Los talibanes no son lo que eran hace 20 años, aseguró el británico Moazzam Begg, director de difusión de la organización islámica CAGE y otrora prisionero en Guantánamo, al valorar, en una entrevista con Sputnik, el posible impacto y consecuencias del retorno al poder del movimiento talibán (proscrito en Rusia).

Nacido en Birmingham, en el seno de una familia pakistaní, Begg pasó tres años cautivo en Guantánamo, después de ser detenido en aquel país en 2002 y encarcelado en la prisión afgana de Bagram, entonces bajo control de las Fuerzas Armadas estadounidenses. En Enemigo combatiente, publicado en 2006, denuncia abusos de tortura, el asesinato de dos presos y otras vivencias que experimentó antes de recuperar la libertad, sin ningún cargo ni explicación oficial.

Retirada inevitable

«Siempre he creído que los americanos y la coalición saldrían de Afganistán, de una forma digna o indigna, y parece que escogieron esta última opción. Los talibanes son afganos, están en su tierra, en su casa y tienen derecho a luchar contra los invasores hasta el día en que las fuerzas extranjeras se marchen», defiende.

Begg siente que el conjunto de la administración y ciertos sectores de la población afgana «derrochó mucho tiempo, esfuerzo y energía en la creencia» de que los aliados permanecerían en el país, aunque parecía evidente que «estaban buscando la oportunidad de retirar sus tropas». «Se dejaron engañar, porque realmente lo que deberían haber hecho es abrir conversaciones y negociaciones con los talibanes hace muchísimo tiempo», dice.

Para el director de relaciones externas de CAGE, el caos de los últimos días se debió a que «los americanos no comprendieron» la realidad política en el terreno y «los afganos no quisieron formar parte de una fuerza de combate que luchó contra sus propios conciudadanos durante 20 años». «La gente depositó tanta confianza en los americanos que no sabe qué hacer ahora que se han ido», subraya.

Ley islámica

En este sentido, recuerda que el movimiento talibán retuvo el «control de extensas áreas rurales», en distintas provincias de Afganistán, donde reside la mayoría de la población. «Una de las razones por las que los talibanes fueron respetados es su sistema legal y judicial. El sistema legal talibán era más popular que los corruptos, lentos y burocráticos tribunales gubernamentales», sostiene.

La ley islámica contempla lapidaciones, mutaciones, la pena capital y lo que muchos consideran el maltrato de las mujeres. Begg pierde el tono de seguridad con que ha respondido hasta ahora a las preguntas y amortigua su respuesta sobre los castigos corporales del código fundamentalista. «Existen en el sistema legal talibán pero, a mi entender, las normas sobre admisión de pruebas son tan rigurosas que es casi imposible implementar la pena capital. Que yo sepa, las reglas son para disuadir más que para imponerlas», sugiere.

El también asesor en la «guerra contra el terror», que conoció a presos talibanes en Guantánamo, cree en la evolución ideológica del movimiento que ha tomado el control de Kabul. «Ningún humano es igual que hace 20 años y los talibanes no son lo que fueron hace 20 años», asegura. Así, argumenta que, bajo el régimen talibán, la ley sharia «evolucionará con el tiempo y se adaptarán sus interpretaciones de forma que sean más relevantes para la población y, si no lo hacen, el pueblo se rebelará contra ellos».

China y Rusia en la mira

En el plano geopolítico, pronostica un mayor acercamiento político y dependencia económica con Pekín y Moscú. «A mi entender el emirato talibán buscará el reconocimiento de China, Rusia, Pakistán, Irán y otros países vecinos. Enfocará su estrategia en primer lugar en la seguridad y la infraestructura financiera del país. Tratará de asegurar el bienestar diario de la gente porque, pese a los millones de dólares invertidos por los estadounidenses, sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. El dinero fue a parar en el bolsillo de dirigentes y caudillos corruptos, en vez de en proyectos de desarrollo», denuncia.

No descarta que los aliados «intenten arrastrarse de vuelta a Afganistán», utilizando quizá la senda de las negociaciones que la Administración de Donald Trump condujo con dirigentes talibanes. «El problema es que han demonizado a los talibanes durante 20 años y les resultaría difícil decir ahora que vamos a trabajar con ellos. Aun así, los talibanes no van a depositar toda su confianza en los americanos, ni van a poner todos los huevos en la misma cesta. Creo que se enfocarán en vecinos más próximos, como China y Rusia, con los que ya han establecido contactos a través de sendas delegaciones», pronostica.

Ante todo, advierte que «no hay otra alternativa en Afganistán» y afirma que «es hora de dar una oportunidad a la paz y a la esperanza» porque las soluciones pueden surgir donde uno menos espera encontrarlas.

(Sputniknews)

Comentarios Facebook