Para la mayoría de los que se vacunan contra el COVID-19, un pinchazo en el brazo no es nada. Sin embargo, tras quedar inmunizados, a muchos les empieza a doler el brazo. Los sanitarios expertos en vacunas y en alergias te explican las posibles causas de que pase.
 
Se trata de un efecto secundario muy común de todas las vacunas, no solo de la del COVID-19. También se da con los fármacos contra la gripe y otras enfermedades, explican los especialistas citados por National Geographic. Pero mientras los países siguen con sus campañas de vacunación masiva, el dolor generalizado en los brazos lanza muchas preguntas entre los ciudadanos de a pie. Entre ellas, por qué a algunas personas les duele más el brazo que a otras.
 
Dicho dolor —e incluso las erupciones cutáneas— es la respuesta natural del organismo a la inyección de sustancias extrañas en nuestro cuerpo. «Manifestar esta reacción en el sitio de la aplicación es exactamente lo que esperaríamos que hiciera una vacuna que intenta imitar un patógeno sin causar la enfermedad», destaca la especialista en vacunología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington Deborah Fuller.
 
Teniendo en cuenta las numerosas complejidades del sistema inmunológico y las peculiaridades de cada individuo, no sentir dolor también es normal, explica el epidemiólogo y director ejecutivo del Centro Internacional de Acceso a Vacunas de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, William Moss.
 

«Las personas pueden desarrollar respuestas inmunitarias protectoras y no presentar ningún tipo de reacción local», enfatiza.

Varias vacunas son conocidas por causar un dolor alrededor del lugar de la inyección, y las células presentadoras de antígeno son la razón. Están permanentemente al acecho en nuestros músculos y en nuestra piel, entre otros tejidos. Cuando detectan un invasor extraño, desencadenan una reacción que produce anticuerpos que nos protegen a la larga frente a patógenos específicos.
 
(Sputnik)
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