Este martes 30 de noviembre, el filósofo y analista político Miguel Ángel Pérez Pirela analizó los avances de la izquierda en América Latina, un escenario que parece estar concretándose con el probable retorno de Luiz Inácio Lula da Silva a la presidencia de Brasil y el posible triunfo de Gustavo Petro en Colombia en 2022, pese a los intentos de las derechas locales por impedirlo. 

Los vientos de cambio en la región tienen en Honduras su más reciente representante, pues la candidata progresista Xiomara Castro lidera los resultados electorales de la elección presidencial realizada este domingo 27 de noviembre, apuntó el experto.  

Así, refirió, según el primer boletín de resultados preliminares difundido por el Consejo Nacional Electoral, Castro obtuvo 53,52% de los sufragios frente al 33,90% que cosechara Nasry Asfura, postulado por el gobernante Partido Nacional. 

De momento, el conteo continúa, aunque la abanderada por el Partido Libre se perfila como la próxima presidenta del país centroamericano, pues aventaja a su rival más cercano por casi 20 puntos.  

No obstante, acotó que, a pesar de la brecha, no se puede cantar victoria, porque en el país centroamericano «todo es posible», aunque, subrayó, «el valor histórico de este triunfo se pierde de vista».  

A continuación, mencionó que, al conocer el reporte, Castro quien es la esposa Manuel Zelaya, presidente del país centroamericano entre 2006 y 2009 antes de ser depuesto por un golpe de Estado orquestado desde Washington, agradeció al pueblo hondureño por el triunfo.

«¡Gracias pueblo! Revertimos 12 años de lágrimas y de dolor en alegría. El sacrificio de nuestros mártires no fue en vano. Iniciaremos una era de prosperidad de solidaridad por medio del diálogo con todos los sectores, sin discriminación y sin sectarismo», expresó la política a través de un mensaje publicado en su cuenta de Twitter. 

El golpe de Estado contra Manuel Zelaya

Justamente porque durante los últimos 12 años ha sido el «narcoparamilitarismo» ha mantenido el control de esa nación, Pérez Pirela insistió en que para comprender lo significativo de la victoria de Xiomara Castro en la presidencia, había que remontarse al golpe de Estado que se perpetrara en 2009. 

En ese orden recordó que la madrugada del 28 de junio de 2009, un grupo comando del Ejército se apersonó en la residencia privada del entonces presidente de Honduras, Manuel Zelaya, que fue sacado en pijama junto a su familia y conducido a un helicóptero en el que fue expulsado hacia la vecina Costa Rica. 

Ese mismo día debía realizarse una consulta en la que la población decidiría si en las elecciones generales previstas para noviembre de ese año se incorporaba una cuarta urna en la que se votaría por la convocatoria a una Asamblea Constituyente, plebiscito impulsado por el Ejecutivo al que se oponían los sectores más conservadores dentro y fuera del Estado. 

Regresando al relato del golpe, los detractores alegaban que Zelaya, quien tejió fuertes lazos con otros mandatarios izquierdistas de la región y se incorporó a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), fundada por Hugo Chávez y Fidel Castro, pretendía modificar la Constitución para perpetuarse en el poder. 

Esta excusa fue esgrimida para presionarlo internamente y justificar, mediante una renuncia forjada, su salida del cargo y la eventual designación como «presidente de facto» de Roberto Micheletti, un antiguo copartidario que encabezaba el Congreso de la República. 

En este punto, el analista acotó que esta misma fórmula se aplicó en contra del presidente Evo Morales en Bolivia y ya antes se intentó, con variantes mínimas, en contra del presidente venezolano, Hugo Chávez en 2002. 

«Todo este golpe de Estado se da por colocar una cuarta urna electoral con la que se consultaría a los hondureños si querían convocar a una Asamblea Nacional Constituyente», agregó. 

Aunque el golpe fue rechazado ampliamente por el pueblo de Honduras, por los gobiernos de la región e incluso por la Organización de Estados Americanos (OEA), entonces bajo la dirección del chileno José Miguel Insulza, eso no desanimó a Micheletti para suspender las garantías constitucionales y desplegar una feroz represión que dejó decenas de muertos, sintetizó. 

Adicionalmente, comentó que la administración de Barack Obama negó cualquier nexo con los golpistas y se abstuvo de criticar la brutalidad con la que operaban, aunque luego se comprobaría que no solo estaba al corriente de lo que se fraguaba en Honduras en ese momento, sino que fue parte activa en ello.

