La mayoría de los venezolanos aquí somos profesionales y queremos ejercer lo que estudiamos», argumentó. En Venezuela ejercía como administradora.

En contraste con lo que sucede con migrantes procedentes de la vecina Haití, los migrantes venezolanos parecen ser bien recibidos en República Dominicana y en lugar de levantar un muro para impedir su arribo, el gobierno de Luis Abinader sostiene que los venezolanos son valorados como mano de obra calificada por la población local.

«El dominicano tiene un concepto que la migración venezolana es una migración calificada, que son personas que vienen a aportar al país», argumentó Enrique García, director general de Migración en conversación con la AFP. De ahí que, aseguró, «el plan de regularización ha sido recibido con buenos ojos», sintetiza la agencia.

No obstante, también hay migrantes venezolanos no profesionalizados, como es el caso de Dilcia Rojas (40), quien ejerció como doméstica por menos del salario mínimo y en la actualidad recorre las calles de Santo Domingo vendiendo jugos, en compañía de su hijo de 10 años.

Rojas ve en el plan de regularización migratoria una oportunidad para salir del país e ingresar nuevamente sin que ello represente un problema. Desea reencontrarse con su otro hijo, que reside en Venezuela y a quien tiene tres años sin ver.

Una situación similar expone Evelyn Nieto, de 38 años y maestra de profesión. En su nuevo hogar se gana la vida arreglando cejas, pero aspira que al regularizar su situación, pueda visitar su país para reunirse con su familia y también, destaca, «conseguir un mejor empleo, abrir cuentas en los bancos, tener más beneficios».

(LaIguana.TV)

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