Por si ello no bastara, destacó que en Washington ni siquiera se pronunciaron porque periodistas de la cadena CNN en español –entre muchos otros, incluyendo al equipo de la multiestatal teleSUR– sufrieron maltratos y vejámenes de la fuerza pública hondureño, algo que se repitió en contra de los embajadores de Venezuela, Cuba y Nicaragua. 

Entretanto, a pesar de los cuestionamientos acerca de su legitimidad, Micheletti permaneció como gobernante de facto hasta enero de 2010, cuando cedió el poder a Porfirio Lobo. 

En aquel momento, la trampa fue propiciar unas elecciones amañadas, para hacer las veces de que un nuevo presidente acabaría con el golpe de Estado. La realidad es que pusieron un parapeto que duró 12 años. 

A su juicio, Micheletti fue el peón que puso la administración de Barack Hussein Obama para consumar el golpe contra Zelaya, una situación que derivó en que el narcoparamilitarismo obligara a cientos de miles de hondureños a arriesgar sus vidas en las caravanas migrantes hacia Estados Unidos.

El experto mencionó que un año más tarde, después de haber intentado vanamente recuperar el poder, permanecer asilado durante meses en la embajada de Brasil en Tegucigalpa y tras haberse establecido en República Dominicana como huésped de honor del presidente Leonel Fernández, Zelaya acusó sin cortapisas a Obama de haber conspirado para derrocarlo. 

En reflexiones ofrecidas a la cadena teleSUR, el mandatario estimaba que su cercanía con el ALBA y sus políticas progresistas, signaron su destino político, si bien 12 años después la situación parece haberse revertido. 

La debacle institucional y social tras el golpe de Estado 

Pérez Pirela enfatizó que la realización de comicios presidenciales tras el breve gobierno de facto de Micheletti, no supuso una rehabilitación de las instituciones de Honduras. En su lugar, el deterioro de las condiciones de vida y la represión continuaron, todo ello bajo la mirada complaciente de Estados Unidos. 

Porfirio Lobo, el presidente electo en los comicios organizados por el gobierno de facto, por su parte, ofreció condiciones para el regreso de Zelaya a Honduras tras dos años de exilio y restituyó sus derechos políticos, aunque logró arrogarse el mérito de la consulta constitucional que había impulsado el depuesto mandatario.  

Así, explicó, el Congreso de la República, que en 2009 boicoteó abiertamente la consulta popular para modificar la Constitución, apenas dos años después votaba lo opuesto, al tiempo que el gobernante reivindicaba la iniciativa como una demostración de democracia y los movimientos sociales denunciaban el carácter antipopular de su gestión. 

Seguidamente, el también director de LaIguana.TV precisó que a Lobo le sucedió en la primera magistratura el abanderado del derechista Partido Nacional de Honduras, Juan Orlando Hernández, que ejerció como presidente del Congreso entre 2010 y 2013. 

Con el propósito de perfilar al actual presidente, puntualizó que cuando ya había conseguido su postulación como candidato presidencial, Hernández mostró el talante antidemocrático que habría de caracterizar sus dos mandatos y promovió la destitución de cuatro magistrados de la Corte Suprema de Justicia de Honduras. 

Otro de los datos contextuales del perfil de Juan Orlando Hernández mencionado por Pérez Pirela, es que en 2013 fue declarado vencedor de la contienda presidencial en la que tuvo como principal contendora a Xiomara Castro de Zelaya, en medio de acusaciones de fraude que salpicaron directamente a las autoridades del Tribunal Supremo Electoral. 

En su primer discurso como presidente fue parco y ofreció vagamente enfocarse en mejorar las condiciones de vida de los hondureños, pero rápidamente su gobierno fue presa de protestas populares por diversas causas, entre ellas el incremento desmedido de la violencia asociada al crimen organizado. 

A partir de entonces, el crimen organizado se hizo con el control del país, una herencia a la que tendrá que hacer frente la recién electa presidenta, acotó el filósofo. Más todavía: el resto de su primer mandato no fue a mejor: se incrementaron la violencia homicida y los ajusticiamientos (un caso notorio es el de la activista medioambiental Bertha Cáceres), al tiempo que se debilitó la acción efectiva del Estado, señaló. 

También su nombre se vio vinculado a penosos escándalos de corrupción, entre los que resalta el uso de dineros provenientes del desfalco al Seguro Social para financiar su campaña a la presidencia, agregó. 

Por si lo antes dicho fuera poco, Pérez Pirela recordó que, en paralelo, Hernández aprovechó su estancia en el poder para hacer justamente lo que, sin fundamento, se achacó a Zelaya: modificar la Carta Magna para garantizarse la oportunidad de competir nuevamente por la presidencia en los comicios generales de 2017. 

La medida fue tildada de antidemocrática e inconstitucional por la oposición, pero eso no impidió que el gobernante se postulara a la presidencia y que fuera declarado ganador otra vez, en medio de gravísimas acusaciones de fraude y multitudinarias protestas populares que fueron duramente reprimidas. 

Inclusive, comentó, las irregularidades detectadas en el proceso electoral fueron de tal calibre, que la OEA, ya bajo la batuta de Luis Almagro, recomendó su repetición. Empero, aunque esto nunca se concretó, no supuso la imposición de medidas coercitivas unilaterales sobre Honduras por parte de Estados Unidos, ni el desconocimiento del gobierno ilegítimamente designado. 

Para mostrar otra arista del perfil de Hernández, recordó que en 2019 parecía que su suerte cambiaría, pues fiscales estadounidenses acusaron a su hermano Antonio «Tony» Hernández de haber traficado drogas «a gran escala», pero aunque su nombre figuró en el juicio y se le sindicó de recibir dinero del narcotraficante mexicano Joaquín «El Chapo» Guzmán para su campaña y para el fraude electoral, eso no trajo ninguna consecuencia. 

Así, comentó, pese a estas graves acusaciones, la justicia local se abstuvo de abrir una investigación, incluso después de haber sido fuertemente presionada por la ciudadanía, que se volcó indignada a las calles a exigir la renuncia de Hernández. 

Entretanto, el gobierno fue incapaz de detener o paliar el deterioro agudo de las condiciones de vida de la población o de contener la violencia impuesta por las pandillas y el crimen organizado, que en data reciente incluye el reclutamiento de niños para las bandas delictivas. 

Por eso, explicó, de más en más, se comenzaron a organizar caravanas de migrantes hacia Estados Unidos, que se intensificaron a partir de 2018 e incluyen en sus filas a mujeres y menores de edad, muchos de los cuales viajan sin compañía de un adulto, al tiempo que se exponen a graves peligros.

De entre estos, el analista destacó el caso de los traficantes de personas, que cuentan con una extensa red que se extiende desde ese país hasta la frontera entre México y Estados Unidos y no pocas veces opera en asociación con grupos del narcotráfico. 

A su juicio, la pandemia y el paso de los huracanes Eta e Iota por Centroamérica, solamente agudizaron la crisis. Como en los casos previos, el ‘modus operandi’ para organizar la caravana fue la autoconvocatoria a través de las redes sociales y el punto de concentración, la norteña ciudad de San Pedro Sula, cercana a la frontera con Guatemala. 

De manera similar a lo que se registró en las caravanas anteriores, muchos migrantes fueron reprimidos por las autoridades de los países vecinos e incluso muchos fueron devueltos a Honduras. 

¿Se conjuró el escenario de fraude electoral en Honduras?

De vuelta al presente, Pérez Pirela subrayó que, aunque Xiomara Castro puntea en los resultados preliminares, el Consejo Nacional Electoral de Honduras aún no ha divulgado el boletín definitivo y, lamentablemente, tampoco parecen haberse conjurado las amenazas de un nuevo fraude electoral. 

El domingo, en pleno proceso de escrutinio, se confirmó un ataque al servidor del ente comicial, aunque, según aseveró la magistrada Rixi Moncada, la intrusión no afectó el proceso de transmisión, pues solamente comprometió el acceso al censo de votantes. 

A continuación, el experto citó las palabras de Moncada, que enfatizó el CNE defendería la voluntad popular expresada en las urnas: «Quienes quisieron entrar y afectar la transmisión de resultados por medio del servidor en donde estaba ubicado el censo, se fregaron (les salió mal)». 

A su parecer, esta maniobra recuerda a la táctica a la que apeló el gobierno en la elección de 2017, en las que tras haberse anunciado un primer boletín en el que se informaba la ventaja del candidato de la oposición, Salvador Nasralla, posteriormente se informó de un supuesto ataque informático al CNE, a lo que siguió, días más tarde, la proclamación de Juan Orlando Hernández como vencedor. 

Tampoco puede descartarse que las posiciones progresistas de Castro y su equipo político, que lidera el expresidente Manuel Zelaya, son mal vistas por Washington, que preferiría tener en Tegucigalpa a un gobernante útil y afín a sus intereses. 

«Estas horas, estos días son muy delicados y determinarán, para mal o para bien, el futuro del pueblo hondureño», sentenció. 

En ese orden, el comunicador recuperó las declaraciones del analista político Carlos Santamaría, que considera que la eventual victoria de la candidata progresista Xiomara Castro de Zelaya en los comicios presidenciales de Honduras, es una «amenaza» para los intereses de Estados Unidos en el país centroamericano.  

«Realmente es una elección muy difícil, porque también desde el Norte, desde el régimen estadounidense están analizando lo que significaría que gane una persona progresista, de izquierda», dijo el experto este domingo 28 de noviembre en una entrevista concedida a la cadena HispanTV.  

Santamaría comentó que la visita de Brian Nichols, diplomático al que Washington destacó para manejar sus relaciones con América Latina, se corresponde con una valoración desde el terreno lo que eventualmente «hay que hacer» si Castro se impone.  

Además, Pérez Pirela mencionó que Carlos Santamaría vaticina que «el triunfo de sectores progresistas no es fácil de asumir por fuerzas violentas», al punto de que podría estarse fraguando un nuevo fraude electoral «no solo de muertos que votan, sino también del ‘software’ que se utiliza en las elecciones y que ha sido denunciado en numerosos países». 

En su opinión, la demora del CNE para informar acerca de los resultados definitivos y las amargas experiencias, contribuyen en gran medida a fortalecer esta hipótesis agorera y tampoco parece colaborar que la mañana del lunes 29 de noviembre el organismo decidiera suspender el conteo preliminar que se registraba en su página web y reiniciar el «conteo definitivo». 

Además, para él no deja de llamar la atención que el gobernante Partido Nacional, que el domingo anunció en las redes sociales el triunfo de su abanderado, Nasry Asfura, adoptara luego una política de hermetismo. 

Sin embargo, dijo para cerrar el análisis, teleSUR tuvo conocimiento de un audio que circula a través de servicios de mensajería –y en cuya veracidad han insistido medios locales–, en el que Asfura se niega a admitir la derrota y llama a sus seguidores a esperar los resultados definitivos, a pesar de la brecha de casi 20 puntos que le separa de la virtual presidenta de Honduras, Xiomara Castro de Zelaya. 

Por culpa de los Estados Unidos, el pueblo hondureño hoy padece los efectos de 12 años de atraso institucional, pobreza y violencia desmedida, al tiempo que el Estado se ha convertido en un narcoparaestado, mientras cientos de miles de hondureños se han visto forzados a huir de su país en las caravanas migrantes. 

El analista enfatizó que todo esto ha ocurrido bajo el silencio cómplice de la Casa Blanca, la OEA y la Unión Europea, a pesar de que el «argumento» del narcotráfico ha sido esgrimido para atacar gobiernos populares, progresistas o que simplemente no se pliegan a los intereses de Washington. 

A pesar de este oscuro panorama, la noticia del triunfo de Xiomara Castro de Zelaya habla de una profunda resistencia del pueblo hondureño, que ha soportado 12 años de narcodictadura, represión, violencia, caravanas migrantes y otros lamentables sucedáneos, sentenció Pérez Pirela antes de dar paso a los comentarios de la audiencia. 

Antes de dar paso a Madelein García, invitó a la audiencia a la entrevista exclusiva que sostendrá mañana en Desde Donde Sea con Danny Shaw Cuny, profesor de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York. 

Madelein García habla del golpe de Estado en Honduras

La comunicadora recordó que hace 12 años se intentó revestir de legalidad el golpe de Estado contra el presidente hondureño Manuel Zelaya a partir de una carta de renuncia forjada, como en su día hicieran contra el presidente Hugo Chávez en 2002. 

Entretanto, en Venezuela se realizaba una cumbre de países del ALBA, en la que la cancillera de entonces, Patricia Rodas, denunció que se intentaba ejecutar un golpe de Estado desde el Ejército.  

García viajó a Tegucigalpa e incluso consiguió una entrevista con el general sedicioso, en la que alegó que sus acciones estaban respaldadas por la ley, aún al margen de su relación con Manuel Zelaya, a quien le unía una amistad de larga data. 

La periodista recordó, asimismo, que el presidente Hugo Chávez, tildó de «gorilas» a los militares hondureños y eso causó la ira de los golpistas, cuyo líder la convocó y fuera de cámara aseguró que las declaraciones del mandatario venezolano le impedían «contener lo que sucedía en la Fuerza Armada». 

Ahí, cuenta, empezó a sospechar que algo estaba sucediendo. Sus sospechas crecieron cuando la misión de observación de la OEA se retiró temprano. Al día siguiente, la suspicacia se convirtió en dolorosa verdad, pues recibió una llamada de Rodas en la que le pidió que se apersonara en la residencia de Zelaya, pues había disparos e ignoraba qué sucedía. 

El equipo de teleSUR llegó al lugar, pero ya el mandatario no estaba y no lograban localizarlo. Empero, aún así lograron enterarse que había sido trasladado al aeropuerto en un avión militar y de allí fue sacado a Costa Rica. 

García recuerda que la residencia presidencial estaba destrozada y las paredes mostraban múltiples disparos. Pudo entrar a la casa porque los golpistas, en su afán de presentar el derrocamiento como una renuncia, prescindieron de resguardar las instalaciones. 

Entretanto, otros compañeros de teleSUR –el único medio que estaba transmitiendo en vivo– y de agencias de noticias fueron secuestrados y apresados por militares hondureños, conocidos por haber colaborado con la contrainsurgencia nicaragüense, entrenada por Estados Unidos para deponer a los sandinistas en la década de 1980. 

Desde su punto de vista, la resistencia de 12 años comenzó ese mismo día y por eso el triunfo de Xiomara Castro es tan significativo, porque la gente está harta de la agenda que ha impuesto la élite empresarial y la así llamada «sociedad civil», altamente dependiente de Estados Unidos para su subsistencia. 

A su juicio, esto es plenamente afín con la política exterior de Washington, que asume a los países de América Latina como su patio trasero y se siente con el derecho de imponer o deponer gobiernos. 

De regreso al relato del golpe, mencionó que teleSUR se abocó a cubrir la resistencia callejera, que fue duramente reprimida por los militares, que no dejaban marchar a los ciudadanos ni una cuadra antes de dispararles. 

En términos profesionales, García valora ampliamente la experiencia vivida esos días, pues aprendió inclusive a cómo protegerse de las fuerzas del orden –que la habían definido como objetivo–, sin dejar de cubrir los acontecimientos. 

En esos meses, presenció acciones de violencia desmedidas, que incluyeron detenciones ilegales y golpizas salvajes a personas, solamente por grabar en las manifestaciones, así como un «ensayo» de una eventual detención a Zelaya, si decidía volver al país desde Nicaragua. 

También recogió testimonios de heridos, desaparecidos y fallecidos en manos de la Policía y los militares. Incluso relató que la Policía disparó a personas que esperaban en las inmediaciones del aeropuerto. 

Aunque el fantasma del fraude flota en el ambiente, Madelein García descarta que se consolide un fraude electoral en contra de Xiomara Castro de Zelaya, porque advierte cansancio en el pueblo hondureño. 

De otra parte, la comunicadora recordó que Honduras, junto a otros países centroamericanos, fue un centro de torturas y represión desde la década de 1960, que solamente en data reciente ha empezado a conocerse en toda su extensión, gracias al denodado esfuerzo de los sobrevivientes y de los familiares de los fallecidos y desaparecidos. 

En su juicio, el país ha estado sin ley durante 12 años y se ha consolidado el narcotráfico, particularmente hacia el sur, convertido en ruta obligada de la droga que se dirige hacia Estados Unidos.

Por otro lado, desde su punto de vista, se ha utilizado instrumentalmente las caravanas de migrantes, que, aunque han sido fuertemente reprimidos en los países vecinos en su ruta hacia el norte, no han sido objeto de la atención que han tenido los migrantes venezolanos, a quienes la Acnur califica de «refugiados» y gracias a ello, las ONG reciben recursos para, supuestamente, atenderlos. 

A modo de cierre, la periodista apuntó que han mutado los ‘modus operandi’ de Estados Unidos para perpetrar golpes de Estado, pues pasaron de estar tras bambalinas y a valerse de ejecutores en el terreno, para estar al frente y apostar a la contratación de mercenarios para asesinar a mandatarios, si bien solamente lo consiguieron en el caso de Jovenel Moïse en Haití.

(LaIguana.TV)

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